CÓMO EL ESPÍRITU SANTO GLORIFICA A CRISTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.


Un sermón predicado en la Tarde del Día del Señor, 18 de Junio de 2006
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14).


Si estudias la historia de la Cristiandad empezarás a darte cuenta de que vivimos en lo que el Dr. Martyn Lloyd-Jones llamó “días de desánimo” (Martyn Lloyd-Jones, M.D., Preaching and Preachers, Zondervan Publishing House, 1971, p. 117). Eso es muy cierto particularmente aquí en el mundo Occidental, aunque parece que Dios se mueve de modos que dan ánimo en el Tercer Mundo, especialmente en la China, el Sudeste de Asia, África, y en partes de la India.

Pero aquí en las grandes democracias del Occidente, estos son realmente “días de desánimo” especialmente para los predicadores. Y el racionalismo del Alumbramiento se ha filtrado hasta el hombre común, y le ha devorado el corazón a las grandes denominaciones, siendo meramente una sombra de su primera gloria.

Hubo una división entre aquellos que un creen la Biblia, en el siglo veinte. Una mitad se fue a exponer la Biblia, y la otra a varios niveles fanáticos respecto al Espíritu Santo. Pero ambas conservaron el mismo punto de vista respecto a los métodos de evangelismo.

El Dr. A. W. Tozer fue llamado “un profeta del siglo veinte” durante su propia vida, y sigue siendo llamado así más de cuarenta años después de su muerte. El Dr. Tozer hizo dio esta declaración en uno de sus escritos, y creo que es una declaración sabie y cierta. Él dijo:

Una de las serias debilidades del evangelismo de hoy es la cualidad mecánica de su modo de pensar. Un Cristo útil ha tomado el puesto de el Salvador radiante de otros tiempos más felices. Este Cristo puede salvar, es cierto, pero se cree que Él lo puede hacer de una manera práctica, pareja, pagando nuestra deuda y halando el recibo como un cajero que da por pagada la cuenta. La sicología de un cajero de banco caracteriza mucho de nuestro pensamiento religioso...La tragedia es que es verdad sin ser toda la verdad (A. W. Tozer, D.D., We Travel an Appointed Way, Christian Publications, reimpresion de 1988, pp. 63-64).

El Dr. Tozer dijo que “un Cristo útil” ha tomado el puesto de “el Salvador radiante de otros tiempos más felices” de la historia Cristiana. La palabra “útil” se refiere a ser usado, “que enfatiza su utilidad sobre toda otra consideración” (traducción libre de Webster’s New Twentieth Century Dictionary). Tozer nos dice que los Cristianos hoy tienden a pensar de Cristo solo como un medio útil para obtener la salvación. Él dice que tendemos a tener una “cualidad mecánica en nuestro evangelismo... [y] un punto de vista utilitario de Cristo,” un Cristo que puede ser “usado” mecánicamente para obtener la salvación. Él dijo que nosotros pensamos que Cristo “salva” a la persona como un cajero de banco “halando el recibo...que da por pagada la cuenta.” Lo que el Dr. Tozer señala es un evangelismo mecánico, donde la persona simplemente está de acuerdo con dos o tres doctrinas Cristianas, toma una “decisión” automática y supuestamente recibe la salvación, como recibes el recibo cuando vas al banco. Me temo que él tiene razón. Y este punto de vista utilitario nos da una salvación mecánica... Tú “vas al frente,” o dices ciertas palabras en la “oración del pecador,” y se acaba la transacción, y te vas, de vuelta al mundo, olvidándote de Cristo y de Su iglesia. Después de todo, ya pasaste por el rito y dijiste las palabras correctas. ¿Qué más hay en la salvación después de esto?

