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JOSÉ Y SUS HERMANOS

(SERMÓN #74 SOBRE EL LIBRO DE GÉNESIS)

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emerito
y dado por Jack Ngann, Pastor
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 16 de Julio, 2023


No sé cómo alguien pudiera predicar sobre los últimos capítulos de Génesis sin sacar paralelas entre José y Cristo. La comparación es tan obvia que perdérsela es perderse uno de los grandes tesoros de la Biblia.

En el primer Domingo de Resurrección, muy temprano en la mañana, Jesús resucitó de entre los muertos. En la tarde de ese mismo día Él habló con dos Discípulos en camino a Emaús. Más tarde ese día, Jesús se apareció a Sus Discípulos en un aposento alto. Él comió con ellos allí, y cuando había acabado la cena, Jesús les explicó todas las cosas en las Escrituras del Antiguo Testamento que se referían a Él. Cuando Él llegó al Libro de Génesis seguramente se refirió a José, Él seguramente hizo una paralela entre Él Mismo y José, el hijo de Jacob, ¡la figura más parecida a Cristo en la Biblia! Esta tarde enfocaremos nuestra atención en José y sus hermanos. En esa relación, José prefigura a Cristo como el Salvador de los pecadores.

Pero antes de ir allí, daré un esquema de las similitudes de José con Jesús hasta el punto donde él encuentró a sus hermanos. Igual que Jesús, José fue muy amado por su padre. Igual que Jesús, él fue aborrecido por sus hermanos, y fue envidiado por ellos. También, se conspiró contra él, fue insultado, desnudado de sus ropas, y echado en un hoyo, igual que Jesús fue puesto en una tumba. Su túnica fue rociada con sangre y dada a su padre Jacob, igual que la Sangre de Jesús fue presentada a Su Padre en el Cielo.

José fue vendido como esclavo en Egipto, como Jesús fue humillado y enviado al mundo desde un lugar exaltado junto a Su Padre Celestial. Igual que José, Dios estuvo con Jesús cuando Él vino a la tierra, y todo lo que Él hizo prosperó. Igual que José, Jesús fue tentado, y Él no pecó. Igual que José, Jesús fue acusado falsamente, Él no se defendió, fue echado en prisión, padeció severamente, fue contado con los malhechores, fue llevado de la prisión a la tumba por la mano de Dios, fue exaltado a la posición más alta de todo el mundo, tenía treinta años cuando comenzó la obra de Su vida, se volvió el Salvador de toda la gente, tenía los recursos ilimitados para suplir las necesidades de todos. ¡Qué retrato presentó José por adelantado del Señor Jesucristo! Pero ahora nos enfocaremos en la relación de José con sus hermanos – como un retrato de la relación de Jesús con los pecadores. Al hacerlo, me apoyaré ampliamente en los escritos del Dr. I. M. Haldeman, pastor de largo tiempo de la Primera Iglesia Bautista de la Ciudad de Nueva York. He aquí varias paralelas entre José y sus, hermanos y Jesús y los pecadores.

1. Primero, los hermanos de José vivían en una tierra donde no había [trigo].

Por favor voltea a Génesis 42:5,

“Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán” (Génesis 42:5; p. 56 Scofield).

En la tierra de ellos no había nada para mantenerlos vivos. Continuar ahí significaba la muerte. Así que Israel le dijo a sus hijos que fueran a Egipto y compraran alimentos allí, “para que podamos vivir, y no muramos” (Génesis 42:2). Igualmente, todos los pecadores viven en este mundo que tiene hambre espiritual, en este mundo donde no hay comida para el alma. Toda persona perdida que halla la salvación primero se da cuenta, al igual que el hijo pródigo, que hay “una gran hambre en [la] provincia” – y allí no hay nada para él sino “las algarrobas que comían los cerdos” (Lucas 15:14, 16). Mientras la persona perdida piense que hay algo en este mundo que pueda satisfacerle y alimentar su alma, no vendrá a Jesús, quien dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35).

2. Segundo, los hermanos de José querían comprar lo que recibieron.

Mira a Génesis 42:3,

“Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto” (Génesis 42:3; p. 56).

La palabra “comprar” aparece cinco veces en los primeros diez versos de este capítulo. Esto muestra que no se pensaban recibir la comida gratis. Esto retrata las mentes de la gente perdida. Ellos piensan que tienen que ganar su salvación con hacer algo para complacer a Dios. Toda persona perdida piensa que puede “comprar” la salvación con hacer algo que complace a Dios. El hijo prodigo dijo: “hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15:19), o sea una persona que trabaja por lo que recibe. A los hombres perdidos les cuesta creer que pueden ser salvos, “sin dinero y sin precio” (Isaías 55:1). A ellos les parece imposible que Jesús los salvará si simplemente creen en Él. Así fue con los hermanos de José – y con todo hombre y mujer perdidos. Pero la Biblia dice: “Nos salvó, por obras de justicia que hubieramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5).

