LA PROMESA DE CRISTO AL LADRÓN CONVERTIDO

Por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 26 de Abril de 2009

“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).


Cuando los soldados Romanos clavaron a Jesús en la Cruz; dos ladrones fueron crucificados con Él, uno a Su lado derecho y el otro a Su lado izquierdo. Me parece a mí que estos dos ladrones representan a toda la raza humana. Durante las primeras horas que Cristo estuvo en la Cruz, se nos dice en el Evangelio de Marcos que estos dos hombres lo injuriaban:

“También los que estaban crucificados con él le injuriaban [lo reprendían, Strong]” (Marcos 15:32).

Parece, según el Evangelio de Mateo, que los dos ladrones repetían lo que los principales sacerdotes y los escribas gritaban.

“A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él…Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:42, 44).

Pero, mientras el día avanzaba, en uno de los ladrones hubo un cambio de corazón. Él admitió que era pecador, que merecía la crucifixión, pero él dijo sobre Jesús:

“Éste ningún mal hizo” – nada malo (Lucas 23:41).

Entonces el ladrón arrepentido le dijo a Jesús,

“Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

Fue una oración simple, sencilla, pero reflejó su conversión, el cambio en su corazón. Como respuesta, Jesús le dio las palabras que se encuentran en nuestro texto:

“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Podemos aprender varias cosas de este texto.

I. Primero, solo a uno de los ladrones se le dio esta promesa.

Jesús dijo,

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Cristo le dio esa promesa únicamente al hombre que experimentó aquel cambio de corazón lo cual es llamado “conversión”.

Como dije, los dos ladrones representan a toda la raza humana en varias maneras. Ambos estaban injuriando a Cristo, mostrando así la enemistad de todos los hombres hacia Dios:

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios”
      (Romanos 8:7).

La enemistad y el odio interno hacia Dios se reveló por el hecho de que ambos injuriaban al Hijo de Dios.

Tu propia alma inconversa es enemistad contra Dios de acuerdo a las Escrituras. Hay una profunda oposición hacia Dios en tu propio corazón inconverso, frecuentemente revelado en muchas maneras, algunas abiertamente, y otras secretamente. Te puedo preguntar, ¿haz cometido pecados en secreto en contra de Dios que nadie sabe solo Él? Te puedo preguntar, ¿alguna vez haz estado enojado contra Dios por no haberte bendecido más? ¿Alguna vez has pensado que Dios está equivocado al enviar personas al Infierno? ¿Alguna vez te diste cuenta que no disfrutas a Dios en oración? ¿Y no es verdad que el mero hecho de que no te gusta orar es prueba que no te gusta estar en la presencia de Dios? Te podríamos preguntar la misma cosa acerca de la predicación de la Palabra de Dios, la Biblia. ¿Disfrutas la verdad cuando te es predicada a ti de la Palabra de Dios? ¿O estos sermones te hacen sentir intranquilo, y hasta enojado algunas veces? Y si eso es verdad de ti, ¿no es eso prueba de que tienes la misma oposición y enemistad en tu corazón que los dos ladrones tenían antes que uno de ellos fuera cambiado por el Espíritu de Dios? ¿Y no muestra tu oposición interna contra Dios que estás en la misma condición en que estos dos ladrones estaban antes de que uno de ellos experimentara el gran cambio de la conversión?

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

También, ya que la promesa de salvación fue dada a solo uno de los ladrones, esto muestra que algunos serán salvos y otros serán perdidos. ¿No aclara eso nuestro pasaje? Los predicadores liberales, que no creen la Biblia por completo, frecuentemente usan nuestro texto en funerales, cuando ellos dicen que una persona perdida que no ha sido convertida estará en el paraíso. Pero esto es torcer las Escrituras. El Apóstol Pedro dijo:

“Las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, [tuercen, pervierten, Strong, retuercen], como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (II Pedro 3:16).