Luego, después de que la persona ha pasado por el mecanismo de hacer una “decisión” y de ser rápidamente bautizada, el predicador se pregunta qué hacer con ella. El primer grupo de evangélicos que mencioné toma al recién mecánicamente-decididamente “converso” y tratan de edificarlo enseñándole la Biblia. El segundo grupo trata de llevarlo a una “segunda obra” del Espíritu. La triste realidad es que en la mayoría de casos, ninguna “primera obra” se ha llevado a cabo – así que ninguna cantidad de estudio Bíblico ni de “experiencias más profundas” podrá hacerle ningún bien, Ya que aun tiene

“…el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4:18).

Como resultado de presentar a un “Cristo utilizable” de un modo “mecánico” no hay una conversión real – y por lo tanto, ninguna cantidad de enseñanza Bíblica ni de “experiencias más profundas” podrá serle de ayuda. Es por eso que más del 90% de nuestros “conversos” modernos caen bien rápido, la mayoría de ellos nunca vuelven a la iglesia.

Pero Jesús dio un método más cierto y más Bíblico de la conversión cuando dijo, tocante al Espíritu Santo:

“El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14).

Este verso revela la importantísima obra del Espíritu Santo en la conversión verdadera. Pensemos en nuestro texto con un poquito más de profundidad.

I. Primero, lo que el Espíritu Santo no glorifica.

“El me glorificará” (Juan 16:14).

Podemos verlo del lado negativo comentando sobre lo que, según nuestro texto, el Espíritu Santo no glorifica.

Debo parar aquí para explicar lo que la palabra “glorificará” significa en este texto. La palabra Griega que se ha traducido “glorificará” quiere decir “dar honor, magnificar, engrandecer” (traducción libre de Strong’s Exhaustive Concordance). El propósito del Espíritu Santo es exaltar, honrar, y magnificar a Cristo, hacerlo grande ante los ojos del pecador.

Esto, por supuesto tiene un lado negativo. Si el propósito del Espíritu Santo es exaltar y magnificar a Cristo, hay al menos tres cosas que Él no glorifica ni exalta, al menos en el mismo grado.

Lo primero es la doctrina. Con esto quiero decir la teología sistemática. No debes pensar que estoy poniendo de menos la necesidad de teología, conocida como la sana doctrina. Para nada. Aquí en el librero en mi estudio al obrar en este sermón veo [libros varios de teología] Dogmatic Theology por W. G. T. Shedd, Lectures in Systematic Theology por Dr. Henry C. Thiessen, Strong’s Theology, y muchos otros libros sobre doctrina. Los sermones de Spurgeon están llenos de doctrina. Esa es una de las cosas que les da tal fuerza vital. Los sermones de Spurgeon son de doctrina, y está bien – según lo que es. Porque la doctrina sola no trae la salvación.

La doctrina nos guarda de desviarnos a herejías y a fanaticismos de varias clases. Pero la doctrina teológica correcta, por ella sola, no da vida a un alma inconversa. Cristo sabía esto, y por eso dijo tocante al Espíritu Santo:

“El me glorificará” (Juan 16:14).

La próxima cosa que el Espíritu Santo no glorifica ni magnifica es la experiencia humana. Es aquí donde los que de otro modo serían buenos predicadores Carismáticos y Pentecostales erran. Ellos tienden a no darle tanto énfasis a la doctrina y a exaltar la experiencia humana. Este es un error que ha producido muchas prácticas y creencias que no son Bíblicas y que hasta son herejes en nuestro tiempo. No daré una lista, pero creo que podrás muchas de ellas al encender la televisión por algunos minutos y ver a algunos de los predicadores populares del “Espíritu Santo.”

