¡UN HAMBRE DE LA PALABRA!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 3 de Febrero, 2013

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed” (Amós 8:11-13).


Amós vino de Tecoa, una pequeña aldea cerca del Mar Muerto. Él vino del desierto del reino sureño de Judá. Pero Dios lo envió lejos hacia el norte, hacia el Reino de Israel, que se había separado de Judá. Su rey, Jeroboam I, había creado un falso lugar de adoración en Bet-el. Amasias fue el sacerdote de ese lugar idólatra de adoración. Amós dijo que el juicio de Dios estaba por caer sobre Judá. Su predicación ardiente hizo que el falso sacerdote Amasias lo reprendiera. El Dr. Charles L. Feinberg dijo:

Tal proclamación directa de la voluntad y el propósito de Dios es siempre desagradable para el hombre impío y no regenerado. Y así fue en los días de Amós. La Palabra de Dios no quedó sin respuesta. Amasias, que era el sumo sacerdote del becerro de oro en Bet-el, acusó al profeta ante el [rey] Jeroboam...el impío Amasias inicia con la acusación sin fundamento de traición y concluye con la palabra alarmante que la revolución o la sedición puede ser consecuencia de las palabras del profeta...Amasias distorsionó las palabras de Amós por lo que parecían ser un ataque personal contra el rey...Ahora Amasias...le aconseja al profeta a huir a su país de Judá...que no profetizara más en Bet-el...porque la ciudad fue la sede de la religión del reino así como una de la residencias del rey (traducción de Charles L. Feinberg, Th.D., Ph.D., The Minor Prophets, Moody Press, 1982 edición, pp. 113, 114).

Amós le contestó al impío sacerdote, y le dijo:

“No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel. Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac. Por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra” (Amós 7:14-17).

En aquellos días, esa profecía parecía increíble. La nación estaba en la cima de la prosperidad y la fuerza. Pero Amós pronunció la Palabra de Jehová. Él predicó que cuatro juicios vendrían de Dios. El primer juicio de Dios sobre Israel fue que ellos irían a esclavitud en el exilio.

“Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos” (Amós 5:27).

El segundo juicio sobre Israel fue que Israel sería asolado.

“Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam” (Amós 7:9).

El tercer juicio de Dios fue que habría cuerpos muertos en todo lugar.

“Y los cantores del templo gemirán en aquel día, dice Jehová el Señor; muchos serán los cuerpos muertos; en todo lugar los echarán fuera en silencio” (Amos 8:3).

Habría cuerpos muertos en todo lugar. Los pocos que quedaban echarían los cadáveres fuera de la ciudad en aterrador silencio. Pero el cuarto juicio de Dios fue muy diferente a los otros.

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed” (Amós 8:11-13).

¡Piensa en ello! Al final de las advertencias de la esclavitud, desolación y muerte – el clímax del juicio de Dios sería un hambre de oír la palabra de Jehová. Pero, en un sentido muy real, ¡ese realmente es el peor juicio de todos! La esclavitud, la desolación y la muerte pueden ser soportadas. Pero la pérdida de la Palabra de Dios quita toda esperanza.

El Pastor Richard Wurmbrand (1909-2001) pasó catorce años en una prisión comunista. Fue torturado y lo perdió todo – todo, eso es, ¡excepto la Palabra de Jehová! ¡Y la Palabra de Jehová lo mantuvo por todo ese dolor y la tortura! Wang Mingdao (1909-1991) pasó veinte años en una prisión comunista en China. Cuando un entrevistador le preguntó qué había sido lo más importante para él durante su tiempo en prisión, dijo Wang, “la Palabra”. Estos hombres tenían las palabras de la Biblia en sus corazones, y los consoló a través de muchos años de prisión por su fe. No hay mayor castigo para un individuo o para una nación, que Dios lo juzgue enviando hambre “de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). Ese es el juicio dado en el texto.

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán” (Amós 8:11-12).

Así hemos visto los antecedentes del texto, y una pequeña explicación del mismo. Pero hay dos temas que voy a tocar con respecto a el.

I. Primero, la doctrina que aprendemos del texto.

Dios dijo: “Enviaré hambre a la tierra...de oír la palabra de Jehová”. No sería por casualidad. Dios dijo: “Enviaré”.

