Print Sermon

El propósito de este sitio de Internet es proporcionar manuscritos de sermones gratuitos y videos de sermones a pastores y misioneros en todo el mundo, especialmente en el Tercer Mundo, donde hay pocos, si es que hay, seminarios teológicos o escuelas Bíblicas.

Estos manuscritos de sermones y videos ahora van a casi 1,500,000 computadoras en más de 221 países todos los meses en www.sermonsfortheworld.com. Otros cientos miran los videos en YouTube, pero rápidamente dejan YouTube y vienen a nuestro sitio de Internet. Los manuscritos de sermones se dan en 46 idiomas a casi 120,000 computadoras cada mes. Los manuscritos de sermones no tienen derecho de autor, así que los predicadores pueden usarlos sin nuestro permiso. Por favor, oprime aquí para aprender cómo puedes hacer una donación mensual para ayudarnos en esta gran obra de predicar el Evangelio a todo el mundo.

Cuando le escribas a Dr. Hymers, siempre dile en qué país vives o él no te podrá contestar. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net.



EL SUFRIMIENTO DE CRISTO – LO CIERTO Y LO FALSO

(SERMÓN NÚMERO 5 DE ISAÍAS 53)

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emerito
y dado por Jack Ngann, Pastor
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 27 de Agosto, 2023

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4; p. 732 Scofield).


La primera parte de nuestro texto dice que Jesús “llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”. Esta parte del verso fue citada en el Nuevo Testamento, en Mateo 8:17:

“Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17; p. 966).

Mateo 8:17 es una aplicación más que una cita directa de Isaías 53:4. El Dr. Edward J. Young dijo: “La referencia en Mateo 8:17 es apropiada, porque pese a que la figura del ejemplo de enfermedad aquí se refiere al mismo pecado, el verso también incluye la idea de que las consecuencias del pecado son quitadas. La enfermedad es compañera inseparable del pecado” (traducción de Edward J. Young, Ph.D., The Book of Isaiah, William B. Eerdmans Publishing Company, tomo 3, p. 345).

En Mateo 8:17 la expiación se aplica a sanar enfermedad. Pero debemos recordar que es solo una aplicación dada por Mateo, y no es el significado principal dado en nuestro texto. El Profesor “Hengstenberg dice correctamente que el siervo [Cristo] lleva el pecado en sus consecuencias, y entre ellas la enfermedad y el dolor ocupan un lugar principal. Se debe notar que Mateo deliberadamente se desvía de [el Hebreo en Isaías 53:4]...para enfatizar el hecho de que Cristo realmente llevó nuestras enfermedades” (citado en Young, ibíd., página 345, nota al pie 13).

Una lectura cuidadosa de los cuatro Evangelios muestra que Cristo sanó enfermedades como prueba de que Él podía sanar el alma, salvándola en la conversión. Un ejemplo de esto puede ser visto en los diez leprosos que alzaron la voz a Jesús, y decían: “¡Maestro, ten misericordia de nosotros!” (Lucas 17:13). Jesús los envió al Templo a mostrarse a los sacerdotes, y “mientras iban, fueron limpiados” (Lucas 17:14). Ellos fueron físicamente limpiados por Su poder, pero no fueron salvos. Solamente uno de ellos volvió. Él recibió sanamiento espiritual de sus pecados, en la conversión, cuando él volvió a Jesús, “y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias” (Lucas 17:16). Entonces Jesús le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lucas 17:19). Fue allí que él fue sanado espiritualmente así como físicamente. Vemos esto en muchos de los sanamientos milagrosos que Jesús hizo, como cuando le abrió los ojos al ciego en el capítulo nueve de Juan. El hombre fue primero sanado de la ceguera, pero pensaba que Jesús era solamente “un profeta” (Juan 9:17). Después dijo:

“Creo, Señor; y le adoró” (Juan 9:38; p. 1085).

Fue solamente entonces que el hombre fue salvo.

Por lo tanto concluimos que el saneamiento físico es secundario, y que el énfasis principal de Isaías 53:4 es tocante al saneamiento espiritual. El Dr. J. Vernon McGee dijo:

Este pasaje de Isaías declara que somos sanados de nuestras transgresiones e iniquidades [Isaías 53:5]. Me dices tú: “¿Estás seguro?” Yo sé que de eso hablan los versos porque Pedro dice: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (I Pedro 2:24). ¿Sanados de qué? De “pecados”. Pedro lo está declarando muy bien que habla del pecado (McGee, ibíd., pagina 49).