La tercera cosa que Cristo no promete es que el Espíritu Santo glorificará la ley. Yo no estoy en contra de predicar la ley, porque puede ser lo que los Puritanos llamaban “obra del corazón,” mostrándole al pecador su necesidad de Cristo. Está bien. Pero predicar la ley nunca debe ser por sí sola. Si se hace así, el sermón será como un hostigamiento, diciéndole a la gente lo que debe hacer, empujándola a hacer más y más. Se puede degenerar a regaños, y el predicador se convierte como el maestro de Escuela Dominical que trata de corregir a los estudiantes a que se porten bien, citándoles versos Bíblicos que les dicen lo que ellos deberían hacer, empujándolos a ser más y más buenos, como si el buen comportamiento de algún modo los llevará al reino de Dios. A menudo esto hace que los estudiantes odien en su corazón la Escuela Dominical, y hasta la escuela Cristiana que atienden. Tales estudiantes se pueden aprender muchas partes de la Escritura que les dicen que sean niños y niñas buenos, sin llegarles al corazón ni convertirlos. Como lo puso Lutero, no somos convertidos por la enseñanza moral de la ley, ¡sino por el amor de Dios en Cristo Jesús! Yo creo que en ese punto tenía razón. La ley no se debe usar solo para enseñarnos lo bueno y lo malo, sino para mostrarnos que la hemos roto, y que necesitamos misericordia y perdón de nuestro Salvador. Esas son algunas de las cosas que el Espíritu Santo no ha venido a magnificar, honrar ni glorificar.

II. Segundo, a quien glorifica el Espíritu Santo.

“El me glorificará” (Juan 16:14).

¿Cómo exactamente le sucede eso a una persona inconversa? Bueno, el Espíritu Santo comienza a magnificar y a exaltar a Cristo al mostrarle a la persona inconversa su falta de dignidad y pecado. Cristo no será magnificado ante los ojos de un inconverso hasta que él vea su necesidad, como pecador arruinado. Hasta que el inconverso vea que esta perdido no sentirá su necesidad por el Salvador. Como el Dr. J. Gresham Machen lo dijo: “Al no estar conciente de pecado, el evangelio entero ha de parecer como un cuento vacio” (traducción libre de J. Gresham Machen, Ph.D., Christianity and Liberalism, Eerdmans, 1923, reimpreso en 1983, p. 66).

Por lo tanto, la primera obra del Espíritu Santo es convencer a la persona inconversa de su pecado. En este mismo pasaje de la Escritura, en Juan 16:8, Jesús dijo:

“Y cuando él [el Consolador, o sea, el Espíritu Santo] venga, convencerá [“dirá la culpa,” Strong] al mundo de pecado…” (Juan 16:8).

Esta es la obra inicial, la primera obra, del Espíritu Santo en la conversión. Él reprueba al pecador. Él convence al pecador de su condición. Él le dice al pecador que está en culpa. Él no hace esto para regañarlo para que viva una vida mejor, sino que para convencerlo de su condición perdida sin esperanza.

¿Puedo decirte que necesitas esa obra convincente del Espíritu de Dios? ¿Te puedo decir que pongas atención a la obra del Espíritu de Dios en tu propia conciencia? Como lo pone el Dr. Martyn Lloyd-Jones:

¿No nos condena nuestra propia conciencia? Cuando saco mis argumentos teóricos e intelectuales, una voz dentro de mi me condena...diciéndome que no es cierto. Ningún hombre puede ultimadamente satisfacerse a sí mismo, él sabe que nada de él mismo es bueno lo suficiente. Una cosa es alegar y tratar de imponer inteligentemente tu punto en un debate, pero cuando un hombre se queda a solas consigo mismo, y cuando un hombre se mira a sí mismo y se examina a si mismo, sabe que es indigno e inadecuado. Mi propia boca me condenará si ante la presencia de Dios yo trato de decir que soy perfecto (traducción libre de D. Martyn Lloyd-Jones, M.D., Old Testament Evangelistic Sermons, Banner of Truth Trust, 1995, p. 165).

¿Todavía piensas que puedes ver tu conciencia y decir honestamente “Soy bueno lo suficiente ante los ojos de Dios”? Es solamente cuando empiezas a ser honesto y abierto con tu propia conciencia que comienzas a ser convencido de tu naturaleza pecaminosa caída y culpable ante los ojos de Dios. Esta clase de honestidad contigo mismo es producida por el Espíritu de Dios, llevando a la persona perdida al lugar donde Cristo puede ser glorificado, magnificado, y engrandecido, a los ojos del pecador.