No debemos pensar que esta hambre de la Palabra se refiere a la lectura de la Biblia solamente. Obviamente tenían el Torah, los primeros cinco libros de Moisés. No lo tenían en sus casas, porque fue escrito a mano en pergaminos. Pero podrían escuchar su lectura en el día de adoración. Esta hambre era hambre de predicación, hambre de contundente predicación profética. El Dr. Feinberg dijo:

Dios, en Su infinito amor por Israel envió sus mensajes a través de sus siervos para llamarle de vuelta en el camino de Su elección y Su conformidad de Su voluntad para con ella. Pero estos profetas....fueron rechazados; sus mensajes eran despreciados, y se les dijo que [dejaran de predicar]. Ahora el Señor le dice [a Judá] que, puesto que había despreciado Su Palabra a través de los profetas cuando había sido traída a ella, ella conocería el [fin] de toda comunicación profética. La Palabra del Señor, será retirada de ella (Feinberg, ibid., p. 118).

Cuando la gente no quiere oír la predicación llena del Espíritu Santo, Dios la retira – como castigo judicial. Hay varios ejemplos de esto en la Biblia. El Rey Saúl rechazó las palabras proféticas de Samuel, y Jehová no le respondió (I Samuel 28:6). En el libro de Ezequiel leemos:

“Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo” (Ezequiel 7:25-26).

Miqueas 3:6, 7 dijo que Dios iba a juzgar a Judá deteniendo a los profetas de predicar. El Dr. Feinberg dijo que Dios trajo el fin a la predicación profética como un “castigo divino por esta oposición a la verdad” (ibid.).

El impío sacerdote Amasias dijo a Amós: “No profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino” (Amos 7:13). Y, así, Dios juzgó a Israel mandando un hambre “de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11).

En el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo lloró sobre la ciudad de Jerusalén, diciendo: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta...Y Jesús salió del templo y se iba” (Mateo 23:37, 38; 24:1). En otro momento, después de que Jesús sanó al endemoniado de Gadara, “toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos” (Mateo 8:34). Él se fue. Y nunca volvió de nuevo. Ellos lo rechazaron, y Él los dejó permanentemente en sus pecados. En el Libro de los Hechos “Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo” (Hechos 18:5).

“Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles” (Hechos 18:6).

En el último capítulo de II Crónicas leemos:

“Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio. Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos” (II Crónicas 36:15-17).

Así vemos en la Biblia que Dios a menudo elimina la fuerte predicación profética como un juicio cuando es rechazada. Es un castigo judicial de Dios. Esa es la doctrina que aprendemos de nuestro texto.

II. Segundo, la aplicación del texto.

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed” (Amós 8:11-13).

El Dr. Keith M. Bailey, Secretario Interior de la Alianza Cristiana y Misionera, dijo:

      Creo que A. W. Tozer era un profeta. Él podía ver más allá que la mayoría de los hombres de su generación. Él fue capaz de discernir y analizar lo que fue decayendo la iglesia en su corazón. En el sentido profético, fue valiente al hablar a esa verdad con ungida capacidad y poder (traducción de Dr. Keith M. Bailey en el prefacio de I Call It Heresy! por Dr. A. W. Tozer, Christian Publications, 1974 edición, p. 6).

El Dr. Tozer dijo:

      El diablo no va a causar ningún problema a un predicador que está muerto de miedo de su congregación y preocupado por su trabajo al grado que él predica durante treinta minutos y el resumen de lo que dice es “Sé bueno y te sentirás mejor”. ¡Puedes ser tan bueno como desees y todavía ir al infierno si no has puesto tu confianza en Jesucristo! El diablo no va a perder su tiempo en causar algún problema para el predicador, cuyo único mensaje es: “¡Se bueno!” (traducción de A. W. Tozer, D.D., “Who Put Jesus on the Cross?” en The Best of A. W. Tozer, compilado por Warren W. Wiersbe, Baker Book House, 1986 edición, pp. 230, 231).

De nuevo, el Dr. Tozer dijo:

      Cualquier hombre con dones del púlpito puede seguir adelante con la congregación promedio si él sólo los “alimenta” y los deja en paz. Dales mucho de la verdad objetiva y no insinúes que están equivocados, y estarán contentos. Por otro lado, el hombre que predica la verdad y la aplica a la vida de sus oyentes sentirá los clavos y las espinas. Llevará una vida dura, pero gloriosa. Que Dios levante tales profetas. La iglesia los necesita mucho (ibid., p. 142).

Leonard Ravenhill fue amigo del Dr. Tozer. De hecho, el Dr. Tozer escribió la introducción al gran libro de Ravenhill, ¿Por Qué Se Demora El Avivamiento? [Why Revival Tarries] En su libro América Es demasiado Joven Para Morir [America is Too Young to Die], Ravenhill dijo:

      Hay hambre de gran predicación, hambre de predicación que agita la conciencia, hambre de predicación que rompe el corazón, hambre de predicación que desgarra el alma, hambre de la predicación que nuestros padres conocían que mantenía a los hombres despiertos toda la noche para que no cayeran en el infierno. Repito: “Hay un hambre de la palabra de Jehová.” Hay un hambre de fuerte predicación del evangelio (traducción de Leonard Ravenhill, America is Too Young to Die, Bethany Fellowship, 1979, p. 80).

