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CÓMO LOS PURITANOS PREDICABAN EL EVANGELIO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, Julio 7, 2013

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).


Cualquier cosa que Pablo hizo en su vida lo hizo con entusiasmo. Él era un ferviente pecador antes de su conversión. Él era un ferviente perseguidor de los Cristianos también. Y su conversión también muestra su ferviente temperamento. Pasó tres días sin alimentos y agua en oración antes que sus ojos se abrieran. Entonces, como un Apóstol y predicador, se destacó ante todos los demás en su celo. Él predicó al Rey Agripa. Predicó ante Nerón en Roma. ¡Él se paró frente a grandes multitudes de Gentiles paganos y Judíos, y predicó ante emperadores y reyes con tan celo que ellos temblaron!

Pero Pablo no tuvo un salario por predicar. De acuerdo con las enseñanzas de Cristo (en Mateo 10:9-10 y Lucas 10:7), los Apóstoles podían recibir un salario. Al principio de este capítulo Pablo dijo que tenía derecho a un salario, al igual que los demás Apóstoles. ¡Pero Pablo no escribió a la iglesia de Corinto para obtener un sueldo! Pablo quería ser capaz de decir que no habia recibido nada de ellos por su trabajo. Esto nos lleva al texto:

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

Pablo dijo que no tenía “por qué gloriarse”, o jactarse, porque él predicó sin salario. ¡Él dijo que no tenía más remedio que predicar! Se vio obligado a predicar el Evangelio. Él tenía que hacerlo, obligado a predicar por una compulsión interna del Espíritu Santo. ¡No tenía otra opción!

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

Voy a preguntar, y luego responder, tres preguntas que surgen del texto.

I. Primero, ¿quién debe predicar el Evangelio?

En la segunda mitad del siglo diecinueve, surgió la idea de que cualquiera podría predicar. De hecho, ahora es común creer que las mujeres pueden predicar. Hay una tendencia a pensar que incluso los nuevos conversos pueden predicar y dar su testimonio. A menudo Hechos 8:4, 5 es utilizado para respaldar esa idea:

“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo” (Hechos 8:4, 5).

Esa es la traducción de la Reina Valera. Parece decir que todos los que fueron esparcidos durante este tiempo de persecución predicaban – y que Felipe era uno de ellos, predicando a Cristo en la ciudad de Samaria. Pero lo que se pasa por alto es el hecho de que hay dos palabras Griegas diferentes en estos versículos – una para los que fueron esparcidos, y una palabra diferente para lo que Felipe hizo en la ciudad de Samaria. La primera palabra Griega significa “anunciar las buenas nuevas” (Strong #2097). Esa es la palabra que se usa de las personas que estaban dispersas. Pero la segunda palabra significa “heraldo, pregonero” (Strong #2784). El Dr. R. C. H. Lenski dio la razón por las dos palabras diferentes. Dijo que los que fueron esparcidos “no eran predicadores, pero le dijeron a la gente por qué tuvieron que salir de Jerusalén y por lo tanto testificaron de su fe en Cristo Jesús” (traducción de R. C. H. Lenski, Ph.D., The Interpretation of the Acts of the Apostles, Augsburg Publishing House, edición 1961, p. 314; nota sobre Hechos 8:4).

Pero Felipe “predicaba a Cristo” en Samaria. La palabra “predicaba” aquí es kērussō, la palabra usualmente traducida “predicar” – que significa, como dije “proclamar como un pregonero” (Strong). El Dr. Martyn Lloyd-Jones dio estos comentarios sobre Hechos 8:4-5,

Lo que “la gente” que iba por todas partes hizo fue...hablar de [la Palabra] en conversación. Felipe, por su parte hizo algo diferente; él estaba “proclamando” el Evangelio. Esto es, lo que se entiende por predicación en el sentido que he estado usando. No es casual que esta distinción debe establecerse allí en el texto actual. Esa es la posición entonces, que todo cristiano debe ser capaz de hacer lo que se indica en el cuarto verso, pero sólo algunos son llamados a hacer lo que se indica en el quinto verso. En el Nuevo Testamento esta distinción es muy clara; solo algunas personas se distinguen y son llamados a entregar el mensaje, por así decirlo, en nombre de la Iglesia de manera oficial (traducción de Martyn Lloyd-Jones, M.D., Preaching and Preachers, Zondervan Publishing House, 1981 edition, pp. 102-103).

