LA PARÁBOLA DEL HIJO MAYOR

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
Sábado en la tarde, 3 de Enero de 2004


"Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas...Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase"
   (Lucas 15:25, 28).


La parábola del Hijo Pródigo se da del verso 11 al 24. En la parábola de Cristo, un hombre tenía dos hijos. El hijo menor tomó su herencia y se fue lejos a otro país. Este es un retrato del mundo Gentíl apostatando de Dios. El hombre en la parábola representa a Dios. El hijo menor representa a los Gentiles que:

"Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido"
      (Romanos 1:21).

Pero el hijo menor despertó de su pobreza y decidió regresar a su padre. Esto representa al mundo Gentil volviendo a Dios por medio de la predicación de Cristo y de los Apóstoles. El profeta Isaías pronosticó que Dios enviaría a Cristo a los Gentiles,

"También te di por luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra" (Isaías 49:6).

Así, el hijo menor retrata a los publicanos y pecadores, los Samaritanos y Gentiles, que vinieron a Dios por medio de Jesucristo. Como el Apóstol Pablo dijo:

"Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor..." (Hechos 13:47-48).

Pero el hijo mayor representa a los escribas y Fariseos. Mira a Lucas, capítulo quince, los versos uno al tres.

"Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oirle, y los fariseos y los escribas murmuraban [se quejaban], diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola..." (Lucas 15:1-3).

Cristo dio la parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida, y luego la parábola del hijo perdido (la parábola del Hijo Pródigo). Estas tres parábolas muestran que Dios se regocija por los publicanos y pecadores que reciben salvación por medio de Cristo. Los Fariseos quejumbrosos son retratados como el hijo mayor. La palabra del Hijo Mayor en el verso veintinueve describe perfectamente las quejas y murmuraciones de los Fariseos:

"He aquí tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás..." (Lucas 15:29).

Nota de nuevo, el verso dos:

"Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come" (Lucas 15:2).

J. C. Ryle da estos comentarios:

El hijo mayor es un retrato exacto de los Judíos en la época de nuestro Señor. Ellos no soportaban la idea de que su hermano Gentíl fuera partícipe de sus privilegios...el hermano mayor es un tipo exacto de los Escribas y Fariseos del día de nuestro Señor. Ellos se quejaban de que nuestro Señor recibía a pecadores y comía con ellos. Ellos murmuraron porque Él abrió la puerta de salvación a publicanos y rameras...Nuestro Señor vio claramente el estado de las cosas; y nunca lo pintó con poder gráfico mayor que como en este retrato del "hijo mayor" (J. C. Ryle, Expository Thoughts on Luke - Volume Two, Banner of Truth Trust, 1986, p. 190).

Este, entonces es el significado doctrinal básico de este pasaje de la Escritura. Pero, por supuesto, tiene una profunda aplicación el día de hoy. Miles de sermones han sido predicados acerca del Hijo Pródigo regresando a su padre. Y está bien aplicar el pasaje de esta manera. Pero también es correcto que prediquemos tocante al Hijo Mayor, que nunca dejó la casa de su padre. Como J. C. Ryle señaló, "El hermano mayor es un tipo exacto de una amplia clase en la Iglesia de Cristo hoy día" (ibid.). El hermano mayor representa a aquellos que han sido criados en la iglesia, aquellos que han asistido a la iglesia toda su vida, pero nunca han experimentado la conversión verdadera. Ryle dice: "El hombre que puede tener gran interés en la política, o...en los deportes, o en ganar dinero, pero ninguno en la conversión de almas, no es Cristiano. Él mismo está 'muerto' y se debe causar que 'viva otra vez'. Él mismo está 'perdido' y debe ser hallado" (ibid., pp. 192-193).

Esta es una parábola de Cristo. Por lo tanto, es apropiado que pensemos acerca de cual parte de la parábola nos toca a nosotros, tal como predicadores lo hacen con la parábola del Hijo Pródigo. Estoy siguiendo la mayoría de la explicación y aplicación que el Dr. Gill da sobre la parábola del Hijo Mayor (John Gill, D.D., An Exposition of the New Testament, The Baptist Standard Bearer, 1989 reprint, volume 1, pp. 650-651).

Leamos de pie en voz alta los versos 25 y 28,

"Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas...Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase" (Lucas 15:25, 28).

Se pueden sentar.

Como he dicho, este hijo mayor se aplica a aquellos de ustedes que han sido criados en la iglesia, o que han estado en la iglesia por muchos años, pero aún no son convertidos. En estos dos versos vemos cinco cosas acerca de su condición.