Creo que el Dr. Tozer y Leonard Ravenhill estaban correctos. “Hay un hambre de la predicación que nuestros padres conocían que mantenía a los hombres despiertos toda la noche para que no cayeran en el infierno”. Sí, hay un hambre de ese tipo de predicación hoy en día, aún en iglesias muy conservadoras.

Pero eso es lo que necesitas escuchar si no eres convertido. Los hombres que están conmigo detrás de este púlpito, hombres como el Dr. Chan, Dr. Cagan, Sr. Griffith, Sr. Lee, Sr. Prudhomme, Sr. Song, y Sr. Mencia, son hombres que han pagado el precio por hablar la verdad, la dura verdad, la verdad del juicio de Dios sobre el pecado, la verdad de que debes nacer de nuevo, de que debes ser convertido – o irás al Infierno. Eso no se oye a menudo en la actualidad. ¡Pero es la verdad! El Señor Jesucristo dijo:

“Irán éstos al castigo eterno…al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:46, 41).

Tenemos que decirte la verdad. Hemos sido llamados, como el profeta Amós, para decirte la verdad. No debemos retener la verdad. ¡Estamos obligados por Dios a decirte la verdad! ¡Estamos obligados por el Espíritu Santo a decirte la verdad! ¡Somos forzados por el Señor Jesucristo a declarar tu condición perdida ante los ojos de un Dios tres veces santo! ¡Estás perdido! ¡Estás perdido! ¡Estás perdido! Cristo dijo que estás condenado al “fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41).

Deja que otros se rían. Que se burlen de nuestra predicación. Que rechacen lo que decimos, como el malvado sacerdote Amasias rechazó las advertencias del profeta Amós. Estamos obligados a decir lo que el profeta dijo a ese hombre pecador: “Tú morirás en tierra inmunda, y [tú] serás llevado cautivo lejos de tu tierra (Amós 7:17). Más pronto de lo que piensas te llegará la muerte. ¡Y allá irá tu alma, cayendo de cabeza en el fuego eterno! Deja que los demás se burlen y rían, y nos calumnien, como el falso sacerdote le hizo a Amós. Pero no podemos detener la Palabra del Señor. ¡La Palabra del Señor! ¡La Palabra del Señor! La Palabra del Señor que dijo que “irán éstos al castigo eterno...al fuego eterno.” Esa es la Palabra de Jehová – ¡el Señor Jesucristo!

¡Oh, considera Su Palabra! ¡Oh, escucha Su Palabra! ¡Oh, presta atención a Su Palabra! ¡Oh, teme Su Palabra! Oh, huye a Jesucristo. ¡Sólo Él puede salvarte! ¡Sólo Él puede purgar tu pecado por Su preciosa Sangre! ¡Sólo Él puede vestirte con Su justicia! Sólo Él puede hacerte apto para el Cielo – ¡y sólo Él puede salvarte de las llamas eternas! Voy a cantar una canción. Si he hablado a tu conciencia, deja tu asiento y ve a la parte de atrás de este auditorio mientras la canto. El Dr. Cagan te llevará a un lugar tranquilo donde podamos hablar contigo acerca de la salvación y la limpieza del pecado por medio de la Sangre del Salvador.

Hay un precioso manantial
   De sangre de Emanuel;
Al sumergirse el pecador,
   Sus manchas pierde él;
Sus manchas pierde él, Sus manchas pierde él;
   Al sumergirse el pecador,
Sus manchas pierde él.
   (Traducción libre de “There Is a Fountain” por William Cowper, 1731-1800).

Dr. Chan, por favor guíenos en oración.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Amós 7:10-17.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Saved By the Blood” (por S. J. Henderson, 1902).


EL BOSQUEJO DE

¡UN HAMBRE DE LA PALABRA!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed” (Amós 8:11-13).

(Amós 7:14-17; 5:27; 7:9; 8:3)

I.   Primero, la doctrina que aprendemos del texto, I Samuel 28:6;
Ezequiel 7:25-26; Miqueas 3:6, 7; Amós 7:13; Mateo 23:37, 38;
Mateo 24:1; 8:34; Hechos 18:5, 6; II Crónicas 36:15-17.

II.  Segundo, la aplicación del texto, Mateo 25:46, 41; Amós 7:17.