Esta explicación nos lleva de nuevo a nuestro texto:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4).

Este verso se divide naturalmente en dos partes: (1) la verdadera razón por qué Cristo sufrió, dada en la Biblia, y (2) la razón falsa que hombres cegados creen.

I. Primero, la razón verdadera por el sufrimiento de Cristo, dada en las Sagradas Escrituras.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” (Isaías 53:4).

La palabra “ciertamente” introduce el contraste entre la verdadera razón por qué Cristo sufrió y la razón falsa que los hombres cegados creen. “Ciertamente”, entonces es la declaración verdadera, “y,” luego la declaración falsa;

Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores: y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4).

También, las palabras “enfermedades” y “dolores” deben entenderse. La palabra Hebrea para “enfermedades” significa eso, “enfermedades.” Isaías la usa como sinónimo del “pecado” en Isaías 1:5-6. También es sinónimo de “pecado” aquí. Enfermedades aquí se refiere a la pena y enfermedad del pecado. “Dolores” se refiere al “sentir dolor, angustia.” Así que, “la enfermedad” del pecado, y los “dolores, y angustia” que el pecado produce son lo que significa esto – la enfermedad misma del pecado, y su dolor.

Luego nota la palabra “llevó”. Significa “cargar”. Pero “significa más que llevar [o cargar]. La idea es en vez levantar y cargar” (Young, ibid., p. 345). Cristo levanta el pecado que pertenece al hombre, lo alza sobre Sí mismo, y se lleva esos pecados. Como Cristo levantó Su Cruz y la cargó hacia el Calvario, así levanta el pecado de los convertidos y se lo lleva. Eso es lo que el Apóstol Pablo quiso decir cuando dijo de Cristo:

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (I Pedro 2:24; p. 1270).

Como dice el Comentario de Keil y Delitzsch:

El significado no es solo que [Cristo] haya entrado al compañerismo de nuestros sufrimientos, sino que Él llevó sobre Él mismo los sufrimientos que teníamos que llevar y que merecíamos llevar, y por eso no solamente los quitó...sino que los llevó en Su propia persona [Su propio cuerpo], para liberarnos de ellos. Pero cuando una persona lleva sobre sí mismo el sufrimiento que otro hubiera tenido que cargar, y no solamente lo soporta en él sino que toma su [lugar], esto se llama sustitución (traducción de Franz Delitzsch, Th.D., Commentary on the Old Testament in Ten Volumes, William B. Eerdmans Publishing Company, reimpreso en 1973, tomo VII, p. 316).

Cristo llevó nuestros pecados en Su propio cuerpo y se los llevó al monte Calvario, a la Cruz, y allí Él pagó el precio de nuestros pecados. ¡¡¡“Esto se llama sustitución”!!! “Vituperios Aguantó” ¡Cántala!

Vituperios aguantó,
Condenado en vez de mi;
Con Su Sangre me compró;
¡Aleluya! ¡Jesús salva!
     (Traducción libre de “Hallelujah! What a Saviour!”
     por Philip P. Bliss, 1838-1876).

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, [él fue] molido por nuestros pecados” (Isaías 53:5).

“Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (I Corintios 15:3; p. 1183).

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” (Isaías 53:4).

Dr. W. A. Criswell dijo:

La muerte de Cristo en la cruz es el fruto y resultado de nuestros pecados. ¿Quién mató al Señor Jesús? ¿Quién ejecutó al Príncipe de Gloria? ¿Quién lo clavó a la cruz donde Él sufrió y murió? ¿De quién fue la culpa?...Debe decirse que todos tuvimos parte. Mis pecados presionaron sobre Sus sienes aquella corona de espinas. Mis pecados traspasaron los clavos por Sus manos. Mis pecados metieron la lanza en Su corazón. Mis pecados clavaron al Señor Jesús en el madero. Ese es el...significado de la muerte de nuestro Señor (traducción de W. A. Criswell, Ph.D., “The Blood of the Cross,” Messages From My Heart, REL Publications, 1994, páginas 510-511).

“Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (I Corintios 15:3).

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” (Isaías 53:4).

“Vituperios Aguantó” ¡Cántala otra vez!

Vituperios aguantó,
Condenado en vez de mi;
Con Su Sangre me compró;
¡Aleluya! ¡Jesús salva!

