LA REPROBACIÓN DE LOS HIJOS DE ELÍ,
Y LA SALVACIÓN DE SAMUEL

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 29 de Enero, 2012

“Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”
(I Samuel 2:12).

“Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye” (I Samuel 3:7-10).


Yo casi titulé este sermón: “El de afuera y los niños de iglesia”. El joven Samuel era el de afuera que iba al Tabernáculo. Los “niños de iglesia” que habían estado ahí largo tiempo eran Ofni y Finees, los hijos del sacerdote Elí. Tal vez piensas que soy muy con los niños de la iglesia. Pero recuerda, que las encuestas de George Barna muestran que el 88% de jóvenes nacidos en la iglesia la dejan antes de los veinticinco, “para nunca volver”. Ya que solo 1 de 10 se quedan en la iglesia después de volverse independientes, yo creo que es perfectamente correcto compararlos con Ofni y Finees, los hijos malvados de Elí. Y es perfectamente correcto comparar a Samuel al joven que viene a la iglesia del mundo, y es salvo y sirve al Señor fielmente por el resto de su vida. Así, este sermón contrastará al de afuera que es salvo con los “niños de la iglesia” que no son convertidos. Si eres una persona nueva, viniendo del mundo a la iglesia, querrás oír este sermón con mucho cuidado. Si eres un “niño de la iglesia” no salvo – que ha estado en la iglesia por mucho tiempo – este sermón debe ser una advertencia para ti – aunque creo que la mayoría de ustedes no lo escucharán, porque parece que ya fuiste entregado por Dios.

Eso le sucedió a Finees y Ofni, los hijos del sacerdote Elí. Su padre los había hecho sacerdotes en el Tabernáculo. Pero no eran convertidos. La Biblia dice: “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová” (I Samuel 2:12). El Dr. McGee dijo: “Los hijos de Elí eran ‘hijos de Belial’, o sea hijos del diablo. Ellos no eran salvos. ¡Aquí estan, hijos del sumo sacerdote, en el Tabernáculo y sirviendo allí!” (traducción de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1982, tomo II, p. 127; nota de I Samuel 2:12).

Nunca olvides que los jóvenes criados en la iglesia todavía necesitan ser convertidos. Los hijos de Elí no tenían experiencia personal ni compañerismo con Dios. Ellos jamás pensaban seriamente en Dios. La Biblia dice: “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Salmo 10:4) – ¡en ninguno de sus pensamientos hay lugar para Dios! Así eran Ofni y Finees. “No tenían conocimiento de Jehová” – ¡y ni siquiera estaban interesados en conocer a Jehová! No había lugar para Dios en sus pensamientos. Estaban en el Tabernáculo. Su padre conocía a Jehová. Pero sus dos hijos eran hombres perdidos, no salvos, “[hijos de Belial] sin conocimiento de Jehová”. Hombres carnales que pensaban solo en lo que podían conseguir, y eran impuros sexualmente también (I Samuel 2:22). En ninguno de sus pensamientos había lugar para Dios. Cuando su padre Elí trató de corregirlos, “Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (I Samuel 2:25). Dios les había dado mucho tiempo para arrepentirse, mas ahora Dios los soltaba:

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada...” (Romanos 1:28).

Puedes rechazar al Espíritu Santo por solo cierto tiempo. Dios dijo: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre” (Génesis 6:3). Llegará una hora cuando Dios te deja. Entonces no escucharás a la predicación ni te arrepentirás. “No oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”.

Ahora hablo de los “niños de la iglesia”, jóvenes que han crecido en la iglesia sin ser convertidos. Lo que digo también se le aplica a los jóvenes que han venido a la iglesia, pero rapido se vuelven como estos niños de iglesia. ¡Cuidado a quien le copias! No es suficiente venir a la iglesia y tener una Biblia Anotada de Scofield. ¡Tienes que apartarte de los jóvenes en la iglesia que no conocen al Señor! Tienes que “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (II Corintios 6:17). Samuel estaba allí en el Tabernaculo con Ofni y Finees, pero no tenía compañerismo con ellos. Aunque estaban en el Tabernáculo juntos, ¡no existe registro de que hablara con ellos! Si lo hizo, habrán sido solo pocas palabras. ¡Apártate de los niños de iglesia mundanos! “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor”.

Ahora una palabra a los niños de iglesia que no son convertidos. ¿Tienes lugar para Dios en tus pensamientos? ¿Piensas en Dios cuando estás solo? Recuerda, solo cuenta cuando estás solo. Sí, puedes hablar de Dios cuando estás en la iglesia. ¿Pero piensas seriamente en Dios cuando estás solo? ¿Te sientes culpable alguna vez cuando estás solo – sabiendo que Dios ha visto tus pecados? ¿O eres tú como Ofni y Finees, nunca pensando seriamente en Dios?

Esta noche predicaré sobre la historia de la conversión de Adoniram Judson (1788-1850), el primer misionero a Burma (Oprime aquí para leer ese sermon). Su padre era ministro. Él fue criado en la iglesia. Pero Dios no era real para él. Solo pensaba en el Dios de su padre. Él mismo no estuvo consciente de Dios sino hasta que estuvo a solas una noche, lejos de casa. Era como Jacob. Solo una noche, fuera en el desierto, Dios de pronto se volvió real para él. Y Jacob dijo: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo” (Genesis 28:16-17).