I. Primero, él estaba en el campo.

"Y su hijo mayor estaba en el campo" (Lucas 15:25).

Él no estaba en la casa. Él estaba en el campo. La salvación tomaba lugar en la casa, pero este hermano mayor estaba en el campo. En otra parábola Jesús dijo: "El campo es el mundo" (Mateo 13:38).

El campo representa al mundo. Aunque has estado físicamente en la iglesia por muchos años, en realidad aún estás en el campo. A pesar de tu moral y de tu conocimiento de la Biblia, aún no estás regenerado, aún estás en la misma condición en la que naciste. Estás bajo la influencia de Satanás, el dios de este mundo. Tú solamente estás interesado en las cosas de este mundo - obtener buenas calificaciones, ganar buen dinero, divertirte. Aunque vienes a la iglesia cada Domingo, y lo has hecho por mucho tiempo, tu corazón aún le pertenece al mundo. Esto se ve en tu negligencia de oración privada. Tú vienes a las reuniones exteriores de la iglesia, pero no tienes comunión interior ni compañerismo con Dios.

¿No era así el hijo mayor? Él nunca había físicamente dejado su casa. Pero aún así no estaba cercano a su Padre. Aunque él nunca se había ido de la casa, estaba en desacuerdo de corazón con su padre. Estaba emocionalmente y espiritualmente alejado de su padre, tal como su hermano menor lo había estado.

"Y su hijo mayor estaba en el campo" (Lucas 15:25).

Tú estás tan alejado de Dios, afuera en el campo, tal como una persona que nunca ha entrado a una iglesia evangelística. ¿No es cierto? ¿No es cierto que tú aún estás afuera en el campo? ¿Y qué te pasará si mueres mientras estás afuera en el campo? Oí de un jóven de veinticinco años que murió de un derrame cerebral repentino la semana pasada. Él era amigo cercano de mi sobrino. ¿Qué le sucedería a tu alma si murieras con tu corazón en el campo? ¿Qué bien te haría entonces la asistencia a la iglesia y la lectura Bíblica? Jesús dijo:

"Y en el Hades alzó sus ojos estando en tormentos"
      (Lucas 16:23).

II. Segundo, él llegó cerca de la casa.

"Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa..." (Lucas 15:25).

La "casa" representa la iglesia espiritual,

"la casa de Dios, que es la casa del Dios viviente"
      (I Timoteo 3:15).

Pero fíjate que a pesar de acercarse a la casa, él no entró en ella. El único modo en que alguien puede entrar a "la casa de Dios" es por medio del nuevo nacimiento.

"Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2:47).

Sólo aquellos que eran salvos eran realmente añadidos a la iglesia de Jerusalén.

Tú quizá te preguntes por qué hacemos tan grande cosa acerca de tu necesidad de nacer de nuevo. Quizá pensarás, "¿Qué más quieren? ¡Después de todo, estoy viniendo a la iglesia cada semana!" Pero has confundido venir a la iglesia con ser parte de la iglesia. Entonces quizá dirás, "Bueno, entonces me uniré a la iglesia. ¿Es eso lo que quieren?" No, eso no es lo que queremos. Venir a esta iglesia o aún unirte físicamente a esta iglesia no te salvará. El único modo de entrar a la iglesia espiritual es por nacer de nuevo. Si te quedas inconverso serás otro feligrés perdido. ¿Qué bien te haría eso? Jesús dijo:

"El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"
      (Juan 3:3).

Mientras sigas inconverso seguirás siendo como el Hijo Mayor. Él estaba en el campo. Él solo podía venir "cerca de la casa." Él no podía realmente entrar a la casa a menos que hubiera un cambio básico en su ser interior, sacandolo del campo y haciendolo entrar a la casa espiritual de Dios. A menos que seas convertido, tú siempre estarás afuera mirando hacia adentro. No importa en cuantas "acitividades de iglesia" participes, aún serás extranjero a ella. Tú puedes decir, "¡Yo no quiero estar afuera! ¡Quiero entrar a la iglesia!" Entonces tienes que nacer de nuevo. No hay otro modo de "entrar." ¿Qué te pasaría si murieras como estás - fuera de la familia de Dios - afuera de la verdadera iglesia espiritual? Jesús dijo:

"Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos"
      (Lucas 16:23).

III. Tercero, él oyó la música y las danzas.

"Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas" (Lucas 15:25).

¡Qué retrato es este del feligrés perdido! Él oye la música y las danzas, pero no es parte de ello. Su corazón está afuera en el frío, aunque su cuerpo físico está en el edificio de la iglesia. Él está en la iglesia, pero no es de ella.

