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NO TEMERÉ MAL ALGUNO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, Julio 14, 2013

 

“No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”
     (Salmo 23:4).


Cuando yo estaba en la escuela secundaria vi la película La Guerra de los Mundos [The War of the Worlds] de H. G. Wells. Fue la película que mostraron durante la hora del almuerzo. Una escena en esa película me afligió. Marcianos llegaron a la tierra. Todos tenían miedo de acercarse a la nave espacial. Finalmente un viejo ministro dijo que no tenía miedo. Levantó la Biblia delante de él y caminó hacia la nave espacial. Iba recitando el Salmo veintitrés mientras caminaba valientemente hacia los Marcianos. Recuerdo que pensaba, “¡Lo va a poder hacer!” El valiente viejo predicador dijo:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1).

“No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4).

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Salmo 23:6).

Al decir eso un rayo de electricidad salió de la nave especial y lo quemó. ¡Mi corazón se estremeció! ¡Se vio tan real! Tal vez Dios no nos puede proteger. Cuando los Marcianos quemaron al pastor mi corazón palpitaba fuerte y tenía un sudor frío. Yo no había visto mucha televisión, y solo había visto unas cuantas películas. Estaba aterrorizado, “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. ¡Tal vez esas palabras no eran reales! No lo sabía en ese momento, pero eso era exactamente lo que H. G. Wells quería que los jóvenes pensaran. Ese triste viejo era ateo. Pobre hombre. Antes de morir, dijo, “Tengo sesenta y cinco años de edad, estoy muy solo y nunca he tenido paz”. Le tengo lástima. Pero su historia sacudió la poca fe que tenía en ese momento. ¡Salí de ese teatro con lágrimas en los ojos!

Eso fue hace casi sesenta años. Desde entonces he aprendido que las palabras de David son verdaderas. “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Ahora sé por muchos años de experiencia que esas palabras son verdaderas. Esto no significa que nunca seremos afectados por el mal. Esto significa que, ¡no importa que mal nos acontezca, no tenemos que temer porque Cristo está con nosotros!

También he aprendido que muchos de los temores que experimentamos son demoniacos. Yo vengo de un hogar quebrantado. En aquel tiempo era inusual que los padres se divorciaran. Eso era una constante preocupación para mí. Tenía miedo de lo que me podría suceder. También, me cambiaba tanto de lugar que siempre era el “nuevo” en la escuela. Va a ser muy difícil para ti saber cómo se sintió ir a más de veinte escuelas antes de graduarme de la secundaria. Por eso tenía miedo de conocer personas nuevas. Entonces, también, yo era mal estudiante. Nunca aprendí a estudiar. Así que me paralizaba cada vez que tenía un examen.

Yo no creo que haya ninguna persona joven esta mañana que esté tan lleno de temor como yo estaba cuando era un adolescente. Mis manos sudaban y mi corazón latía fuertemente cuando iba a conocer gente nueva. Mis manos sudaban y mi corazón latía fuertemente cuando iba a tomar un examen. Por otra parte, cuando fui llamado a predicar, la ansiedad que sentí sobre predicar era casi abrumadora. Oh, algunos de ustedes saben que yo estaba en una gran cantidad de obras de teatro, pero actuar era muy diferente a la predicación. En las obras era otra persona, y no era real. Pero en la predicación era yo mismo, diciéndole a la gente lo que debe hacer. Tuve una mala experiencia cuando di mi primer sermón a la edad de diecisiete años. Después de eso sudaba frío cada vez que predicaba.

Les digo todo esto para mostrarles que yo era un niño muy asustado – totalmente carente de confianza en sí mismo, atormentado por el miedo durante el día y por pesadillas por la noche. Lo que me sacó de todos esos miedos fue Dios. Quiero darles algunos versos que me ayudaron a superar mis temores juveniles. El Salmo 27:1 fue el primer versículo de la Biblia que me ayudó, y espero que te ayude también.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).

Recuerdo repetir ese verso vez tras vez cuando tenía miedo, ¡lo cual era frecuente!

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).

Otro verso que me ayudó grandemente fue el Salmo 34:4.

“Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4).

Cuando Dios me respondió, y me liberó del miedo, una y otra vez, yo sabía que Él era real. ¡Ves, Él tenía que ser real – porque Él realmente si me liberó de mis miedos una y otra vez!

He escuchado a gente decir “Dr. Hymers no tiene miedo de nada”. Un pastor dijo: “¡No tiene miedo de nada!” Sé que puede parecer de esa manera – pero el no tener miedo no es ciertamente una característica natural mía. Cualquier fuerza que ves en mí viene completamente de Dios, porque sé que es cierto:

“Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4).

Otra cosa que aprendí fue ésta – muchos de nuestros temores vienen de Satanás. II Timoteo 1:7 es un verso que me ayudó repetidamente después de ser convertido.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
     (II Timoteo 1:7).

Yo vine a creer que el “espíritu de cobardía” es un demonio. Este es un espíritu malvado que venía a atormentarme. Pero lo vencí al recitar este verso vez tras vez hasta que el demonio se fue.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
     (II Timoteo 1:7).

Al clamar y confiar en esas grandes promesas he llegado al lugar donde puedo decir:

“No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4).

Ahora te voy a decir por qué prediqué este sermón. El Domingo pasado por la mañana te regañé en el sermón. Yo dije:

     Vienes suavemente al cuarto de consejo y dices: “Yo confío en que Jesús murió por mí”. ¡Confías en que Él murió por ti! ¡Qué delicado y cortés eres! No puedes ser valiente y decir: “Él murió por mí”. ¡Oh, no! “Confío en que Él murió por mí”. ¡Una doctrina! ¡Una doctrina! ¡“Que” Él murió por mí! ¡Confías en una doctrina – y no Cristo Mismo! ¡No has cambiado el Sandemanianismo! ¡Eres un suave Sandemanianista! Sandemanianista cegado por el Diablo. ¡No vas a confiar en Jesús Mismo! ¡Oh, no! ¡Eres demasiado delicado para eso! ¿Confíar en Jesús Mismo? ¡Oh, no! Eso sería demasiado complicado. ¡Podrías llorar! ¡Puede caer un poco de Su Sangre en tu ropa! Dices, “¡No puedes esperar que esté tan cerca de Él! Voy a estar por aquí, muy limpio, y ‘¡voy a confiar que Él murió por mí!’ O ‘Voy a confiar que Él limpie mis pecados’”. ¿Vas a confiar en Cristo Mismo? “¡Oh, eso es un muy radical! Podría hacerme llorar. No, no voy a venir directamente a Él. Voy a estar en silencio por aquí y simplemente confiar en que Él limpie mis pecados. Espero que lo entiendas”.
     Sí, lo entiendo. Entiendo que eres un Sandemanianista que, “no ensucio mis manos”. “Pero”, dices, “¡esto es tan difícil de entender!” ¡No, no lo es! Tenemos jóvenes que han estado aquí muy poco tiempo y vinieron a Cristo y fueron salvos. Tenemos jóvenes que confiaron en Cristo Mismo y fueron salvos, que sólo han estado aquí poco tiempo. Jin y Robert y Barry y Jackie confiaron en Jesús recientemente. ¡Así que no tienes excusa! Ninguna excusa para rehusarte deliberada e intencionalmente a confiar en Jesucristo Mismo. Y Jesús sabe lo podrido y rebelde pecador que eres, que no quieres venir al amado Hijo de Dios. Y Él nos dice:

“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40).