Requiere “torcer” o “retorcer’ las Escrituras para hacer que la promesa de Dios en nuestro texto se aplique a un hombre inconverso en su funeral. Y el predicador que pervierte el texto en esa manera para complacer a los amigos de un muerto inconverso, algún día tendrá que darle cuentas a Dios por su deshonestidad. No, no hay nada en nuestro texto que dé esperanza alguna a la persona que muera sin tener ese cambio en el corazón que es llamado la “conversión”. La promesa no fue hecha al ladrón inconverso, o a cualquier otro hombre o mujer inconverso. La promesa fue solamente para el ladrón que experimentó la conversión, y por aplicación, solo a los que experimenten la conversión antes de morir. Algunos son salvos, quienes se voltean a Cristo. Otros son eternamente perdidos porque rechazan a Cristo. En estas maneras los ladrones representan a toda la humanidad. Solo uno de los ladrones fue salvo. El otro estaba perdido. Toda la humanidad es salva o perdida. Jesús dijo:

“El que creyere...será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).

Uno de los ladrones creyó en Jesús y fue salvo. El otro rehusó creer en Jesús y fue condenado al fuego eterno del Infierno. La promesa del texto solo fue dada al hombre que fue salvo por Jesús.

“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

II. Segundo, el ladrón que fue convertido tuvo la promesa de ingreso inmediato con Jesús al paraíso el momento de su muerte.

Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Esto nos muestra que el alma de Jesús fue al paraíso de inmediato, el momento que El murió en la Cruz. Varios predicadores de “prosperidad” hoy dicen que el alma de Jesús fue al Infierno después de morir en la Cruz. Yo personalmente oí a un famoso predicador Americano de “prosperidad” decir eso en televisión recientemente. Oí a ese predicador decir: “Jesús se quemó en el Infierno para pagar por nuestros pecados”. ¡Qué blasfemia! ¡Qué error! ¡No, qué herejía! No hay ni un trazo de la Escritura que diga que Jesús fue al Infierno después de morir, y que “Se quemó en el Infierno para pagar por nuestros pecados”. ¡Eso no está en la Biblia! La Biblia enseña que El padeció y murió para pagar por nuestros pecados ¡en la Cruz – no en el Infierno!

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero [la cruz]” (I Pedro 2:24).

“Por medio de él reconciliar consigo todas las cosas…haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20).

Mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo” (Efesios 2:16).

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”
       (I Corintios 1:18).

Es por eso que el Apóstol Pablo dijo:

“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (I Corintios 2:2).

Cristo hizo sacrificio completo por nuestros pecados, borrando las ordenanzas del Antiguo Testamento:

“que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Y de nuevo, el Apóstol dijo que Cristo lo envió

“predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (I Corintios 1:17).

Y de nuevo, al Apóstol dijo:

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 6:14).

La Cruz es el símbolo de la Cristiandad, no el fuego del Infierno. Si Cristo expió por nuestro pecado quemándose en el Infierno, y no cuando sufrió en la Cruz, entonces el símbolo de la Cristiandad debería de ser el fuego, no la Cruz en la que Jesús murió. ¡Pero Jesús pagó por nuestros pecados sobre la Cruz! Su alma no fue a quemarse al Infieno para pagar por nuestros pecados. ¡Eso es por lo menos ignorancia y por lo más herejía! Nuestro texto mismo nos dice que el alma de Jesús no fue al Infierno cuando El murió en la Cruz. Si El iba a ir al Infierno al morir, El le hubiera estado mintiendo al ladrón convertido cuando le dijo:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Si aquellos predicadores Americanos de “prosperidad” estuvieran en lo correcto, Jesús tendría que haberle dicho al ladrón:

“Hoy estarás conmigo en el infierno”.

