Print Sermon

Estos manuscritos de sermones y videos ahora van a casi 1,500,000 computadoras en más de 215 países todos los meses en www.sermonsfortheworld.com. Otros cientos miran los videos en YouTube, pero rápidamente dejan YouTube y vienen a nuestro sitio de Internet. Los manuscritos de sermones se dan en 36 idiomas a casi 120,000 computadoras cada mes. Los manuscritos de sermones no tienen derecho de autor, así que los predicadores pueden usarlos sin nuestro permiso. Por favor, oprime aquí para aprender cómo puedes hacer una donación mensual para ayudarnos en esta gran obra de predicar el Evangelio a todo el mundo, incluyendo las naciones Musulmanas e Hindúes.

Cuando le escribas a Dr. Hymers, siempre dile en qué país vives o él no te podrá contestar. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net.




EL FUEGO GANADOR DE ALMAS
EN LA IGLESIA TEMPRANA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un Sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 28 de Abril, 2013

“Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jeremías 20:8-9).


Jeremías había profetizado que los Judíos irían en cautiverio a Babilonia por sus pecados. Estas personas rechazaron su predicación. Ellos acordaron no escucharle. Pasur era el oficial principal de la policía del templo. Pasur lo azotó y le echó en el cepo. El azote fue de cuarenta latigazos, similar al azote que Jesús recibió de Poncio Pilato. Los cepos se usaron para detenerlo, con sus manos, pies y cuello afianzados en hoyos que doblaban su cuerpo en una posición que causaba gran dolor. Cuando Jeremías fue suelto de los cepos le dijo a Pasur que él y su familia irían cautivos a Babilonia, con el resto de Judá. Luego el profeta experimentó y periodo de gran depresión. Él se quejó con Dios de haber sido mofado y ridiculizado. El dijo: “Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito… ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?” (Jeremías 20:14, 18). Él se quejó que la Palabra de Dios que él había predicado había resultado en afrenta y escarnio cada día.

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).

Yo personalmente se como él se sentía, o al menos algo parecido. En 1972 en el Seminario Bautista Golden Gate cerca de San Francisco, yo hice exactamente lo que hizo Jeremías. Yo renuncié del ministerio. Sentía que todos estaban contra mí, y que nadie escucharía. Literalmente dije en mi corazón: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre”. Pero solo duré unos cuantos días. Luego una noche, como a las 2:00 A.M., Dios me llamó a predicar una segunda vez. Casi podría haber dicho las mismas palabras que Jeremías:

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jeremías 20:9).

Él estaba cansado y abatido de dejar de predicar. La Palabra de Dios era un fuego ardiente en sus huesos. ¡Él fue forzado a predicar otra vez! ¡No podía parar porque la Palabra de Dios ardía como fuego en sus huesos? El Dr. Rice dijo: “Solo el predicador que predica porque tiene que, con fuego en sus huesos, predicará a hombres que lo odian, o lo afrentan, o lo ignoran” (traducción de John R. Rice, D.D., “The Soul Winner’s Fire,” The Bible Garden, Sword of the Lord Publishers, 1982, p. 343). El Apóstol Pablo sentía el fuego en sus huesos cuando dijo:

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16).

Los primeros Cristianos sintieron ese mismo fuego en sus huesos cuando el Espíritu Santo vino, “como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:3). El fuego ardía de tal manera que los huesos de Pedro que el gritó al Sanedrín: “porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20). Un famoso predicador Bautista, John Piper, se jubiló hace unas semanas. El día después de su retiro él sintió tanto alivio que dijo: “Las únicas lágrimas que tuve eran lagrimas de agradecimiento…ya pasó”. Simplemente no puedo comprender a un hombre así. En algunas maneras es un buen hombre, pero ¿dónde está el fuego en sus huesos? ¿Dónde está la unción que forzó a los Apóstoles perseguidos a clamar: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”? (Hechos 5:29). Dónde está el fuego en sus huesos, que movió a Pablo a decir: “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (I Corintios 9:16)?. Como dijo Dr. Rice: “Solo el predicador que predica porque tiene que, con fuego en sus huesos, predicará a hombres que lo odian, o lo afrentan, o lo ignoran”. Yo digo que tenemos suficiente enseñanza de la Biblia. Necesitamos predicadores como Whitefield y Wesley – ¡hombres con fuego en sus huesos!

Hace años, conducimos a Washington, D. C. después de la media noche, y yo compuse un coro que solíamos cantar frecuentemente.

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!
(Traducción de “Lord, Send Tongues of Fire” por el Pastor).

