LA CONVERSIÓN DE LIDIA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles,
La Mañana del Día del Señor, 20 de Noviembre, 2011

“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14).


La Biblia es diferente a cualquier otro libro antiguo en muchas maneras. Por un lado, las mujeres son figuras centrales en toda la Biblia. Eva, Sara, Rebeca, Raquel, Lea, Rut, Ester, y muchas otras mujeres son mencionadas en las páginas del Antiguo Testamento. Rut y Ester son los nombres de dos libros del Antiguo Testamento en la Biblia. En el Nuevo Testamento las mujeres también jugaron un papel importante. Una y otra vez leemos acerca de las mujeres relacionadas con Cristo a través de Su ministerio – Su madre María, María Magdalena, Marta y María, la mujer sorprendida en adulterio, la mujer en cautiverio por Satanás, la mujer con flujo de sangre, la mujer en el pozo, la mujer que besó Sus pies – y muchas otras. El Apóstol Pablo mencionó a una mujer llamada Priscila cinco veces, siempre con su marido, y siempre respecto al ministerio de ellos para el Señor.

Dado que las mujeres son tan importantes en toda la Biblia no nos debe sorprender que esta mujer Lidia se registra como la primera persona Europea conversa. Lo que la Biblia nos dice de su conversión también podría aplicarse a cualquier hombre que se convierte al Cristianismo.

I. Primero, la obra de providencia en su conversión.

La providencia de Dios, de acuerdo con el Dr. Henry C. Thiessen, significa: “Que la actividad continua de Dios hace que todos los eventos de los fenómenos físicos, mentales y morales consigan Sus propósitos” (traducción de Henry C. Thiessen, Ph.D., D.D., Introductory Lectures in Systematic Theology, Eerdmans Publishing Company, 1949 edition, p. 177). Uno de los grandes textos sobre la providencia es Romanos 8:28:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Observa cómo la providencia de Dios obró en la vida de Lidia. El Apóstol Pablo fue detenido por el Espíritu Santo de ir a la provincia Romana de Asia (Hechos 16:6). Estaba a punto de ir a Bitinia, pero, de nuevo, el Espíritu de Dios lo detuvo (Hechos 16:7). Entonces Dios envió a Pablo una visión en la noche, llamándolo a que fuera a Macedonia, en Grecia (Hechos 16:9).

“Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16:10).

“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:13-14).

Lidia no era de Macedonia. Ella era de Tiatira, en Asia. Ella viajó desde donde Pablo había estado a la lejana ciudad de Filipos, en Macedonia. Fue allí, en esa tierra extraña donde ella escuchó el Evangelio y fue convertida. Dios tenía todo planeado y sucedió por Su providencia.

¿Cómo se aplica esto a ti? Quiero que todos aquí que son convertidos piensen en cómo vinieron a la iglesia por primera vez. Prácticamente todos los que son miembros de nuestra congregación fueron convertidos aquí en nuestra iglesia, el Dr. Cagan es la única excepción que conozco. Quiero que piensen en cómo vinieron aquí por primera vez. Lo que sucedió fue por la providencia de Dios. No llegaste aquí por casualidad. Ustedes vinieron aquí por la providencia de Dios. Dios hizo que Su propósito trabajara en tu vida atrayéndote a venir a escuchar el Evangelio y ser salvo. Ninguno de ustedes llegó aquí por casualidad.

¿Cuántos de ustedes han venido porque alguien los ha invitado en una escuela o en otro lugar? Por favor pónganse de pie. ¡Ese fue tu momento providencial! Si tú naciste en la iglesia eso también fue por la providencia de Dios. ¡Cada uno de nosotros está aquí esta mañana por la providencia de Dios!

II. Segundo, la obra de Lidia en su conversión.

El texto dice:

“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo...”
       (Hechos 16:14).

