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“EL MÉTODO DE GRACIA” POR GEORGE WHITEFIELD,
CONDENSADO Y ADAPTADO AL ESPAÑOL MODERNO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado por el Sr. John Samuel Cagan
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 8 de Enero del 2017

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).


Introducción: George Whitefield nació en 1714, en Gloucester, Inglaterra. El era hijo del dueño de una taberna. En dicho ambiente tuvo muy poca influencia Cristiana cuando niño, pero tenía habilidades admirables en la escuela. El asistió a la Universidad de Oxford donde se hizo amigo de John y Charles Wesley, y se hizo parte del grupo de oración y estudio Bíblico de ellos.

Experimentó la conversión cuando era estudiante en Oxford. Poco después fue ordenado en la iglesia de Inglaterra. La predicación de él sobre la necesidad absoluta del nuevo nacimiento tuvo como resultado que se le cerraran las puertas de las iglesias, ya que pastores carnales temían que los sermones de él tocante a la necesidad del nuevo nacimiento enojaran a sus feligreses. Así, él fue forzado a salir de las iglesias, a predicar en campos al aire libre, por lo cual él se volvió famoso.

Whitefield viajó a América en 1738 y fundó un orfanatorio. Después viajaba por todas las colonias de América y en Inglaterra predicando y recogiendo fondos para mantener a los huérfanos. El predicó en España, Holanda, Alemania, Francia, Inglaterra, Gales, y en Escocia, e hizo trece viajes atravesando el Atlántico para predicar en América.

El era amigo cercano de Benjamín Franklin, de Jonathan Edwards y de John Wesley, y fue uno de los que convencieron a John Wesley a predicar al aire libre, como él lo hacía. Benjamín Franklin una vez calculó que la audiencia a la que Whitefield predicaba era de treinta mil personas. Estas reuniones al aire libre a menudo sobrepasaban audiencias de 25,000 personas. ¡Él le predicó a una multitud de 100,000 una vez en Glasgow, Escocia – en una época cuando los micrófonos todavía no existían! Diez mil profesaron ser convertidos en aquella reunión.

Muchos historiadores consideran que fue el más grande evangelista de habla Inglesa de todos los tiempos. Pese a que Billy Graham le haya hablado a más gente con la ayuda de micrófonos electrónicos, el impacto que Whitefield tuvo en la cultura fue indudablemente más grande.

Whitefield era la figura prominente del Primer Gran Despertamiento, el avivamiento intenso que formó el carácter de América a mediados del siglo 18. Cuando él predicó, las colonias de nuestra nación se encendieron en llamaradas de avivamiento. La cúspide de este avivamiento llegó en 1740 durante una gira de seis semanas que Whitefield hizo en Nueva Inglaterra. En solamente cuarenta y cinco días él predicó más de ciento setenta y cinco sermones a decenas de miles de personas, dejando a la región en un alzamiento espiritual, marcando uno de los períodos más destacados de la Cristiandad Americana.

A la hora de su muerte él ya había ganado la admiración y la atención del mundo de habla Inglesa. El fue instrumental en la fundación de las Universidades de Princeton, Dartmouth, y Pennsylvania. Él falleció poco tiempo después de predicar en Newburyport, Massachusetts, en 1770, seis años antes de la Revolución Americana. George Washington fue el padre de nuestro país, pero George Whitefield fue su abuelo.

El siguiente sermón de Whitefield está dado en Inglés y traducido al Español moderno. Es su sermón, pero he modificado las palabras para hacerlo más fácil de entender en nuestro día.

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

Sermón: La bendición más grande que Dios le pueda enviar a una nación es predicadores buenos y fieles. Pero la maldición más grande que Dios le pueda enviar a cualquier nación es dejar que las iglesias sean guiadas por predicadores perdidos que solamente están preocupados con hacer dinero. Pero en cada era ha habido predicadores falsos que dan sermones suavizantes. Hay muchos ministros así que corrompen y tuercen la Biblia para engañar a la gente.

Así era en el día de Jeremías. Y Jeremías hablaba en contra de ellos en obediencia a Dios. El abría su boca y predicaba contra estos predicadores carnales. Si lees su libro, verás que nadie más hablaba más fuertemente contra los falsos predicadores que Jeremías. El habló severamente contra ellos en el capítulo que contiene nuestro texto:

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

Jeremías dice que ellos solamente predican por dinero. En el verso trece, Jeremías dice,

“Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores” (Jeremías 6:13).

Son codiciosos y predican falsamente.

En nuestro texto, Jeremías muestra una de las maneras en que ellos predican falsamente. El profeta muestra el modo engañoso en que ellos tratan con las almas perdidas.

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

Dios tuvo que decirle a Jeremías que le advirtiera a la gente de una guerra que vendría. Dios quería que él le dijera a ellos que sus casas serían destruidas – que la guerra vendría (Jeremías 6:11-12).