Yo creo que está "música y danza" en la parábola simplemente significa "gozo." En la parábola de la oveja perdida leemos:

"Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido" (Lucas 15:6).

En la parábola de la moneda perdida leemos,

"Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido" (Lucas 15:9).

Así que también en esta parábola hay gran gozo y felicidad por un pecador que es convertido.

Nota, primero, que esta no era danza de borrachera como las que vemos hoy. Los judíos aborrecían las borracheras, y sus bailes eran solamente para hombres, como se ve en El Violinista en el Tejado. Ésta simplemente era una gran fiesta felíz, de gran gozo, llena de música alegre - y algunos de los hombres regocijandose por el retorno del hijo perdido, comenzaron el baile tradicional folklórico judío.

Nota, segundamente que el hijo mayor no podía entrar en este gozo. Debo señalar, de nuevo, que él se quedó afuera.

Nunca habrá gozo verdadero en el corazón de un feligrés que permanece perdido, siempre se pregunta, "¿Estoy perdido?" Siempre hay una incertidumbre, "¿Qué me pasará a mi cuando muera?"

"No hay paz para los malos, dijo Jehová" (Isaías 48:22).

Tú oirás la música y las danzas, pero estarás afuera - para siempre. El hijo mayor afuera de la fiesta de gozo, es un triste retrato del hombre perdido - fuera del gozo del Cielo por toda la eternidad. Jesús dijo:

"Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos"
      (Lucas 16:23).

IV. Cuarto, se enojó y no quería entrar.

Mira el verso veintiocho,

"Entonces se enojó, y no quería entrar..." (Lucas 15:28).

Me pregúnto si no habrá algo de eso entre ustedes. Tú has venido a la iglesia por muchos años. Tú has visto gente ir y venir. Tú los has visto profesar ser salvos - y los ves caer. Tú piensas que todo es una fantasía. A veces quizá te preguntarás si en verdad la conversión existe.

Y luego alguien viene y es salvo. Y todos nos gozamos. Pero tú te pones a un lado y piensas, "Ya veremos. Él caerá como los demás. ¿Para qué emocionarnos por eso? Y no harás que yo entre. Yo creo que todo esto es falso." Yo estoy seguro que algunos de los que han estado aquí por años en un estado inconverso aveces piensan así.

Ochenta y ocho por ciento de aquellos criados en la iglesia, a los dieciocho años dejan de asistir, para nunca más volver. Seguramente los jóvenes así tienen enojo e incredulidad - como el Hijo Mayor. ¡Ese hijo mayor no creía para nada en la conversión! Pero mira dónde lo dejó - solo, afuera, lleno de enojo y orgullo - sin esperanza ni felicidad interior en Cristo.

"Entonces se enojó, y no quería entrar..." (Lucas 15:28).

En vez de pensar acerca de los que tuvieron una profesión falsa y se regresaron al pecado, ¿qué tal si pensamos en los que tuvieron conversiones verdaderas y nunca cayeron? ¿Por qué no pensar en mi madre, Cecelia, que tuvo una conversión milagrosa a la edad de 80 años? ¿Por qué no pensar en el Dr. Cagan, que fue convertido del ateismo? La conversión fue total, completa, y muy real en la vida de mi madre y del Dr. Cagan. ¿Si esas fueran las únicas conversiones verdaderas que jamás hubieses visto, cómo puedes negar la realidad de la conversión? Mi madre y el Dr. Cagan nunca volvieron a ser los mismos después de ser convertidos - ¡y tú lo sabes!

"Porque muchos son llamados, y pocos escogidos"
      (Mateo 22:14).

He aquí este pobre tipo, afuera y enojado, ¡Porque no cree en la conversión de su hermano! ¿Qué bien le hizo ser frío y dudoso? ¿En qué le ayudó?

Sin duda él pensó que su hermano era bueno para nada, y que él regresaría al pecado de nuevo. ¿Y qué si lo hacía? ¿Qué si todo el mundo caía? ¿Cómo desaprobaría eso el valor de la conversión? Los pioneros misioneros miraban las cosas de una mejor manera. David Livingstone fue a Africa y sacrificó su vida para convertir a los paganos. Él solo tuvo un "converso" - y ese uno fue reprobado en conversión falsa. ¡Pero eso no detuvo a David Livingstone! Él continuó predicando el evangelio hasta el día que murió. ¡Livingstone creía en la conversión porque la Biblia lo dice - sin importarle si algún ser humano lo creía o no! El Apóstol Pablo dijo:

"¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso" (Romanos 3:3-4).

