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EL SILENCIO DEL CORDERO

(SERMÓN NÚMERO 8 DE ISAÍAS 53)

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emerito
y dado por Jack Ngann, Pastor
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 17 de Septiembre, 2023

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7; p. 733 Scofield).


Siempre inspira oír las últimas palabras de los mártires Cristianos. Nos alza el corazón oír sus palabras al morir. Policarpio era un predicador a principios del siglo dos. En Español se llama Policarpio, pero en Latín es Polycarpus. Policarpio había sido estudiante del Apóstol Juan. Años despues compareció ante un juez pagano que le dijo: “Ya eres anciano. No es necesario que mueras...Haz juramento y te dejaré ir. ¿Qué tiene de malo decir: “Dios César,” y ofrecer incienso? Solamente tienes que jurar por César y te dejaré ir. Niega a Cristo y vivirás.”

Policarpio le contestó: “Le he servido [a Cristo] ochenta y seis años, y nunca me ha hecho mal. ¿Cómo habré de blasfemar a mi Rey que me salvó?” El juez le dijo: “Entonces te quemaré.” Policarpio contestó: “El fuego con el que amenazas arde solo una hora y se apaga. ¿No conoces el fuego del juicio venidero y el castigo eterno preparado para los impíos [perdidos]? ¿Pero, por qué tardas? Haz lo que quieras.”

Allí mismo el juez envió a un anunciante a la arena a proclamar a voces a la multitud, “¡Policarpio ha confesado ser Cristiano!” “¡Quémenlo vivo!” gritó la multitud de paganos. Prepararon el fuego. El ejecutor se acercó a Policarpio a clavarlo a la estaca. Policarpio dijo calmadamente: “Déjame como estoy. Aquel que me permitirá aguantar el fuego me capacitará a no moverme, aun sin el seguro de los clavos.”

Luego Policarpio alzó su voz en oración, alabando a Dios por haberlo “hallado digno de morir.” El fuego fue encendido y una llama de fuego lo envolvió. Cuando su cuerpo no cayó en las llamas, un ejecutor lo traspasó con una lanza. Así terminó la vida de Policarpio, pastor en Esmirna y estudiante del Apóstol Juan (vea James C. Hefley, Heroes of the Faith, Moody Press, 1963, pp. 12-14).

Spurgeon dijo de “Jane Bouchier, nuestra gloriosa mártir Bautista...cuando fue llevada ante Cranmer y Ridley,” dos obispos de la Iglesia de Inglaterra, que condenaron a la Bautista a ser quemada en una hoguera, y le decían que la hoguera era una muerte fácil. Ella les contestó: “Ciertamente soy tan sierva de Cristo tal como de ustedes, si ustedes matan a su hermana, cuídense, no sea que Dios suelte al lobo de Roma sobre ustedes, y también tengan que sufrir por Dios.” ¡Ella tenía razón, porque ambos hombres también fueron martirizados poco tiempo después! (vea C. H. Spurgeon, “All-Sufficiency Magnified,” The New Park Street Pulpit, tomo VI, pp. 481-482).

Aunque separados por muchos siglos, Policarpio y Jane Bouchier dieron grandes declaraciones de fe al ser quemados en la estaca. ¡Sin embargo el Señor Jesucristo no lo hizo cuando fue amenazado con tortura y muerte! Sí, Él había hablado al sumo sacerdote. Sí, había hablado con el gobernador Romano, Poncio Pilato. Pero cuando llegó la hora de que lo flagelaran casi hasta la muerte y lo clavaran a la Cruz, las palabras del profeta Isaías describen el hecho maravilloso de que ¡Él se quedó callado!

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7).

¡No dijo una sola palabra al ser golpeado! ¡Él no dijo una sola palabra al ser clavado a la Cruz! Veamos nuestro texto y bebamos profundo de él al pensar en tres preguntas y al responderlas.

I. Primero, ¿quién era este hombre llamado Jesús?

¿De quién hablaba el profeta, diciendo,

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca...”? (Isaías 53:7).

¡La Biblia nos dice que Él era el Señor de gloria, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, Dios el Hijo en carne humana! Como dice el credo, “Dios verdadero de Dios verdadero”. ¡Nunca debemos pensar que Jesús es solamente un maestro humano o profeta! Él no nos dio lugar para pensar de Él en tales términos, porque Él dijo,

“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30; p. 1086).