¿Qué consuelo hubiera sido ese para la ladrón convertido? ¡Fuera con tal insensatez de la faz de esta tierra! ¡Jamás le creas a ningún predicador que diga que Jesús pagó por tus pecados en el Infierno! ¡Y jamás creas cualquier otra cosa que diga ese predicador! ¡Si está tan ciego para no entender la centralidad de la Cruz, eres muy necio al creer cualquier cosa que él diga desde su púlpito!

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

¡Las almas de Jesús y del ladrón convertido ambas fueron inmediatamente al paraíso aquel día!

III. Tercero, el ladrón escapó del Infierno cuando él confió en Jesús y fue convertido.

Cuando ese ladrón confió en Cristo, sus pecados fueron inmediatamente limpiados por la Sangre del Salvador, y el poder soberano de Dios Todopoderoso convirtió su alma perdida, así que Jesús le pudo decir a él:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Sin embargo necesitamos recordar que cuando El le hizo esa promesa al ladrón convertido, El no estaba negando la realidad del Infierno. Nadie predicó jamás sobre el Infierno más que Jesús. En su predicación El le advertía a la gente a

“huir de la ira venidera” (Mateo 3:7).

Jesús dijo que El

“dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (Mateo 25:41).

Jesús hablaba del Infierno como el lugar

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:46).

¡Nunca nadie hizo el Infierno más claro que el Señor Jesucristo!

Así que esta mañana te digo con las palabras de Jesús: “huir de la ira venidera”. Arrepiéntete de tus pecados como el ladrón moribundo. Tienes que tener un cambio completo de mente tocante a tu vida pecaminosa. Tienes que volverte de tus pecados hacia Cristo. ¡Entonces ven a Jesucristo por fe simple! ¡Sé limpiado por Su Sangre santa! ¡Sé convertido por la gracia de Dios, y nunca más vuelvas a tus viejos pecados. No vengas vez tras vez a ser “convertido”. ¡La conversión de esa clase no es sino puro Catolicismo Romano, donde tienes que volver al sacerdote para ser absuelto todas las semanas! ¡Esa no es nuestra fe Bautista y Protestante! Ven a Cristo de una vez por todas. Confía en El una vez por todas. Sé lavado en Su Sangre de una vez por todas. ¡Vive la vida Cristiana y jamás vuelvas atrás!. Luego cuando llegue la hora de que mueras como el ladrón, Jesús dirá:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Cantemos de pie el grande himno sin edad de William Cowper. Es el número siete en tu hoja de canciones.

Hay un precioso manantial de sangre de Emanuel;
Al sumergirse el pecador Las manchas pierde el.
Las manchas pierde el, Las manchas pierde el,
Al sumergirse el pecador, Las manchas pierde el.

Tal manantial miro feliz El ladron muriendo alla;
Tan vil como el yo puedo alli Lavar mi culpa y mal;
Lavar mi culpa y mal, Lavar mi culpa y mal,
Tan vil como el yo puedo alli Lavar mi culpa y mal.
   (traducción libre de “There Is a Fountain” por William Cowper, 1731-1800).

(FIN DEL SERMÓON)
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en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Lucas 23:33-46.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“There Is a Fountain” (por William Cowper, 1731-1800).


EL BOSQUEJO DE

LA PROMESA DE CRISTO AL LADRÓN CONVERTIDO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

(Marcos 15:32; Mateo 27:42, 44; Lucas 23:41, 42)

I.   Primero, solo a uno de los ladrones se le dio esta promesa,
Romanos 8:7; II Pedro 3:16; Marcos 16:16.

II.  Segundo, al ladrón que fue convertido se le prometió ingreso
Inmediato con Jesús al paraíso al momento de morir,
I Pedro 2:24; Colosenses 1:20; Efesios 2:16;
I Corintios 1:18; 2:2; Colosenses 2:14;
I Corintios 1:17; Gálatas 6:14.

III. Tercero, el ladrón escapó del Infierno cuando confió en Jesús y fue
convertido, Mateo 3:7; 25:41; Marcos 9:46.