Yo creo en la conversión porque Jesús lo dijo - en la Biblia. Yo no creo porque algún humano falible lo haya dicho. ¡Yo creo en la conversión porque Jesús lo dijo! Él dijo:

"De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no estraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).

Eso responde la questión de si la conversión es real o no. Jesús lo dijo. Eso es suficiente.

"Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez...Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris..."
      (Hechos 17:32, 34).

No te pares afuera, enojado, sin creer en la conversión. ¡Sé como Dionisio el Areopagita y aquella mujer Dámaris! ¡Asegúrate de que crees en Cristo y eres convertido!

Porque debo advertirte de nuevo, que si te quedas enojado e incrédulo, como el hijo mayor, no habrá esperanza para ti.

"Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos"
      (Lucas 16:23).

V. Quinto, su padre lo llamó para que entrase.

Mira una última vez a Lucas 15:28. Leamos de pie este verso en voz alta.

"Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase" (Lucas 15:28). 

Se pueden sentar.

En esta parábola el padre representa a Dios. Cuando tú no quieres venir a Cristo, el Padre sale y te ruega a entrar. Dios te ruega. Él te implora, te llama a entrar a Cristo y la salvación que Él ofrece.

"Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase"
      (Lucas 15:28).

La palabra Griega traducida "rogaba" es de "parakalĕō." Significa "invitar, llamar para" (Strong). Reinecker señala que la palabra Griega es imperfecta, indicando que "él continuaba rogandole [llamandolo]" (Fritz Reinecker, A Linguistic Key to the Greek New Testament , Zondervan, 1980, p. 188).

"Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase" (Lucas 15:28).

Dios siguió llamando a su hijo mayor para que entrase. Y por años Dios te ha estado llamando a tí a entrar a Cristo. Él nunca ha dejado de amarte. A traves de los años tú has estado en la iglesia, sin creer realmente en la conversión, porque has visto a tantos que "en el tiempo de la prueba se apartan" (Lucas 8:13). Pero aunque hayas sido desanimado y hayas abandonado la creencia en la conversión, ¡el Señor no te ha abandonado a ti! Él sigue llamandote a venir a Cristo. Dios el Padre dice: "Entra, hijo mío." Entra, "que ya todo está preparado" (Lucas 14:17).

"Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17).

Entra a Jesucristo, el Hijo de Dios.

Otros quizá te desilucionarán. Otros quizá sean falsos. Pero Jesús nunca te desilucionará. Él no te dará una promesa falsa. Él está con sus brazos abiertos rogandote que vengas a Él. Él te recibirá con brazos abiertos. Él te salvará de tus pecados, consolará tu corazón, te llenará de gozo, limpiará tu pecado, y convertirá tu alma. Él lo hará. Él prometió que lo haría - y Él no mintió cuando lo prometió, cuando Él dijo:

"Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).

¡Cuán grande amor Él nos ha prometido,
   Prometido a ti y a mí!
Aunque hemos pecado, Él perdón tiene,
   Perdón para ti y para mí.
Venid, venid, si estáis cansado, venid;
   ¡Cuán tiernamente Jesús hoy os llama,
O, pecadores, venid!
    ("Cuán Tiernamente" por Will H. Thompson, 1847-1909).

(FIN DEL SERMÓN)

La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Lucas 15:25-28.

El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:

"Cuán Tiernamente" (por Will H. Thompson, 1847-1909).

EL BOSQUEJO DE

LA PARÁBOLA DEL HIJO MAYOR

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.

 

"Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas...Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase"
   (Lucas 15:25, 28).

   (Romanos 1:21; Isaías 49:6; Hechos 13:47-48; Lucas 15:1-3, 29, 2)

I.   Él estaba en el campo, Lucas 15:25a; Mateo 13:38; Lucas 16:23.

II.  Él llegó cerca de la casa, Lucas 15:25b; I Timoteo 3:15; Hechos 2:47;
Juan 3:3; Lucas 16:23.

III. Él oyó la música y las danzas, Lucas 15:25c; Lucas 15:6, 9; Isaías 48:22;
Lucas 16:23.

IV. Él se enojó y no quería entrar, Lucas 15:28a; Mateo 22:14;
Romanos 3:3-4; Mateo 18:3; Hechos 17:32, 34; Lucas 16:23.

V.  Su padre lo llamó para que entrase, Lucas 15:28b; 8:13; 14:17;
Apocalipsis 22:17; Mateo 11:28.

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