Efesios 4:11 da una lista de los llamados a predicar:  apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

No voy a entrar en detalles acerca de cómo un hombre puede decir si él es “llamado” a predicar. Sugiero que lean las páginas 104-120 del libro de Dr. Lloyd-Jones para sabias sugerencias de cómo saber si eres llamado a predicar. Personalmente, soy de la opinión de que un gran número de los que ocupan los púlpitos de hoy no han sido llamados a predicar – ¡y algunos de ellos ni siquiera son convertidos! Creo que ese es uno de los grandes problemas en nuestras iglesias hoy en día. Puedo decir con certeza que predicar no es tan fácil como parece. He visto a muchos hombres destruir iglesias porque no fueron llamados a predicar. De hecho, el mismo Apóstol Pablo dijo: “Para estas cosas, ¿quién es suficiente [adecuado]?” (II Corintios 2:16). Nadie debe entrar en el ministerio del Evangelio a la ligera. Tu vida puede ser aplastada si te equivocas, y puedes arruinar una iglesia si te equivocas.

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

II. Segundo, ¿qué es predicación del Evangelio?

Pablo dijo: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme...” ¿Qué es predicación del Evangelio? Creo que es predicar toda la Biblia desde la perspectiva de Jesucristo. Esto es lo que quiero decir. Cuando Jesús había resucitado de entre los muertos habló largo y tendido a dos de los Discípulos camino a Emaús:

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27).

La predicación del Evangelio es la predicación centrada en Jesucristo, como Él se revela en todas partes del Antiguo y Nuevo Testamento. ¡Cualquier predicación que no tiene a Cristo en el centro no es predicación del Evangelio! ¡Punto y aparte!

Me gusta lo que dijo el Dr. J. I. Packer sobre como los Puritanos predicaban el Evangelio. Dr. Packer conoce bien este tema, después de haber hecho una larga vida de estudio de los puritanos. Aquí está lo que dijo acerca de la forma en que los Puritanos predicaban el Evangelio.

1.  Ellos diagnosticaban la situación del hombre como una, no sólo la culpa por los pecados, sino también contaminación en el pecado y la esclavitud del pecado – el estado de estar completamente dominado por una actitud heredada de enemistad con Dios. Trataron de exponer la maldad que está debajo de los pecados, y convencer a los hombres de su propia corrupción absoluta y la incapacidad para mejorarse a sí mismos ante los ojos de Dios. Esto, que tenían, era una parte vital de la obra de un predicador del evangelio, porque la llave a la solidez de la fe de un hombre en Cristo es la autenticidad de la propia desesperación de donde surge.

2.  Ellos analizaban el problema del pecado en términos de hostilidad de Dios en el presente, así como su condena en el futuro. Su objetivo constante era que los hombres sintieran que estar en una relación equivocada con Dios era intolerable aquí y ahora…

3.  Ellos insistían que el objetivo de la gracia es la gloria y alabanza de Dios y nuestra salvación está destinada a este fin. Dios, ellos decían, ha elegido redimirnos, no por nosotros mismos, sino por amor a Su propio nombre.

4.  Insistían en la suficiencia de Cristo. Ellos no enseñaban a los hombres a confiar en una teoría de la Expiación, pero [en] el Redentor vivo, la capacidad perfecta cuya obra salvadora no se cansaban de alabar

5.  Insistían en la condescendencia de Cristo. Nunca fue para ellos menos que el Hijo divino, y medían Su misericordia por Su majestad. Magnificaban el amor de la cruz al notar la grandeza de la gloria que Él dejó para ir a ella. [Hay un himno sobre esto - "De los palacios de ivoria, al mundo de tristeza; solo Su gran amor para redimir podia haber hecho que mi Salvador vaya."]  Ellos moraban en la paciencia y la tolerancia expresada en Sus invitaciones a los pecadores revelando más Su bondad...la gracia de Su omnipotencia en ofrecerse libremente a sí Mismo a las almas necesitadas.