¿Eres bueno lo suficiente de modo en que te encuentras? Si así lo crees, entonces el evangelio no tiene nada para ti. Es solo “un cuento” que oyes vez tras vez en la iglesia. El evangelio de Cristo jamás te agarrará a menos que primero haya una herida punzante en tu corazón por el Espíritu de Dios.

La convicción es crítica. Puede llegar rápidamente, solamente segundos o minutos antes de la conversión. O puede llegar lentamente, en un periodo de días. A veces la obra convincente continúa por un tiempo más largo, como en el caso de John Bunyan, que estuvo convicto creo yo por 18 meses. Lutero estuvo en un estado convicto aun más tiempo que eso. También Spurgeon.

En la convicción, una terrible guerra toma lugar en el alma del pecador. ¿Estás tú en ese estado ahora? Si lo estás, hay una batalla dentro de ti. Es una batalla entre tu propia naturaleza depravada y el Espíritu de Dios. Tu naturaleza corrupta quiera la salvación por sus propios términos, no los de Dios. Dios te muestra tu pecado interior, y resistes, no estando de acuerdo con el Espíritu, peleando contra el Espíritu, tratando de ser salvo sin someterte al veredicto de Dios en contra tuya como un hombre o mujer perdido, incorregible, depravado.

Talvez pensarás que todavía no has comenzado a ser convencido, cuando de hecho, la obra de la convicción ya ha empezado en ti. Si te sientes lúgubre y ansioso y confundido, ¿quién crees que te ha dado esos pensamientos lúgubres, de ansia y confusión? ¡Quién más que el Espíritu de Dios!

La palabra “confundido” a menudo describe la primera parte de la convicción. “Confundido” quiere decir “perturbado,” “perplejo,” “inseguro,” aun “desconcertado.” Al principio de la convicción, el pecador puede decir constantemente: “Pero ¿cómo puedo ser salvo?” Es eso exactamente lo que el carcelero Filipense dijo cuando fue convicto. Pero si tu convicción no es profunda cuando haces esa pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” nada resultará de ello, y serás perturbado y desconcertado porque tu corazón todavía pelea contra el Espíritu de Dios. Una persona puede continuar en un estado perturbado por algún tiempo, porque rehúsa someterse al veredicto de la condenación completa que tiene bien merecida. La pelea que toma lugar en su alma es con el Espíritu de Dios, convenciéndole de pecado, y la persona rehusando a someterse a ello y llegar al final de sus argumentos y dudas. Como dije antes, esto puede suceder bien rápido, o puede ser un conflicto interior largo con Dios. ¿Cuánto durará este terrible tiempo de resistirte a cómo Dios ve tu pecado? Depende de si te sometes a la ley de Dios, y estás de acuerdo totalmente en que en el estado en que te hallas no eres digno de nada sino solo de la condenación.

Cuando el pecador finalmente para de pelear con Dios en su alma y se rinde, deja sus argumentos, y cede a la convicción de que es rebelde, y que pelea con Dios, y que merecer el juicio de Dios por completo, la obra convincente del Espíritu de Dios está llegando a un cierre, porque Él ha ganado la batalla por tu alma, como debe. El pecador ahora está en un estado sin esperanza, y desesperación, sin hallar nada en sí mismo que pueda ponerlo bien ante los ojos de un Dios santo. En este punto, con toda la pelea arrancada de él por la obra convincente de Dios, él se ve a sí mismo como un “gusano” terriblemente rebelde y asqueroso ante los ojos de Dios. Citando las famosas palabras del Dr. Watts:

¿Él devotó su sagrada cabeza
Por un gusano como yo?
   (“Alas! And Did My Saviour Bleed?” por Isaac Watts, 1674-1748).

Ahora, cuando te veas a ti mismo como a un “gusano” pecador, podrías estar listo para la última obra del Espíritu de Dios, que es:

“El me glorificará” (Juan 16:14).

