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LA SANGRE DEL NUEVO PACTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, Junio 30, 2013

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).


Cuando Cristo dijo esto Él estaba sentado comiendo una cena de la Pascua la noche antes de que fuera crucificado. Señaló la copa y dijo: “Esto es mi sangre, que por muchos es derramada”. ¡Esto demuestra que Él no pudo haber querido decir que la copa contenía sangre literal! No necesitamos más pruebas que este versículo para refutar la falsa doctrina Catolica de la transubstanciación. Allí estaba el Cristo vivo, con Su Sangre en Su interior, en Sus venas. Por lo tanto la copa no podía haber contenido Su Sangre literal.

Cristo habló de Su Sangre siendo derramada. Pero eso no sucedería hasta el día siguiente, en Su crucifixión. Aún no había derramado Su Sangre. Pero él había resuelto derramarla, y Su decisión de derramar Su Sangre no cambiaría. ¡Es por eso que Él habló de Su Sangre como si ya hubiera sido derramada!

Además, Cristo instituyó la Cena del Señor esa noche. Para crear la bendita ordenanza por primera vez, era necesario que Él hablara como si Su Sangre ya hubiera sido derramada – como de hecho lo sería el día siguiente.

También, al usar el tiempo presente Cristo estaba mostrando, creo yo, la realidad eterna de Su sacrificio en la Cruz. Se nos dice en Apocalipsis 13:8 que Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”. Por tanto Él habló de Su Sangre como si ya hubiera sido derramada. En pocas horas Su Sangre literalmente iba a ser derramada de Sus manos traspasadas, Sus pies y Su costado. Pero largos años antes Dios lo había considerado como hecho en Su mente y en Su plan. Porque Dios sabía que Jesús sin duda y seguramente iba a morir en la Cruz, Él era capaz de perdonar los pecados de miles sobre la base de la futura expiación. Dios Padre perdonó diez mil veces diez mil pecadores en base del futuro sacrificio de Cristo. Es por eso que Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Cristo ya estaba “quitando” el pecado del mundo antes de que Él derramara Su Sangre en la Cruz. Fue declarado un acto terminado en la eternidad pasada, antes de que se cumpliera en el tiempo, en la Cruz del Calvario. Es por eso que David pudo decir:

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmo 51:7).

El hisopo era el arbusto que se utilizaba para aplicar la sangre de purificación en la Antigua Dispensación. El pecado de David fue limpiado por la Sangre de Cristo, ya derramada en el consejo eterno de Dios. Por lo tanto, no podemos estar de acuerdo con aquellos que dicen que los pecados del hombre fueron cubiertos en el Antiguo Testamento, pero limpiados en el Nuevo. En Romanos 4:7 se nos dice que el pecado está “cubierto” en el Nuevo Testamento. Y en el Salmo 51 se nos dice que el pecado fue “limpiado” en el Antiguo Testamento. ¡Gracias a Dios! “El Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” ha “cubierto” y “limpiado” los pecados de Sus hijos desde el Huerto del Edén hasta esta hora – y por toda la eternidad – ¡mundo sin fin! ¡Amén! Porque Jesús dijo:

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28)

.

Es por eso que Cristianos verdaderos pueden cantar,

¡Salvo! ¡Salvo! Borró mis pecados,
   ¡Mi culpa quitó!
¡Salvo! ¡De Jesús es la sangre
   Que a mi me salvó!
(Traducción libre de “Saved by the Blood” por S. J. Henderson, 1902).

Estoy de acuerdo con la sensata afirmación del Dr. John R. Rice, quien dijo:

Los Cristianos carnales causan divisiones sobre dispensaciones...A veces se imaginan que los Judíos fueron salvos de una manera y los Gentiles de otra...Sólo hay un evangelio, sólo un plan de salvación. Ese evangelio nunca cambió y nunca lo hará (traducción de John R. Rice, D.D., “Paul’s Gospel or Kingdom Gospel,” Twelve Tremendous Themes, Sword of the Lord Publishers, edición de 1977, pp. 94-96).

La Sangre de Cristo cubre y limpia los pecados de todos los creyentes, ¡desde Adán hasta la última alma salva al final del Reino milenario! ¡Aleluya!

Acabamos de tomar la Cena del Señor en nuestra iglesia. Mientras tomamos la copa y la bebimos, pensamos en la Sangre de Cristo derramada para redimirnos, recordando lo que Jesús dijo:

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

Aquí hay tres lecciones que todos debemos entender acerca de la Sangre de Jesús.

I. Primero, la copa nos enseña la importancia de la Sangre de Cristo.

Acabamos de celebrar la Cena del Señor. Tomamos el pan, y luego tomamos la copa. El gran Spurgeon dijo:

Recuerda que en la cena sagrada tienes el pan como un emblema separado del cuerpo, y luego el vino como un símbolo separado de la sangre: así tienes una idea clara de la muerte, ya que la sangre se separa de la carne. “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis” [I Corintios 11:26]. Ambos actos son esenciales (traducción de C. H. Spurgeon, “The Blood Shed for Many,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, 1974, volumen XXXIII, p. 374).