Lidia era una Gentil convertida al Judaísmo. Ella estaba a orillas del río orando con otras mujeres Judías. Parece que ellas no tenían una sinagoga, por lo que fueron a este lugar junto al río para orar en ese día de reposo. Pablo y sus compañeros vinieron y le predicaron a este grupo de mujeres. Y el texto dice que Lidia “estaba oyendo”.

Algunas personas no convertidas dicen: “No hay nada que yo pueda hacer para ser salvo”. Pero se equivocan. ¡Tú puedes oírnos! Tú puedes decidir venir aquí de nuevo Domingo por la mañana y Domingo por la noche. Tú puedes decidir oírnos, como Lidia decidió escuchar a Pablo y a Lucas. A pesar de que no te puedes salvar a ti mismo, o abrir tu propio corazón, al menos puedes hacer lo que hizo Lidia. ¡Tú puedes reunirte con el pueblo de Dios cada semana y oírnos!

Por cierto, hay algunos que vienen cada semana y se sientan en su silla, y fingen que están escuchando, pero su mente está lejos, pensando en otra cosa. Cristo dijo:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta...” (Lucas 13:24).

La palabra Griega traducida “esforzaos” significa “luchar”. Para ser convertido debes luchar y esforzarte para escuchar con atención la predicación. Tú puedes decir: “Voy a leer el sermón más tarde”. Eso podría hacerte un bien. Pero es por oír la predicación que la mayoría de la gente se salva. La Biblia dice:

“¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14).

Lucha y esfuérzate para oír los sermones. Ese es el medio de gracia más grande por el cual los pecadores que se esfuerzan son convertidos.

III. Tercero, la obra de Pablo en su conversión.

El texto dice que “estaba atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14). La palabra Griega traducida “atenta” significa “prestar atención” (Strong). Ella prestó atención “a lo que Pablo decía”. La parte de Pablo en la conversión de Lidia fue predicarle a ella. ¿Qué es lo que predicó? Bueno, ¡el Evangelio de Cristo, por supuesto! En el versículo 10 de este pasaje Lucas, el narrador, dijo: “Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio” (Hechos 16:10). Pablo habló sobre muchos temas, pero su tema principal siempre era el Evangelio de Cristo. En I Corintios Pablo dijo:

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (I Corintios 15:1-4).

Pablo dijo: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado” (I Corintios 1:23). De hecho, Pablo dijo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (I Corintios 2:2).

Oh, cómo me gustaría que nuestros predicadores volvieran al tema principal, y predicaran sermones completos sobre la muerte vicaria y la resurrección física de Cristo. Cristo crucificado y resucitado fue sin duda lo que el gran Apóstol predicó a Lidia. Las personas perdidas no son salvas por el tal llamado “evangelio de la prosperidad”, o por temas de “como hacer” que tantos predicadores predican hoy en día. Y no es suficiente mencionar brevemente el Evangelio al final de un sermón dirigido a los Cristianos. Los pecadores necesitan escuchar sermones completos sobre el Evangelio de Cristo. “¿Pero y qué de los Cristianos?” alguien puede decir. Que vengan al servicio de la noche para escuchar sermones dirigidos a ellos. Y si tú no tienes un servicio de la noche, ¡qué vergüenza! ¡Has seguido el mismo camino que los liberales! Tenemos que predicar como Pablo predicó si queremos ver almas salvas y añadidas a nuestras iglesias. El gran Spurgeon dijo de Pablo:

Él solo tenía un tema, y ese era Cristo...el Cristo que todavía era capaz de salvar; el Cristo que derramó sangre en la cruz, para llevar a los hombres a Dios, y limpiarlos con su sangre; el Cristo en el cielo, intercediendo por los pecadores...Pablo no pondría fin a su tema sin decir: “confía en él: confia en él. El que en él cree tiene vida eterna” (traducción de C. H. Spurgeon, “Lydia, the First European Convert,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, 1973 reimpresión, volumen 37, p. 488).