      Estos fueron los énfasis que caracterizaron la predicación Puritana del Evangelio, y de hecho toda la predicación de la misma por evangélicos desde tiempos Puritanos hasta hace alrededor de un siglo (traducción de J. I. Packer, Ph.D., A Quest for Godliness: The Puritan Vision of the Christian Life, Crossway Books, 1990, p. 170).


Nota que él dijo que estos eran los puntos enfatizados en toda la predicación evangélica “hasta hace alrededor de un siglo” – en él tiempo que escribió esto, pudo haber sido “alrededor” de 1890. Aquí muestra los efectos del “decisionismo” de Finney en el embrutecimiento del Evangelio de la última parte del siglo diecinueve hasta la actualidad.

El Martes pasado vi a una mujer que enseñaba la Biblia en la televisión durante unos minutos. Había varios cientos de mujeres Estadounidenses escuchándola. ¡Qué triste! Todo su mensaje era la forma en que podían superar el pensamiento negativo usando ciertos principios psicológicos – y unos pocos versículos de la Biblia. Sólo podía sentir una gran pena porque lo que estas pobres mujeres estaban recibiendo que no tenía nada que ver con el Evangelio de Cristo – y sólo podía dar a estas mujeres tristes una cantidad aún mayor de la ira de Dios – tanto ahora como en la eternidad. ¡No había Evangelio, ni esperanza de Cristo en lo que la predicadora dijo! ¡Oh, cuán desesperadamente necesitamos el verdadero Evangelio, tan grandemente predicado por nuestros antepasados Puritanos!

Sin embargo estoy de acuerdo con el Dr. Lloyd-Jones que a un joven predicador le sería mejor leer los sermones de los hombres del siglo dieciocho como Whitefield, Edwards, Wesley, Daniel Rowland, Howell Harris y otros del Primer Gran Despertamiento, que mantenerse demasiado con los Puritanos. El Dr. Lloyd-Jones dijo: “Yo soy un hombre del siglo dieciocho, no un hombre del siglo diecisiete” (ibid., p. 120). ¿Qué quiso decir? Creo que quería decir que los hombres del Primer Gran Despertamiento eran más simples y directos en su predicación evangelística – y eso es lo que se necesita hoy en día.

Con esto en mente, tú que estás perdido tienes que pensar profundamente acerca de tu naturaleza pecaminosa, y no sólo los pecados que cometes. Piensa lo miserable que es tu corazón tan fuerte contra de Dios. Piensa lo imposible que es para ti cambiar tu voluntad egoísta, tu corazón sin Dios. Cuando empiezas a sentir eso, y empiezas a pensar que estás perdido sin esperanza – entonces tal vez el amor de Cristo por ti empezará a sentirse importante. Cristo ha sido muy paciente contigo. ¿No puedes confiar en el Salvador que te ama con un amor eterno a pesar de tu malvado corazón incrédulo? ¿No puedes confiar en el Salvador, que pasó por ese dolor y agonía en la Cruz para salvarte de la esclavitud del pecado? ¿No es esta la buena nueva del Evangelio – “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”? (I Timoteo 1:15). No es el evangelio del cual Pablo habló cuando dijo:

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

III. Tercero, ¿por qué a los predicadores del Evangelio no se les permite jactarse?

“Jactarse” es una palabra moderna por “gloria”. Podríamos dar al texto, “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué jactarme”. Es muy fácil para un predicador sentirse orgulloso. Y sin embargo eso es un pecado. El verdadero pastor no tiene nada de qué jactarse porque siente su propia debilidad y fragilidad. El verdadero predicador sabe lo que debe ser, aunque otros hombres no. Ellos escuchan a él con gran admiración y piensan que él ha predicado un sermón maravilloso. Pero cuando el verdadero predicador va a su casa se siente abatido porque piensa que debió haber predicado mejor. Todo verdadero predicador siente que es deficiente e inadecuado. A menudo pienso que debería haber orado más, que debería haber hablado con más claridad, que debería haber hecho el Evangelio más claro. Recuerda, cuando te vas a casa no convertido, el pastor siente culpa también. Peleo conmigo mismo, y oro, y muchas veces estoy abatido, culpándome a mí mismo cuando vas a casa perdido. Dios me permite sentir ese desaliento para que pueda decir con Pablo, “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme” – No tengo nada de que jactarme.