Jeremías dio un mensaje fuerte. Debería haber aterrorizado a mucha gente y llevarlos al punto del arrepentimiento. Pero los profetas carnales y los sacerdotes andaban dándole falso consuelo a la gente. Ellos dijeron que Jeremías era solamente un fanático loco. Ellos dijeron que no habría guerra. Ellos le dijeron a la gente que habría paz, cuando Jeremías había dicho que no habría paz.

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

Las palabras del texto se refieren primeramente a la paz externa. Pero tienen referencia también al alma. También creo que se refieren a los falsos predicadores que le dicen a la gente que es buena lo suficiente, aunque no son renacidas. A la gente no convertida le encanta este tipo de predicación. El corazón humano es tan malo y engañoso. Dios sabe cuán traicionero es el corazón del hombre.

¡Muchos de ustedes dicen tener paz en su corazón, cuando no hay paz verdadera! Muchos de ustedes piensan que son Cristianos, pero no lo son. El Diablo es quién te ha dado una esperanza falsa. Dios no te ha dado esa “paz.” No es la paz que sobrepasa el entendimiento humano. La paz que tienes es una paz falsa.

Es muy importante que sepas si tienes paz verdadera o no. Todos quieren paz. La paz es una gran bendición. Por eso debo decirte cómo hallar la paz verdadera con Dios. Tengo que ser libre de tu sangre. Debo declararte el consejo entero de Dios. Por las palabras del texto trataré de mostrarte lo que te debe suceder, y lo que debe cambiar dentro de ti para que tengas la paz verdadera en tu corazón.

I. Primero, antes de poder tener paz con Dios, se te debe hacer ver, sentir, llorar y tener pesar por tus verdaderos pecados contra la ley de Dios.

La Biblia dice: “el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4). Toda persona que no continúa en hacer todas las cosas escritas en la ley de Dios, está maldita.

Tú no debes hacer solamente algunas cosas, sino que todas las cosas o serás maldito:

“Pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10).

Quebrantar cualquier ley de Dios, ya sea en pensamiento o palabra o acción, te hace merecedor del castigo eterno, según la ley de Dios. Y si un solo mal pensamiento si una mala palabra, si una acción mala merece la condenación eterna, ¿cómo puedes tú escapar del Infierno?

Antes de que puedas tener la paz verdadera con Dios, se te tiene que hacer ver cuán terrible cosa es cometer pecados contra la ley de Dios.

Examina tu corazón. Y déjame preguntarte – ¿ha habido alguna vez cuando recordar tus pecados te era doloroso? ¿Ha habido alguna vez cuando el peso de tus pecados era insoportable? ¿Has visto alguna vez que la ira de Dios podría correctamente caer sobre ti, por tus verdaderas transgresiones de Sus leyes? ¿Has estado alguna vez interiormente entristecido por tus pecados? ¿Podrías decir, “Mi pecado es demasiado pesado para tenerlo encima?” ¿Has experimentado alguna vez algo así? ¡Si no, no te llames Cristiano! Puedes decir que tienes paz, pero no hay paz verdadera para tí. ¡Que el Señor te despierte! ¡Que el Señor te convierta!

II. Segundo, antes de poder tener paz con Dios, la convicción debe ser más profunda; y debes ser convencido de tu propia naturaleza pecaminosa, de la depravación total de tu alma.

Tienes que estar convencido de tus pecados reales. Tienes que temblar por ellos. Pero la convicción debe ser más profunda que eso. Tienes que ser convencido de que realmente quebrantaste las leyes de Dios. Más que eso, debes sentir tu propio pecado original, innato en tu corazón, el cual te mandará al Infierno.

Mucha gente que se piensa inteligente dice que no hay tal cosa del pecado original. Creen que Dios es injusto al enviarlos al Infierno porque han heredado el pecado de Adán. Dicen que no han nacido en pecado. Dicen que no necesitas ser renacido. Pero mira al mundo a tu alrededor. ¿Es el paraíso que Dios le prometió a la humanidad? ¡No! ¡En el mundo todo está fuera de orden! Es porque hay algo malo con la raza humana. Es el pecado original que ha arruinado al mundo.

No importa cuánto lo niegues, cuando seas despertado, verás que el pecado en tu vida viene de tu propio corazón depravado – un corazón envenenado por el pecado original.

Cuando la persona no convertida es despertada al principio, empieza a preguntarse “¿Cómo me hice tan malo?” El Espíritu de Dios entonces le muestra que no tiene nada bueno en su naturaleza. Entonces ve que es completamente pecaminoso. Entonces la persona finalmente llega a ver que Dios tendría razón en condenarlo. Ve que está tan envenenado y rebelde en su propia naturaleza que sería lo correcto que Dios lo condenara, aun si no hubiera cometido un pecado exterior en su vida entera.