¡Cántalo conmigo!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

Los primeros Cristianos tenían el fuego de Dios ardiendo en sus huesos. El Dr. Philip Schaff, dijo: (History of the Christian Church (Eerdmans Publishing Co., reimpreso en 1976, tomo II).

       Es notable que después de los días de los Apóstoles no se mencionan nombres de grandes misioneros sino hasta principios de las edades medias…No había sociedades misioneras, ni instituciones misioneros, ni esfuerzos organizados…pero en menos de 300 años desde la muerte de San Juan la población entera del Imperio romano representaba al mundo civilizado como nominalmente Cristianizado.
       Para entender este hecho sorprendente, debemos recordar que la fundación fue puesta fuerte y profundamente por los mismos apóstoles. Ellos regaron la semilla desde Jerusalén hasta Roma, y la fertilizaron con su sangre, y surgió como grande cosecha…
       La Cristiandad…era su propia misionera. Crecía naturalmente desde adentro. Atraía a la gente por su propia presencia. Era luz que brillaba en tinieblas e iluminaba la oscuridad. Y pese a no haber misioneros profesionales que devotaran su vida entera a esta obra especifica, toda congregación [iglesia] era una sociedad misionera, y todo Cristiano era misionero, en llamas por el amor de Cristo para convertir a otros.

“¡Sobre mi Señor, Da tu fuego ya!” ¡Cántala!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

       Justin Mártir fue convertido por un anciano al cual encontró caminando a la orilla del mar… “Todo Cristiano” dice Tertulio, “ambos, halla a Dios y lo manifiesta…” Celso mofando nota que [los que vendían telas] y obreros de la lana y pieles, personas rusticas e ignorantes, eran los más celosos propagantes de la Cristiandad…Mujeres y esclavos la introdujeron al círculo del hogar…Origen informa que las iglesias de la ciudad enviaban sus misioneros a las aldeas. La semilla crecía mientras los hombres dormían… Todo Cristiano le hablaba a su vecino, el obrero a su compañero, el esclavo a otro esclavo, el siervo a su amo y a su ama; la historia de su conversión como [marinero] cuenta la historia de su rescate del naufragio.
       El evangelio fue [esparcido] principalmente por la predicación en vivo y por [conversación] personal…

“¡Sobre mi Señor, Da tu fuego ya!” ¡Cántala de nuevo!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

      Justin Mártir dice, como a mediados del segundo siglo: “No hay pueblo, Griego o bárbaro, o de ninguna otra raza…entre los cuales no se ofrezcan oraciones y acción de gracias en el nombre del Jesús crucificado al Padre, y Creador de todas las cosas”. Medio siglo después Tertulio habla a los paganos desafiantemente: “Somos de solo ayer [nosotros los Cristianos hemos existido solo por un tiempo corto], y ya llenamos tus ciudades, islas, campos, su palacio, su senado y el foro, solo les hemos dejado sus templos”…Cerca del fin del tercer siglo el nombre de Cristo era conocido, venerado, y perseguido en toda provincia y toda ciudad del imperio. Maximiliano, en uno de sus edictos, dice que: “casi todos” habían abandonado la adoración de sus ancestros por [la Cristiandad]…Y cerca del cierre del tercer…siglo casi una decima parte de los súbditos de Roma [era Cristiana], o sea casi diez millones de almas… Pero el Hecho de que los Cristianos eran…frescos, vigorosos, llenos de esperanza, y creciendo cada día, mientras que los paganos…disminuían a diario, hacia la verdadera fuerza de la iglesia mucho mayor (ibid., pp. 19-22).

Recuerda que la Cristiandad creció y se esparció sin misioneros oficiales, sin edificios de iglesias, sin la protección del gobierno – en medio de gran persecución. ¿Qué tenían estos primeros Cristianos que hacía que la fe de ellos conquistara a la Roma pagana? ¡Ellos tenían el fuero de Cristo ardiendo en sus huesos! ¡Eso era lo que tenían! ¡Y es eso lo que tenemos que tener también! ¡Cántala!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

Ahora nota cuan similar era la situación de ellos a la nuestra. El Dr. Schaff dijo:

      Hasta el reino de Constantino [la Cristiandad] no tenía una existencia legal en el imperio Romano, sino que fue ignorada como secta Judía, luego calumniada, [ilegal], y perseguida…su adopción era castigada con…la muerte. Además…presentaba inexorablemente exigencia de arrepentimiento y conversión, renuncia del yo y el mundo, que, según Tertulio, eran mantenidos fuera de la nueva [religión] por amor al placer que por amor a la vida.
      Pero pese a estas [grandes] dificultades la Cristiandad progresaba y se adaptaba con tal fuerte evidencia de su origen divino y hacia las necesidades más profundas del hombre…hasta los estorbos se volvieron, en manos de [Dios], medios de promoción. La persecución llevaba al martirio, y el martirio no solo tenía terrores sino que también atractivos…Todo mártir era prueba viviente de la verdad y santidad de la religión Cristiana. Tertulio podía decir con los paganos: “Todos sus crueldades no pueden lograr nada; solo atraen [a más gente a volverse Cristiana]. Nuestros miembros aumentan mientras más nos destruyes. La sangre de los Cristianos es su semilla”. La seriedad moral de los Cristianos contrastaba poderosamente con la prevaleciente corrupción de la época, y mientras [alejaba a los impíos] impresionaba fuertemente a los más nobles…Tertulio asegura que la decima parte de Cartago, y entre los senadores y damas de los nobles decentes…profesaba la Cristiandad (ibid., pp. 14, 15).
      El paganismo por fuera tenía [el poder], pero por dentro estaba podrido y en proceso de decaer [¡tal como hoy!]. El imperio Romano reposaba solo en el poder de la espada…los lazos morales de la sociedad estaban [rotos]; avaricia y vicio de toda clase…reinaban en Roma y en las provincias…La única luz de esperanza en la noche era la religión fresca, [atrevida] de Jesús, sin temor a la muerte, fuerte en la fe, creciendo con amor [se veía aun más] como la única religión viva del presente y del futuro. Mientras el mundo continuaba agitado por guerras, y revoluciones y calamidades públicas…la nueva religión [de la Cristiandad] a pesar de la terrible oposición de afuera y peligro por dentro, calladamente progresaba con la irresistible fuerza de la verdad, y penetraba gradualmente en los mismos huesos y sangre de la raza
      “Cristo le parecía” dice el gran Agustín: “a los hombres del mundo decrepito y falleciente que se desmoronaba a su alrededor, que por medio de Él podrían recibir vida nueva y joven” (ibid., p. 17).

Eso es exactamente lo que le ofrecemos a los jóvenes en medio de esta nación moribunda. Mientras nuestra cultura se desmorona, y parece no haber esperanza – ¡Ofrecemos a Cristo! ¡Ofrecemos el poder de la oración! ¡Ofrecemos recompensas futuras en el Reino de Cristo! ¡Ofrecemos morales puras! ¡Ofrecemos celo para salir y traer a los perdidos para que puedan tener esperanza y vida en Cristo! ¡Estas son las cosas que no pueden hallar en ninguna otra parte en las calles oscuras de Los Ángeles! ¡Tráiganlas! ¡Tráiganlas! ¡Cántala!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

Esos primeros Cristianos invitaban a gente a venir y oír un sermón, y compartir una comida dedicada a Cristo. Con las herramientas simples de amor en la iglesia, y las comidas en la iglesia, y el compañerismo en la iglesia, ¡los primeros Cristianos conquistaron el Imperio Romano! ¡Los Cristianos en China están haciendo lo mismo ahora! ¡Ellos están en el proceso de conquistar el Comunismo y de echarlo fuera ahora mismo! Sus herramientas son las mismas de los primeros Cristianos. “Ven y come con nosotros”. “Ven y oye el Evangelio de Cristo”. “Ven con nosotros porque estamos en el lado ganador”.

¡Los grandes de mente sucia de Hollywood no ganarán al final! ¡Los que odian la moral Cristiana no ganarán al final! ¡Los maestros universitarios que odian a Cristo no ganarán al final! ¡Aun los Musulmanes están destinados a fracasar! Sal y tráelos a oír las grandes buenas nuevas –

“Los reinos del mundo [serán] de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).

¡Cántala!

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

¿Cuántos dirán, “Pastor, lo veo! ¡Eso es lo que yo necesito! Necesito el fuego del Espíritu Santo que me llene – y mueva a ir tras los perdidos y traerlos”. Si ese es tu deseo y tu oración, ven al frente ahora. ¡Ven rápido mientras cantamos aquel coro! Ven aquí a la plataforma. ¡Ven! Todos los que quieren el fuego de Dios que gana almas, ven. Cántala mientras vienen.

Sobre mi Señor,
   Da tu fuego ya;
¡Mándame con tu poder
   Las almas a ganar!

(Oración).

Puedes volver a tu asiento. Jesucristo murió en la Cruz para pagar la pena de tu pecado. Él resucitó de los muertos para darte vida. Si quieres hablar con nosotros acerca de confiar en Él y volverte un Cristiano verdadero, por favor ve a la parte de atrás del cuarto rápidamente mientras yo oro. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015, Estados Unidos.
Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leida por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Jeremías 20:1-9.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Lord, Send Tongues of Fire” (por el Pastor).