3. Tercero, los hermanos de José necesitaban ser heridos antes de poder ser curados.

Cuando llegaron a su hermano José no lo reconocieron. Le habían vendido como esclavo en Egipto. Ahora tenía la cabeza rapada, sin barba, estaba vestido como un Egipcio, y ahora era el primer ministro de Egipto. Como no sabían que era su hermano, deben haber tenido miedo. Pero aún así, vinieron a él con una actitud de ser hombres justos. Luego José “les habló ásperamente” (Génesis 42:7). Nota por qué él les habló de esa manera a ellos. Ellos dijeron: “somos hombres honrados” (Génesis 42:11). La versión moderna lo traduce “somos hombres honestos”. ¡Claro que ! ¡Hombres honestos de verdad! ¡Pero José sabía la verdad! Él sabía que casi lo habían matado, y le habían mentido a su padre, ¡diciéndole que él estaba muerto! ¡Hombres realmente honestos!

¡Y Jesús sabe todo acerca de ti también! Él sabe todo pecado que hay en tu corazón, y en tu vida. ¡Tú no lo puedes engañar a Él, más que ellos pudieron engañar a José! “Somos hombres honrados”, “somos hombres honestos”. ¡Bueno, eso se les tiene que quitar! Esa es la manera en que Dios comienza Su obra en los pecadores. Él los hiere antes de sanar. Él habla “ásperamente” por la ley. Él le dice a su conciencia, “¡Eres culpable! ¡Eres un pecador! ¡No eres un hombre honrado!”

¿Cómo responden los pecadores a eso? Al principio ellos se justifican a sí mismos. Pero al final se dan cuenta de su pecado. Por favor lean el verso veintiuno en voz alta:

“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia” (Génesis 42:21; p. 56).

Una persona perdida debe darse cuenta de su pecado. Él debe decir: “Soy culpable”. Se le debe hacer consciente de que no es un hombre honrado, no es hombre honesto – ¡que es un pecador! Es por eso que el Espíritu Santo te convicta de pecado. Tú tienes que ser herido antes de que puedas ser sanado. Tú tienes que tener al menos alguna convicción de pecado – ¡o Jesús no te parecerá necesario!

He tenido varias personas en el cuarto de consejo que me han dicho que no tienen suficiente convicción de pecado para ser salvos. Ese es un error muy común. Joseph Hart respondió muy bien:

“No esperes mejorarte,
     O jamás vendrás a él”
     (traducción libre de “Come, Ye Sinners” por Joseph Hart, 1712-1768).

Si esperas hasta mejorar, o hasta tener más convicción – ¡tú jamás vendrás a Él! Toda la convicción que necesitas es la convicción de que solamente Jesús puede salvarte de tu pecado. ¡Si estás convicto lo suficiente para sentir tu necesidad de Jesús, tú puedes venir a Él ahora mismo, esta tarde! ¡Pero si piensas que eres suficientemente bueno tal como estás, perecerás sin nunca ser salvo!

4. Cuarto, los hermanos de José fueron echados en la cárcel por un tiempo.

No puedo entrar en todos los detalles de la historia. Vas a tener que llevar a casa la copia impresa de este sermón y completar la historia leyendo los pasajes en tu Biblia. Es suficiente decir que José continuó tratándolos ásperamente para hacerles ver su propia maldad. Recuerda, ellos todavía no sabían que él era su hermano. Mira el versículo diecisiete:

“Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días”
     (Génesis 42:17; p. 56).

Esto es lo que merecían. A veces Dios lidia así con la gente perdida, dejándolos en prisión hasta que se den cuenta de que no merecen nada sino solo castigo. Con este trato se les hace ver cuán maravilloso es ser perdonado por Cristo. Así, ellos fueron humillados antes de ser exaltados. John Newton dijo:

La gracia me enseñó a temer,
     Mis dudas ahuyentó.
(Traduccion de “Amazing Grace” por John Newton, 1725-1807).

¡El viejo Newton sabía como se sentía ser echado en la carcel, temiendo antes de hayar liberacion en Jesús!

5. Quinto, los hermanos de José aprendieron que la liberación es por gracia.

Después de haber estado en la cárcel por tres días, José los soltó. En Génesis 42:25 leemos: “Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino”. ¡Esta es una ilustración maravillosa del hecho que la salvación es gratis! La Biblia dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9).