Con todos tus argumentos silenciados, y solamente un sentido profundo de la falta de ser digno y del pecado en ti, el Espíritu de Dios estará listo para glorificar, dar honor, y engrandecer al Hijo de Dios ante tus ojos por la primera vez en tu vida.

Si esa hora se te llega, de repente verás a Jesús de una nueva manera. Él ya no será una figura del distante pasado. Ahora Él aparecerá en tu mente como el Cordero de Dios que puede quitar tu estado de confusión, batalla interna, suciedad de corazón y mente. Como un rayo de luz Jesús aparecerá como la única solución, la única esperanza, para un “gusano” pecador como tú.

“El me glorificará” (Juan 16:14)

en tu corazón. Y verás claramente que Jesús es bálsamo de Gilead. Tú lo verás como el unigénito Hijo de del Padre, glorificado, lleno de gracia y de verdad. Tú lo verás como el único Redentor que podía pagar la pena de tu pecado, por tí, que la justificación es solamente por Su justicia, que la limpieza es solo por Su Sangre, y que la expiación por el pecado solamente por Su sacrificio en la Cruz. Verás que Jesús solo puede justificarte del pecado, que Jesús solo puede vestirte en Su propia justicia, ajena, ajena porque viene de Él que vive arriba, y no de dentro de ti, de ninguna manera. Y a Su justicia, ajena, con la que Él te puede vestir, Cristo añade la limpieza de tu pecado por Su preciosísima y santa Sangre.

“El me glorificará” (Juan 16:14).

Tener estos pensamientos de glorificar y exaltar a Jesús viene solamente a aquellos han sido preparados por el Espíritu de Dios para recibirlos por la experiencia humillante de la convicción de pecado.

Pero, si estás listo, si estas “cansado de la carga de tu pecado,” como lo dice el viejo himno, ¿mirarás tú a Jesús, tu amigo más querido, tu gran liberador, tu única esperanza?

Has sido arrastrado por el lodo de la convicción. ¿Vendrás ahora a las aguas limpias que fluyen del amor de Jesús, a ser lavado en Su Sangre, vestido en Su santidad y Su justicia?

¿Vendrás y doblarás la rodilla al exaltado Hijo de Dios? ¿Te someterás a Él y descansarás en Su amor? ¿Lo harás esta noche?

“Pero no estoy convicto lo suficiente,” dices tú. ¡Basura! Has batallado contra Dios lo suficiente. Acaba esta noche. Cuando digas “sí” a la pregunta, “¿Vendrás a Cristo?” bien podrás haber acabado – tú alma salva por Cristo Jesús. ¿Terminarás tu pelea contra el Espíritu de Dios está noche y te someterás a Cristo por venir a Él ahora? Si lo harás, Cristo será magnificado, honrado y engrandecido ante tus ojos.

“El me glorificará” (Juan 16:14).

Y tú, como el Apóstol Juan, podrás decir:

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas…vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18).

Cuando eso suceda, ya no tendrás al “Cristo útil, mecánico,” del que habla el Dr. Tozer. El Espíritu Santo habrá glorificado a Cristo y lo habrá hecho muy grande ante tus ojos. No te quedará nada más qué hacer sino caer a Sus pies y confiar en Él por fe. Luego sabrás que tu salvación fue Su don a un “gusano” miserable, depravado que no la merece de ninguna manera, porque “la salvación es de Jehová [el Señor]” (Jonás 2:9). Amen.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Juan 16:7-15.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Jesus, Only Jesus” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

COMO EL ESPÍRITU SANTO GLORIFICA A CRISTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.


“El me glorificará’ porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14).

(Efesios 4:18)

I.   Lo que el Espíritu Santo no glorifica, Juan 16:14.

II.  A quien glorifica el Espíritu Santo, Juan 16:8;
Apocalipsis 1:17-18; Jonás 2:9.