¿Has experimentado esto alguna vez? ¿Sentiste esto alguna vez – que sería lo correcto y lo justo que Dios te condenara? ¿Estuviste de acuerdo alguna vez en que por tu misma naturaleza eres un hijo de la ira? (Efesios 2:3).

Si alguna vez fuiste verdaderamente renacido, habrías sentido esto. Y si jamás has sentido el peso del pecado original, ¡no te proclames Cristiano! El pecado original es el peso más grande de un converso verdadero. El hombre que es realmente renacido está entristecido por su pecado original y por su naturaleza envenenada. Una persona verdaderamente convertida a menudo clama, “¡Oh! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte de la corrupción de mi corazón?” (ver Romanos 7:24). Esto es lo que más le molesta a la persona despierta – su corazón de pecado. Si tú nunca has estado consiente de esta corrupción interior en tu naturaleza, no hay modo que puedas hallar paz verdadera en tu corazón.

III. Tercero, antes de poder tener paz verdadera con Dios, tú tienes que ser atribulado no solamente por los pecados en tu vida, y los pecados en tu naturaleza, sino también por los pecados en tus mejores decisiones, cometidos y tu supuesta “vida Cristiana”.

Amigo, ¿qué hay en tu religión que te aprobará delante de Dios? Estás injustificado, no convertido por tu propia naturaleza. Te mereces ser condenado en el Infierno diez veces por tus pecados externos. ¿Qué bien te harán tus creencias religiosas? No puedes hacer nada bueno si no eres convertido.

“Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8).

Es imposible que una persona no convertida haga algo para la gloria de Dios.

Aun después de que somos convertidos, somos renovados solamente en parte. El pecado interno continúa en nosotros. Todavía hay una mezcla de corrupción en cada una de nuestras tareas. Así que después de ser convertidos, si Jesucristo nos aceptara según nuestras “buenas” obras, nuestras obras nos condenarían. Ni siquiera podemos orar sin que haya algo de pecado allí, algún egoísmo, pereza, imperfección moral de alguna clase. No sé lo que pienses, pero yo no puedo orar sin pecar. No puedo predicarte sin pecar. No puedo hacer nada sin pecado. Mi arrepentimiento necesita arrepentimiento, y mis lágrimas necesitan ser lavadas en la Sangre preciosa de mi amado Redentor, ¡Jesucristo!

Nuestras mejores resoluciones, nuestras mejores tareas, nuestra mejor religión, nuestras mejores decisiones, son solamente muchos pecados. Nuestras tareas religiosas están llenas de pecados. Antes de tener paz en tu corazón tienes que estar harto no solamente de tu pecado original y de tus pecados exteriores, sino que debes estar harto de tus propias justicias, tareas y religiosidad. Tiene que haber una convicción profunda antes de que puedas ser sacado de tu justicia propia. Y si nunca has sentido que no tienes justicia propia, no puedes ser salvo por Jesucristo. Todavía no eres convertido.

Alguien puede decir, “Bueno, yo creo todo eso”. Pero hay una gran diferencia entre “creer” y “sentir”. ¿Alguna vez sentiste tu falta de Jesús? ¿Sentiste alguna vez tu necesidad por Jesús porque no tienes bondad propia? Y puedes decir ahora, “Señor, me puedes condenar por las mejores obras religiosas que yo haga”. Si no has sido sacado de ti mismo de esta manera, no puede haber paz verdadera con Dios.

IV. Cuarto, antes de poder tener paz con Dios, hay un pecado en particular que debe atribularte mucho. Pero me temo que pocos de ustedes pensarán en ello. Es el pecado que más condena en el mundo, mas el mundo no lo considera un pecado. Tú preguntas, “¿Cuál es ese pecado?” Es el pecado del cual la mayoría de ustedes no piensan ser culpables – y es el pecado de la incredulidad.

Antes de que puedas tener paz, tienes que ser atribulado por la incredulidad en tu corazón, que en realidad no crees en el Señor Jesucristo.

Apelo a tu propio corazón. Me temo que no tienes más fe en Jesús que el Diablo mismo. Creo que el Diablo cree más de la Biblia que tú. Él cree en la divinidad de Jesucristo. Él cree y tiembla. Él tiembla más que miles que se llaman Cristianos.

Tú piensas que crees porque crees la Biblia, o porque asistes a la iglesia. Puedes hacer todo esto sin fe verdadera en Jesús. Meramente creer que hubo una persona, Jesús, no te hará ningún bien, como creer que hubo un Cesar o un Alejandro Magno. La Biblia es la Palabra de Dios. Le damos gracias a Dios por ella. Pero tú la puedes creer sin confiar en el Señor Jesucristo.