Otra vez Él dijo,

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25; p. 1087).

¡Si algún otro hombre hubiese dicho esas cosas diríamos que estaba endemoniado, halucinando, en delirio, o loco! Pero cuando Jesús dijo que Él y Dios el Padre son uno, y cuando Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” y palabras así, nos detenemos y aun los peores de nosotros nos preguntamos si ¡después de todo Él, no podía estar correcto!

Aunque no siempre estoy de acuerdo con C. S. Lewis, ¿cómo podíamos estar en desacuerdo con su famosa declaración sobre Jesucristo? C. S. Lewis dijo,

Estoy tratando de evitar que alguien diga la tontería que a menudo la gente dice de Él. “Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto que diga ser Dios.” Esa es la cosa que no debemos decir. Un hombre que siendo meramente hombre diga la clase de cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. Sería un lunático – igual que algún hombre que diga ser un huevo tibio – o si no el sería un Diablo del infierno. Tú debes escoger. Este hombre era o es el Hijo de Dios: o es un loco o algo peor. Lo puedes descartar como necio, puedes escupirle y matarlo como demonio, o puedes caer a Sus pies y llamarlo Señor y Dios. Mas no lo condescendamos con eso de que es un gran maestro humano. Él no nos ha dejado la opción. Esa no fue Su intención (traducción literal C. S. Lewis, Ph.D., Mere Christianity, Harper Collins, 2001, pagina 52).

“Tú puedes escupirle y matarlo como demonio, o puedes caer a Sus pies y llamarlo Señor y Dios...Tú debes escoger”, porque Jesús dijo,

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6; p. 1091).

¡Ahí está! No puedes mezclar a Jesús con el Budismo o el Hinduismo o Islamismo, simplemente porque Jesús “No nos ha dejado la opción. Él no quiso.” Cristo no nos dejó otras opciones. Él dijo: “Nadie viene al Padre sino por mí.” Como dijo C. S. Lewis: “Tú puedes escupirle y matarlo...o puedes caer a Sus pies y llamarlo Señor y Dios...Tú debes escoger.” Es uno o el otro. ¡Nadie es verdaderamente neutral en esto! Pueden pretender serlo, pero nunca son neutrales. “Él no nos ha dejado la opción”.

II. Segundo, ¿por qué Jesús no se defendió ante aquellos
que lo torturaban y mataban?

¿Por qué

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca...”? (Isaías 53:7).

El gran científico Albert Einstein, pese a no ser Cristiano, dijo,

Nadie puede leer los [cuatro] Evangelios sin sentir la presencia de Jesús. Su personalidad palpita en cada palabra. Ningún mito está lleno de tal vida (traducción literal Albert Einstein, Ph.D., The Saturday Evening Post, Octubre 26, 1929).

¡Pero cuando lo flagelaron y crucificaron Jesús no dijo nada! ¿Por qué Cristo no se defendió ante aquellos que lo golpeaban y mataban? El filósofo Francés Rousseau, aunque era ateo, extrañamente se acercó a la respuesta de esa pregunta cuando dijo:

Si Sócrates vivió y murió como filósofo, Jesús vivió y murió como Dios (traducción literal de Jean-Jacques Rousseau, filósofo Francés, 1712-1778).

Jesús no se defendió porque Su propósito de venir a la tierra era sufrir y morir en la Cruz. Un año antes de ser crucificado Jesús lo aclaró.

“Desde entonces [en adelante] comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

El comentario de The Applied New Testament Commentary dice:

Pedro recién confesaba que Jesús era el Cristo, el Mesías, el Hijo del Dios vivo [Marcos 8:29]. Mas [Pedro] aun no entendía lo que Cristo vino a hacer en la tierra. Él pensaba igual que los otros Judíos, o sea, que Cristo había venido a ser un rey terrenal. Por eso cuando Jesús le dijo que [Él] debía padecer muchas cosas y...ser matado, Pedro no lo aceptó. Él reprendió a Jesús por decir tal cosa. Jesús también dijo que [Él] resucitaría después de tres días. Jesús no solamente sabía que moriría, sino que Él resucitaría el tercer día. Los discípulos no entendían esto para nada (traducción literal de Thomas Hale, The Applied New Testament Commentary, Kingsway Publications, 1996, pp. 260-261).