Los dos elementos de la Cena del Señor muestran la muerte del cuerpo de nuestro Señor en el pan partido – y en la copa Su Sangre se muestra. Estos dos componentes están separados, y son tratados por separado cada vez que tomamos la Cena del Señor. Estos dos elementos separados demuestran el error de John MacArthur al decir: “Sangre es usada como un sustituto de la palabra muerte” (Hebreos 9:14); “derramamiento de sangre se refiere a la muerte” (Hebreos 9:22), “La sangre de Cristo, una frase vívida utilizada para representar la muerte sacrificial de Cristo” (nota sobre I Corintios 10:16); “la sangre del Cordero, Esto se refiere al sacrificio expiatorio de Cristo” (Apocalipsis 7:14); etc., etc. (Todas las citas tomadas de MacArthur Study Bible, Word Bibles, 1997). Si la “Sangre” fuera sólo una “palabra sustituta” de Su “muerte” entonces no habría necesidad de dos elementos en la Cena del Señor. Hay dos componentes en la Cena del Señor por una razón. Cristo específica y claramente nos dijo que Su Sangre fue derramada “para remisión de los pecados” (Mateo 26:28). Él llevó nuestros pecados “en su cuerpo” (I Pedro 2:24) – pero Él derramó Su Sangre “para remisión [perdón] de los pecados” (Mateo 26:28). Su muerte en la Cruz fue vicaria, “el justo por los injustos” (I Pedro 3:18), pero Su Sangre fue derramada para limpiarnos “de todo pecado” (I Juan 1:7). La muerte de Su cuerpo expía nuestros pecados. La Sangre que derramó nos limpia de pecado. A menudo me sorprende que haya ministros hoy en día que no entienden estas verdades sencillas del Evangelio. Esto parece ser el resultado de la clase de engaño demoníaco del que se habla en I Timoteo 4:1. También podría significar que el ministro no es convertido. Gilbert Tennent (1703-1764) habló de “El Peligro de un Ministerio no Convertido”.

La Cena del Señor se centra en la muerte de Cristo – mostrando Su gran amor por nosotros. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Cristo estuvo en nuestro lugar y tomó sobre sí Mismo, no sólo nuestros pecados, sino también la ira ardiente de Dios en contra de esos pecados. El derramamiento de la Sangre de Cristo trajo paz entre el hombre y Dios, cuando el Padre hizo Su Hijo unigénito expiación por el pecado.

La muerte de Cristo para salvar al hombre es la doctrina central del Cristianismo. Y la ordenanza de la Cena del Señor trae esta gran doctrina ante nuestros ojos cada vez que la celebramos. Es evidente que Cristo pensó que los hechos de Su muerte eran de mayor importancia. Él no nos hubiera dicho que celebráramos la Cena del Señor si Él no hubiera creído que el derramamiento de Su Sangre era de mayor importancia en salvar a los pecadores, y así lo dijo:

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

II. Segundo, la Sangre nos conecta a Cristo en el Nuevo Pacto.

“Esto es la sangre del nuevo testamento”. En Español está traducida como “Esto es mi sangre del nuevo pacto”. El nuevo pacto se refiere al nuevo acuerdo o “tratado” entre Dios y el hombre. El nuevo pacto se basa en la Sangre de Cristo. Nadie pudo haber sido nuestro representante excepto el Señor Jesucristo. Y Él no podría haber cumplido el pacto si no hubiera derramado Su propia Sangre para hacerlo posible. El nuevo pacto entre Dios y el hombre está sellado con la Sangre de Jesucristo. Hebreos 13:20 dice que los Cristianos son perfeccionados, “por la sangre del pacto eterno”. ¡Por lo tanto estamos conectados con el Salvador en un pacto eterno por la preciosa Sangre de Jesús!

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

III. Tercero, la Sangre nos limpia de todo pecado.

El Apóstol Juan dijo: “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (I Juan 1:7). Eso es lo Cristo quiso decir cuando dijo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”. ¡Por Su sacrificio de Sangre en la Cruz, Jesús ha comprado el perdón del pecado!

¿De qué pecados? De todos los pecados, toda clase de pecado. La Sangre del pacto quita todos los pecados, los que sean. Asesinato, robo, mentira, adulterio – y cualquier otro tipo de pecado – puede ser limpiado por la Sangre de Jesús.

Venid, ustedes que del pecado
   Manchados están;
Venid en Su sangre lavaos,
   Y así limpios serán,
Y así limpios serán.
   (“Jesus Wounded” por Edward Caswell, 1849; al son de
     “Majestic Sweetness Sits Enthroned”).

Spurgeon habló de un predicador Metodista llamado Billy Dawson. Él dio su texto, “Por medio de él se os anuncia perdón de pecados” (Hechos 13:38). Cuando hubo leído el texto, Billy Dawson cayó detrás del púlpito para que nadie pudiera verlo. Entonces su voz resonó, “No el hombre en el púlpito, sino el hombre en el Libro. El hombre descrito en la Biblia es el hombre que puede perdonar tus pecados”. Él es el Hombre que dijo:

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

Pongan a todos los demás, y a todo lo demás, fuera de su mente. Piensen en la remisión de los pecados a través de Jesús solo. Jesús derramó Su Sangre y murió, y se levantó al Cielo – y ahí es donde está ahora. Ven y confía en Jesús esta mañana. Él te salvará ahora y para siempre. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
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Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Mateo 26:17-28.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Saved by the Blood of the Crucified One” (por S. J. Henderson, 1902).


EL BOSQUEJO DE

LA SANGRE DEL NUEVO PACTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

(Apocalipsis 13:8; Juan 1:29; Salmo 51:7; Romanos 4:7)

I.   Primero, la copa nos enseña la importancia de la Sangre de Cristo,
I Corintios 11:26; I Pedro 2:24; 3:18; I Juan 1:7; Juan 15:13.

II.  Segundo, la Sangre nos conecta a Cristo en el Nuevo Pacto,
Hebreos 13:20.

III. Tercero, la Sangre nos limpia de todo pecado, I Juan 1:7;
Hechos 13:38.