Al estudiar estos puntos del Dr. Haldeman, me di cuenta de que experiencias como estas no serían entendidas por muchos evangélicos modernos. ¡Por la prevalencia del “decisionismo” hoy, generalmente a la persona perdida se le diría que dijera una rápida “oración de pecador” y se le diría que ya está salva! ¡El Dr. Haldeman daba la manera antigua en que los evangélicos pensaban sobre la conversión, y estoy convencido de que la manera antigua era la mejor manera! (Vea Iain H. Murray, The Old Evangelicalism, The Banner of Truth Trust, 2005).

¡Solamente cuando un pecador perdido siente la convicción de pecado la salvación por la gracia gratuita de Dios le parecerá importante! Los evangélicos antiguos podían gritar: “¡Sublime gracia, que salvó – a un vil ser como yo!” O “¡La gracia es un dulce sonido!” O:

Gracia de Dios,
     La cual perdona y limpiara;
Gracia de Dios,
     La cual supera todo el pecar.
(Traducción libre de “Grace Greater Than Our Sin”
     por Julia H. Johnston, 1849-1919).

¡Pero los evangélicos raramente claman así hoy! De hecho he leído acerca de evangélicos modernos que han dicho: “¿Qué es tan asombroso acerca de la gracia?” ¡Qué triste! La convicción de pecado y salvación en Cristo sólo puede venir por la gracia de Dios. El pecador no puede hacer nada para salvarse a sí mismo. Jesús tiene que hacer toda la salvación. ¡Al pecador sólo se le dice que se arrepienta y confíe en Jesús!

Los hermanos de José no pagaron nada. ¡La salvación no puede ser comprada! Igual que Jesús, José les devolvió su dinero y los perdonó, “sin dinero y sin precio”, ¡como lo puso Isaías! (Isaías 55:1).

6. Sexto, ¡los hermanos de José se dieron cuenta de que no podían
“justificarse” a sí mismos!

Voltea a Génesis 44:16. Ellos habían estado ante la presencia de José sin conocerlo. Ahora iban de camino con la comida que él les había dado. José envió a su mayordomo tras ellos para que los trajese de regreso. El mayordomo de José es un tipo del Espíritu Santo. Así el Espíritu Santo trae al pecador convictado de regreso a la presencia de Cristo. Ahora mira el capitulo 44, versículo 16,

“Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos…” (Génesis 44:16; p. 59).

Antes habían dicho que eran “hombres honrados”. ¡Ahora no sabían qué decir! Dios había descubierto su pecado, ¡y ellos ya no podían “justificarse” a sí mismos! ¡Solamente cuando el pecador perdido siente que está arruinado, y no puede “justificarse” a si mismo ante la vista de Dios, Cristo será visto como su única esperanza! Y eso nos lleva al séptimo punto.

7. Séptimo, José se dio a conocer a sus hermanos.

Por favor lea capitulo 45, versículo 1:

“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos” (Génesis 45:1; p. 59).

Nota que a todo hombre, excepto a sus hermanos, se les dijo que salieran del cuarto. Esto muestra que nadie puede ir contigo cuando vienes a Cristo. Tú tienes que ir a Él solo. Cuando estuvieron solos, José se dio a conocer a ellos.

Ahora lee Génesis 45:15 y 16 en voz alta:

“Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él. Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos”
     (Génesis 45:15-16; p. 60).

¡Todos se regocijaron! José se regocijó. Sus hermanos se regocijaron. Faraón se regocijó. Sus siervos se regocijaron. ¡Eso es lo que sucede cuando Jesús se da a conocer a un pecador! Jesús dijo:

“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10; p. 1055).

¡Esta es la parábola del hijo prodigo, como se da en el Antiguo Testamento! ¡Sí! ¡Sí! ¡Esta es la historia del hijo pródigo en el Libro de Génesis! ¡Los pecadores son recibidos y reconciliados por nuestro José – que es Jesús! ¡El perdido es hallado! ¡Hay vida de entre los muertos!

Oramos que esta tarde alguien aquí, o alguien mirando por el Internet, venga a Jesús y confíe en Él. ¡Confía en Jesús como los hermanos pecaminosos confiaron en José! Jesús perdonará tu pecado. Jesús limpiara tu pecado con Su Sangre preciosa. Jesús salvará tu alma por toda la eternidad. ¡Como oramos que confíes en el Salvador esta noche! ¡Cómo oramos que Jesús se de a conocer a ti!

¡Haz lo que quieras de mi, Señor!
     Tú el alfarero, yo el barro soy.
Dócil y humilde anhelo ser,
     Cúmplase siempre en mí Tu querer.

¡Haz lo que quieras de mi, Señor!
     Mírame y prueba mi corazón.
Lávame y quita toda maldad,
     Para que Tuyo sea en verdad.
     (Traducción libre de “Have Thine Own Way, Lord!”
     por Adelaide A. Pollard, 1862-1934).