Esa es la verdadera razón por el sufrimiento de Cristo – ¡para pagar por tus pecados! ¡Pero la raza humana en su ceguera y rebelión, ha torcido la verdad bella y salvadora de la muerte por sustitución de Cristo, en una mentira! Lo que nos lleva al punto número dos.

II. Segundo, la razón falsa por el sufrimiento de Cristo, dada por hombres cegados.

Mira de nuevo a nuestro texto. Leámoslo juntos en voz alta.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4).

“Y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios, y abatido.” “Nosotros,” los descendientes de Adán. Cegados por Satanás mismo, nosotros fallamos de ver que el sufrimiento de Cristo era vicario, que Él murió en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Nosotros pensábamos que Él era un simple necio, tal vez loco o lunático, o como dijeron los Fariseos, “poseído de algún demonio,” quien trajo Su propio sufrimiento desvariando y delirando contra el orden establecido. Igual que los amigos de Job, nosotros pensamos que Sus propios pecados y necedades trajeron la ira de Dios y el hombre contra Él. Pensábamos que Él, a lo mejor, era un mártir que murió por nada. En alguna hora u otra, la mayoría de nosotros pensamos que Jesús era un poco radical. La mayoría de nosotros tuvimos la idea de que Él provocú a los líderes religiosos y trajo su propia muerte.

¿Azotado? ¡Sí, sabíamos que fue azotado! ¿Herido? ¡Sí, sabíamos que era herido! ¿Abatido? ¡Sí, también sabíamos eso! Sabíamos que fue abofeteado con los puños. Sabíamos que fue azotado con látigo. ¡Sabíamos que fue clavado a una cruz! ¡Casi todos saben de esos hechos! Pero los representamos mal. Las interpretamos mal. ¡No nos dábamos cuenta de que fueron nuestras enfermedades que Él llevó, nuestros dolores los que Él sufrió! Cuando en nuestra mente lo vimos clavado a la Cruz, pensábamos que era castigado por Sus propios pecados y necedades y errores.

“¡Pero no! Fue por nuestras iniquidades, nuestras transgresiones, y para que nosotros pudiésemos tener paz [con Dios], y para que nosotros pudiésemos ser sanados [del pecado]. Lo cierto es que fuimos nosotros los que nos descarriamos y caminamos en nuestra propia voluntad, y [Dios] puso nuestros pecados sobre Él, el sustituto sin pecado” (traducción de William MacDonald, Believer’s Bible Commentary, Thomas Nelson Publishers, 1995, p. 979).

Por nuestra culpa nos dio paz,
De nuestro cautiverio nos soltó,
Y con Sus llagas, y con Sus llagas,
Y con Sus llagas son sanadas nuestras almas.
     (Traducción de “He Was Wounded”
     por Thomas O. Chisholm, 1866-1960)

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4).

¿Ha sido eso cierto de ti? ¿Has pensado que Jesús murió en la Cruz por alguna otra razón aparte de llevar tus pecados? Entonces, sabiendo ahora que Cristo murió en tu lugar para quitar la pena de tus pecados, ¿confiarás en Él en fe simple? ¿Confiarás en el Hijo de Dios y serás justificado y lavado de todo pecado por Su preciosa Sangre?

Te pido que quites de tu mente toda idea falsa que tuviste sobre Su sufrimiento y muerte. Él murió para pagar la pena de tu pecado. Él ha resucitado de los muertos. Él está sentado ahora a la diestra de Dios en el Cielo. Te pido que confíes en Él y seas salvo de tus pecados.

Pero no es suficiente saber estas cosas sobre Jesús. Tú puedes saber todos estos hechos sobre Su muerte y aun no ser un Cristiano. Tú puedes saber la verdad sobre la muerte vicaria de Cristo en la Cruz, tú puedes saber que Él murió en el lugar del pecador y aun estar inconverso. Tú tienes que confiar en Jesucristo, el Señor resucitado. Tú tienes que confiar en Él y someterte a Él. Él es el camino de salvación. Él es la puerta a la vida eterna. Confía en Él ahora, y serás instantáneamente perdonado y salvo de tu pecado.

Por nuestra culpa nos dio paz,
De nuestro cautiverio nos soltó,
Y con Sus llagas, y con Sus llagas,
Y con Sus llagas son sanadas nuestras almas.