Cuando yo tenía 15 años corrí de la sepultura abierta de mi abuela, lejos a una colina. Caí en tierra, suspirando y sudando, y llorando. Y Dios bajó, y estuve muy conciente de Su terrible presencia. Yo podría haber dicho con Jacob: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y [tuve] miedo”. Yo no estaba convertido todavía. Pero estuve consciente del Dios de Jacob. ¿Piensas a veces cuando estás solo en el grande y terrible Dios de Jacob? ¿Te sientes culpable cuando estás solo – sabiendo que el temible Dios de Jacob ha visto tus pecados? Si nunca has sentido nada así acerca de Dios, cómo serás convertido? La Biblia dice: “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay” – ¡que Él en verdad existe! (Hebreos 11:6). Y no estoy hablando de un Dios dulce, chiquito, de la “Escuela Dominical”. ¡Oh, no! “Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:29). Igual que Moisés, tú tienes que estar consciente del “Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Exodo 3:6). Solo al sentir la realidad de Dios cuando estés solo, y tengas miedo de mirarlo, estarás verdaderamente despertado y convencido de tu pecado. Lutero dijo:

Si eres convertido, es necesario que tengas terror, es decir, que tengas una conciencia alarmada (traducción de What Luther Says, Concordia Publishing House, edición de 1994, p. 343; nota sobre Salmo 51:13).

Eso es lo que le sucedió al joven Adoniram Judson cuando estaba solo en la oscuridad. Pensamientos sobre la muerte a la medianoche, el cadáver en descomposición, y la eternidad, llenaban su mente de horror. No pongas esos pensamientos fuera de tu mente. Cultiva esos pensamientos. Mora en ellos. Deja que esos pensamientos te asusten, y te sacudan, te alarmen y aterroricen. ¡Sin tener pensamientos así nunca encontrarás la paz con Dios a través de la sangre del sacrificio de Cristo!

Pero Ofni y Finees nunca tuvieron tal convicción. Ellos “eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”. “Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”.

¡Qué diferente fue con el joven Samuel! Él no era un “niño de iglesia”. Su madre lo dejó con Elí en el Tabernáculo. Era un niño sensible, lejos de casa. Era tarde en la noche, cuando Dios lo llamó.

“Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí” (I Samuel 3:2-4).

Allí en la creciente oscuridad del Tabernáculo, mientras la lámpara de Dios empezaba a apagarse, y Samuel estaba en su lecho, Dios lo llamó. El Cristo pre-encarnado “vino y se paró, y llamó” (I Samuel 3:10). Y Samuel se convirtió, y al final él mismo conoció al Señor, “porque Jehová se manifestó a Samuel” (I Samuel 3:21). Escucha las palabras que el Sr. Griffith cantó antes de este sermón.

Habla, Señor en la calma,
   Cuando espero en Tí;
Calla mi corazón para oír,
   Esperandote.

Habla, O Maestro,
   En el silencio;
Que vea yo tu rostro,
   Sienta tu poder, Señor.

Habla, tu siervo oye,
   No calles, Señor;
Mi alma en Tí espera
   Que tu Palabra me despierte.
(“Habla, Señor, en el Silencio” por E. May Grimes, 1868-1927;
            alterado por el Pastor).

¡Oh, jóvenes, Dios es real! ¡Cristo es real! ¡Oh, cómo oramos que no continúes siendo impío! Cómo oramos que experimentes “terrores nocturnos”, como lo hizo Jacobo y Adoniram Judson – como veremos en el sermón de esta noche. ¡Cómo oramos que pienses profundamente acerca de tu muerte, la eternidad, sobre el temeroso Dios de Jacobo y Moisés! ¡Cómo oramos que sientas parte de los “terrores nocturnos” existenciales, que ellos sintieron, que tengas convicción de tus pecados en la cara del juicio de Dios! ¡Cómo oramos que tales pensamientos terribles te lleven a buscar a Jesús, ¡el único que puede limpiar tus pecados con Su Sangre preciosa! Cómo oramos que puedas decir,

Del cautiverio, noche y penar,
   Vengo Jesús, vengo Jesús;
Hacia Tu libertad y Tu luz,
   Vengo Jesús a Ti…

De mi vergüenza e irrectitud,
   Vengo Jesús, vengo Jesús;
A la gloriosa paz de Tu cruz,
   Vengo Jesús a Ti…

Desde la tumba, miedo y dolor,
   Vengo Jesús, vengo Jesús;
Hacia la luz de Tu hogar yo voy,
   Vengo Jesús a Ti;
Desde las ruinas a salvación,
   Hacia la paz de Tu corazón,
Tener Tu rostro en contemplación,
   Vengo Jesús a Ti.
(Traducción libre de “Jesus, I Come” por William T. Sleeper, 1819-1904).

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: I Samuel 3:1-10.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Speak, Lord, in the Stillness” (por E. May Grimes, 1868-1927; alterado por el Pastor).