Otra cosa que me impide jactarme es la gran sorpresa que siento cuando alguien confía en Jesús. Me quedé muy sorprendido cuando Robert fue convertido. Fui aún más sorprendido cuando Barry confió en Jesús. Me sorprendió grandemente cuando oí que Jin fue salva.  Fui asombrado al oir que Jackie fue salvo, y esa es la sensación que tengo cada vez – una sensación de asombro, maravilla y sorpresa. Porque cuando confías en Jesús y eres salvo, yo sé que yo tuve mucho que ver con eso. ¡Para nada! Sólo prediqué el sermón. Pero cuando uno de ustedes confía en Jesús, ¡yo sé muy bien que fue completamente por la gracia de Dios! Dios hizo esto para ti. Dios te despertó del sueño de la muerte. Dios te hizo consciente de tu engañoso, malvado corazón. Dios te llevó a Su Hijo. Y el Hijo de Dios Mismo se acercó a ti y te dio consuelo y alegría. Me paro a un lado y me doy cuenta de lo poco que tuve que ver con tu salvación. Esto me hace humilde, y es muy bueno. Me hace darme cuenta una vez más lo mucho que tengo que orar, y lo mucho que dependo de Dios para ver una alma salva. Y cuando eres salvo, será por el amor de Jesús, y no por mi pobre y débil amor por ti.

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

Cómo oro que estas palabras del Evangelio que he dado esta noche sean usadas por Dios para llevarte a Jesús. Si quieres salvo esta noche, por encima de todos, voy a ser sorprendido por la alegría. Yo no tengo nada de qué jactarme porque voy sabré, una vez más, que fuiste salvo por gracia “por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9). Por favor pónganse de pie mientras el señor Griffith viene a cantar su solo de nuevo.

Vi la cruz de Jesús, Agobiado por el pecado;
   Busque la cruz de Jesús, Para darme paz interior;
Traje mi alma a Jesús, Él la limpio con Su sangre;
   Y en la cruz de Jesús encontré paz con Dios.

Amo la cruz de Jesús, Me dice lo que soy –
   Una criatura vil y culpable, Salvo sólo por el Cordero;
Sin justicia ni mérito, ni belleza puedo abogar;
Pero en la cruz de la gloria, mi título leo allí.

¡Salvo en la cruz de Jesús! Allí mi cansado corazón
   Descansa en paz inquebrantable, Con Él para siempre;
Y luego allí en la gloria cantaré de Su maravilloso poder,
   Donde el pecado no puede entrar, y muerte no existe más.
(Traducción literal de “I Saw the Cross of Jesus”
     por Frederick Whitfield, 1829-1904).

Si deseas hablar con el Dr. Cagan y con alguno de los consejeros acerca de ser salvo, por favor, pasa a la parte de atrás del auditorio ahora. Dr. Chan, por favor ore por los que respondieron. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
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Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Efesios 4:11-16.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“I Saw the Cross of Jesus” (por Frederick Whitfield, 1829-1904).


EL BOSQUEJO DE

CÓMO LOS PURITANOS PREDICABAN EL EVANGELIO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

I.   Primero, ¿quién debe predicar el Evangelio? Hechos 8:4, 5;
II Corintios 2:16.

II.  Segundo, ¿qué es predicación del Evangelio? Lucas 24:27;
I Timoteo 1:15.

III. Tercero, ¿por qué a los predicadores del Evangelio no se les
permite jactarse? Efesios 2:8, 9.