     ¿No es cierto que no tienes a Cristo porque has estado jugando… Y no es cierto que la verdadera razón por la que no tienes a Cristo es porque no lo quieres? Quieres mantener tu pecado. No quieres dejar a tus amigos perdidos. Quieres seguir viendo pornografía. ¡Quieres mantener el control de tu propia vida! ¡No quieres que Cristo tome control de tu vida! ¿No es así? Tú… dices de Cristo: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). Finges que no puedes confiar en Él – ¡pero la verdad es que te niegas a confiar en Él porque quieres seguir en tu pecado!
     Tú sabes que es verdad. Yo sé que es verdad. Dios sabe que es verdad. ¿Por qué seguir fingiendo que no es cierto? Admítelo – no confías en Jesús porque no quieres que Él controle tu vida. ¿No es eso verdad? Los Fariseos en nuestro texto no quisieron venir a Él porque no querían que Él cambiara sus vidas. Y tú no vienes a Él porque no quieres que cambie tu vida. Estás satisfecho viviendo en pecado. Y si continuas rechazando a Jesucristo, morirás en tus pecados. Esos Fariseos murieron en sus pecados, y tú morirás en tus pecados. ¡Y esa es la verdad absoluta! Morirás en tus pecados – un Sandemaniano perdido. ¡Morirás en tus pecados! Y Jesús te dice a ti: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida”.
     (Cita de “Sandemanianismo” por Dr. R. L. Hymers, Jr., predicado la mañana del Día del Señor, Julio 7, 2013).

Eso, por supuesto, es solo una parte de la historia. Este sermón es la otra parte. Estoy tratando que veas que puedes confiar fácilmente en Jesús, ¡y no hay nada que temer! Algunos de ustedes no confían en Jesús porque tienen miedo de confiar en Él. Sí, es pecaminoso de ti, pero es comprensible.

Es posible que tengas miedo de confiar en Jesús por miedo a lo que tus padres que no son salvos puedan pensar. ¿Cómo puedo responder a eso?

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).

Una vez más, es posible que tengas miedo de cometer un error y tener una falsa conversión. Ese es realmente un miedo infundado, ¿no es así? Si cometes un error, se corregirá. Así que ese miedo es infundado. No hay ninguna razón para ello. Debe venir de Satanás como un “espíritu de cobardía”. Recházalo completamente. Resístelo:

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
     (II Timoteo 1:7).

¡Cualquier miedo que tengas de confiar en Jesús, déjalo ir! ¡Busca a Cristo y Él te librará de todos tus miedos!

“Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4).

Jesús vino y murió en la Cruz para perdonar tu pecado, y “liberarte de todos los temores”.

Dios no quiere que continúes siendo atormentado por el miedo. ¡Dios quiere que seas liberado de estos temores porque te ama! Escucha a Juan 4:18-19.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (I Juan 4:18-19).

El perfecto amor echa fuera el temor. Jesús te ama. Confía en Él con fe simple y el temor que te atormenta se irá. No hay nada que temer. ¡El amor echa fuera el temor! No tengas miedo de lo que la gente piense. No tengas miedo de cometer un error. No tengas miedo de lo que te sucederá si confías en Jesús. ¡Ven a Jesús valientemente y Él te salvará ahora y para siempre!

Jesús murió en la Cruz para pagar el castigo por todos tus pecados. Su sangre limpia de “todo pecado” (I Juan 1:7).

A Jesús ven, a Jesús ven,
   Y confía en Él.
Él te salva, Él te salva,
   Él te salvará.
Preciosa Sangre Él derramó
   Que trae bendición;
Ven hoy al rojo manantial
   Y limpio quedarás.
A Jesús ven, a Jesús ven,
   Y confía en Él.
Él te salva, Él te salva,
   Él te salvará.
     (Traducción libre de “Only Trust Him” por John H. Stockton, 1813-1877).

“¡Ven hoy al rojo manantial y limpio quedarás!” ¡Ven hoy! ¡Lánzate a Jesús, y Él te salvará!

Si quieres hablar con Dr. Cagan o uno de los consejeros sobre confiar en Jesús, por favor deja tu silla ahora y ve a la parte de atrás del auditorio. ¡No le hables a tu consejero sobre el miedo! ¡Háblale de Jesús y Su amor por ti! El Dr. Cagan te llevará a un lugar tranquilo donde podamos orar y te podamos dar literatura para leer. ¡Dios te bendiga! Dr. Chan, por favor guíenos en oración por los que respondieron. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015, Estados Unidos.
Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Salmo 23.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“The Lord’s My Shepherd, I’ll Not Want”
      (letra de “Scottish Psalter,” 1650; música de Jessie S. Irvine, 1836-1887;
al son de “O Set Ye Open Unto Me”).