Eso es lo que tú necesitas escuchar – Cristo murió en tu lugar, para salvarte de la ira de Dios, y para limpiar tus pecados con Su preciosa Sangre. Él se levantó de entre los muertos para darte vida. Ahora está a la diestra de Dios en el Cielo. ¡Ven a Cristo! ¡Sé lavado de tus pecados por Su Sangre! Eso es lo que Pablo le predicó a Lidia, ¡y eso es lo que yo te estoy predicando esta mañana! El Apóstol Pablo dijo: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 6:14). ¡Que nuestro tema principal siempre sea la cruz de Cristo! Cristo murió en nuestro lugar, para pagar por nuestros pecados. ¡Ven a Cristo como Lidia lo hizo cuando Pablo le predicó el Evangelio a ella!

IV. Cuarto, la obra de Dios en su conversión.

Nuestro texto dice de Lidia, “el Señor abrió el corazón de ella” (Hechos 16:14). Lidia y Pablo fueron reunidos por la providencia de Dios. Lidia escuchó muy atenta a la predicación de Pablo. Pablo le predicó el Evangelio de Cristo a ella. Pero ahora vemos que su corazón fue abierto por Dios Mismo.

El corazón de Lidia fue abierto por Dios, por eso ella entendió el Evangelio. Siempre me sorprende que muchas personas no entienden los hechos más simples sobre el Evangelio. Tiene que haber algo oscuro y Satánico en su ceguera. El mismo Pablo dijo que esto era verdad:

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (II Corintios 4:3-4).

Satanás es “el dios de este mundo”. Él ha cegado tu mente. Sin embargo, llega alguien y rápidamente entiende que Jesús murió por sus pecados – y despierta inmediatamente. Sólo podemos decir: “De parte de Jehová es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos” (Salmo 118:23). Pablo dijo:

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (II Corintios 4:6).

Pero más que solo entendiendo el Evangelio, el corazón de Lidia se abrió a Cristo Mismo. Ella debe haber pensado: “Ahora que entiendo que Cristo murió por mis pecados, y derramó Su Sangre para limpiarme de mi pecado, yo vendré a Él. Quiero a Cristo y lo quiero ahora”. En ese mismo momento ella fue a Jesús y fue salva. Oro para que alguien aquí esta mañana venga a Jesús con simple fe. “¡Él te salva, Él te salva, Él te salvará!” Amén. Por favor pónganse de pie y canten el himno número cuatro.

Oh, alma que en pecado estás, ven pronto al Señor,
   Y si confías hoy en Él, descanso hallarás.
A Jesús ven, a Jesús ven, y confía en Él,
   Él te salva, Él te salva, Él te salvará.

Preciosa Sangre Él derramó que trae bendición;
   Ven hoy al rojo manantial y limpio quedarás.
A Jesús ven, a Jesús ven, y confía en Él,
   Él te salva, Él te salva, Él te salvará.

Jesús, verdad, camino es, te guía a descansar:
   Venid a Él sin retrasar y bendición tendrás.
A Jesús ven, a Jesús ven, y confía en Él,
   Él te salva, Él te salva, Él te salvará.
(Traducción libre de “Only Trust Him” por John H. Stockton, 1813-1877).

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

You may email Dr. Hymers at rlhymersjr@sbcglobal.net, (Click Here) – or you may
write to him at P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Or phone him at (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Dr. Kreighton L. Chan: Hechos 16:6-15.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Oh, What a Fountain!” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

LA CONVERSIÓN DE LIDIA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14).

I.   Primero, la obra de providencia en su conversión,
Romanos 8:28; Hechos 16:6, 7, 9, 10, 13-14.

II.  Segundo, la obra de Lidia en su conversión, Lucas 13:24;
Romanos 10:14.

III. Tercero, la obra de Pablo en su conversión, Hechos 16:10;
I Corintios 15:1-4; 1:23; 2:2; Gálatas 6:14.

IV. Cuarto, la obra de Dios en su conversión, II Corintios 4:3-4;
Salmo 118:23; II Corintios 4:6.