Mas nosotros debemos entenderlo. La Biblia dice,

“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”
     (I Timoteo 1:15; p. 1231)

por Su muerte por nuestros pecados en la Cruz, y por Su resurrección, la cual nos da vida. Jesús no se defendió cuando fue flagelado y crucificado porque, como le dijo al Gobernador Pilato, “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37).

III. Tercero, ¿qué nos dice el texto sobre el sufrimiento en silencio de Jesús?

Por favor lea Isaías 53:7 en voz alta.

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7).

“Angustiado él, y afligido.” El Dr. Young dice que se puede traducir, “Él [permitió] ser afligido.” “Siendo afligido sufría voluntariamente...Sin defensa propia ni protesta que saliera de su boca. Uno no puede leer [esta profecía] sin pensar en el cumplimiento, cuando ante el juicio de Pilato el verdadero Siervo no contestó una palabra. ‘Cuando le maldecían, no respondía con maldición’ [Cuando sufría no amenazaba]” (traducción literal de Edward J. Young, Ph.D., The Book of Isaiah, Eerdmans, 1972, tomo 3, pp. 348-349).

“Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho [estaba sorprendido en gran manera]” (Mateo 27:13-14; p. 1001).

“Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba [estaba sorprendido y asombrado]”
     (Marcos 15:3-5; p. 1026).

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7).

Isaías 53:7 Cristo es comparado a un cordero. En el Antiguo Testamento, los hombres llevaban a las ovejas al matadero a ser sacrificio para Dios. Para preparar la oveja para el sacrificio la trasquilaban, cortándole toda la lana. El cordero estaba callado al ser trasquilado. Como la oveja de sacrificio estaba muda al ser trasquilada y matada, “no abrió su boca” (Isaías 53:7).

Juan Bautista comparó a Jesús con un cordero para sacrificio cuando dijo,

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
     (Juan 1:29; p. 1072).

Cuando confías en Jesús por fe, Su sacrificio en la Cruz paga por todo tu pecado, y estás delante de Dios sin culpa alguna. Tu culpa es expiada por Su muerte en la Cruz. Y tus pecados son limpiados por la Sangre que Él derramó allí.

David Brainerd, el misionero famoso a los Indios Americanos, proclamó esta verdad a través de todo su ministerio. Al predicarle a los Indios de América, él dijo: “Yo nunca me aparté de Jesús y de Él crucificado. Me di cuenta de que una vez ellos eran atrapados por este grande...significado del sacrificio de Cristo en nuestro lugar, yo no tenía que darles tantas instrucciones acerca de cambiar su comportamiento” (traducción literal de Paul Lee Tan, Th.D., Encyclopedia of 7,700 Illustrations, Assurance Publishers, 1979, pagina 238).

Yo sé que es cierto hoy también. Tan pronto veas que

“Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras”
     (I Corintios 15:3; p. 1183),

y una vez te entregues al Salvador crucificado y resucitado, tú eres Cristiano. El resto es comparativamente fácil de explicar y de entender. ¡Confía en Cristo por fe y eres salvo!

Al morir, Spurgeon dijo: “Mi teología se halla en cuatro pequeñas palabras – ‘Jesús murió por mí.’ No digo que predicaría solo esto si me volviera a levantar, pero es más que suficiente para morir. ‘Jesús murió por mí’” (Tan, ibid.). ¿Puedes decir eso ? ¿Puedes decir, “Jesús murió por mí”? Si no, ¿te entregarás al Salvador resucitado y confiarás en Él esta tarde? ¿Dirás, “Jesús murió por mí, y yo me entrego a Él y confío en Él para salvación completa por Su Sangre y Su justicia”? Que Dios te dé la fe simple para hacerlo. Amén.

Por favor canten el himno, “And Can It Be?” de Charles Wesley.

¿Cómo es que hallé un interés
     En la Sangre que Jesús virtió?
Por mí Él murió, Yo quien lo hirió,
     ¿Yo quien Su muerte le causó?
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue,
     Que Tú, mi Dios, murieras por mí?
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue,
     Que Tú, mi Dios, murieras por mí?
(Traducción literal de “And Can It Be?” por Charles Wesley, 1707-1788).