Si te preguntara hace cuanto creíste en Jesucristo, muchos de ustedes dirían que siempre han creído en Él. No podrías darme una prueba más grande de que todavía no has creído en Jesucristo. Aquellos que realmente creen en Jesús saben que hubo un tiempo cuando ellos no creían en Él.

Debo hablar más de esto, porque es un gran engaño. Muchos se dejan llevar de ello – pensando que ya han creído. Un hombre dijo que él había listado sus pecados bajo los Diez Mandamientos, y luego fue a un pastor y le preguntó por qué no podía tener paz. El ministro vio su lista y dijo, “¡Fuera! No veo ni una palabra del pecado de incredulidad en toda tu lista”. Es la obra del Espíritu de Dios convencerte de tu incredulidad – de que no tienes fe. Jesucristo dijo respecto al Espíritu Santo,

“Él…convencerá al mundo de pecado…De pecado, por cuanto no creen en mí” (Juan 16:8-9).

Ahora, queridos amigos, ¿te mostró Dios alguna vez que no tenías fe en Jesús? ¿Se te hizo alguna vez entristecerte en dolor por tu corazón duro de incredulidad? ¿Alguna vez oraste, “Señor, ayúdame a confiar en Jesús?” ¿Te convenció Dios alguna vez de tu inhabilidad de venir a Jesús, y hacerte clamar en oración por fe en Jesús? Si no, no hallarás paz en tu corazón. Que Dios te despierte, y te dé paz verdadera por fe en Jesús, antes de que mueras y ya no tengas más oportunidad.

V. Quinto, antes de poder tener paz con Dios, debes confiar completamente
en la justicia de Jesús.

No solamente tienes que ser convencido de tu pecado actual y del pecado original, los pecados de tu justicia propia, y el pecado de incredulidad, sino que también tienes que ser capacitado para confiar en la justicia perfecta del Señor Jesucristo. Tienes que agarrar la justicia de Jesús. Entonces tendrás paz. Jesús dijo:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Este verso anima a todos lo que están trabajados y cargados, pero a nadie más. Mas la promesa del descanso está hecha solamente a aquellos que vienen y creen en Jesucristo. Antes de que puedas tener paz con Dios tienes que ser justificado por fe en nuestro Señor Jesucristo. Debes tener a Jesús Mismo, para que Su justicia se haga tu justicia.

Querido amigo, ¿Estuviste un día casado con Jesús? ¿Se dio alguna vez Jesucristo Mismo a ti? ¿Viniste a Jesús alguna vez por fe viviente? Yo ruego a Dios que Jesús venga y te hable la paz. Debes experimentar estas cosas para ser renacido.

Ahora hablo de las realidades invisibles de otro mundo, de la Cristiandad interior, de la obra de Dios en el corazón del pecador. Ahora hablo de cosas de gran importancia para ti. Debes tener interés por esto. Tu alma está interesada en esto. Tu salvación eterna depende de ello.

Tú puedes sentir paz sin Jesús. El Diablo te ha adormitado y te ha dado una seguridad falsa. El tratará de mantenerte dormido hasta que te mande al Infierno. Allí serás despertado, pero será un despertamiento terrible hallarte en las llamas donde ya es demasiado tarde para ser salvo. En el Infierno toda la eternidad pedirás una gota de agua para refrescar tu lengua, y no se te dará agua.

¡Que no halles descanso para tu alma hasta que descanses en Jesucristo! Mi propósito es traer pecadores perdidos al Salvador. Oh, que Dios te traiga a Jesús. Que el Espíritu Santo te convenza de que eres pecaminoso, y te vuelva de tus caminos malvados a Jesucristo. Amén.


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Oración Antes del Sermón: Sr. Noah Song.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“O Lord, How Vile Am I” (por John Newton , 1725-1807).


EL BOSQUEJO DE

“EL MÉTODO DE GRACIA” POR GEORGE WHITEFIELD,
CONDENSADO Y ADAPTADO AL ESPAÑOL MODERNO

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr.
y predicado por Sr. John Samuel Cagan

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

(Jeremías 6:13)

I.    Primero, antes de poder tener paz con Dios, se te debe hacer ver,
sentir, llorar y tener pesar por tus verdaderos pecados contra la ley
de Dios, Ezequiel 18:4; Gálatas 3:10.

II.   Segundo, antes de tener paz con Dios, la convicción debe
ser más profunda; y debes ser convencido de tu propia naturaleza
pecaminosa, de la depravación total de tu alma, Efesios 2:3;
Romanos 7:24.

III.  Tercero, antes de tener paz con Dios, tú tienes que ser atribulado no
solamente por los pecados en tu vida, y los pecados en tu
naturaleza, sino también por los pecados en tus mejores decisiones,
cometidos y tu supuesta “vida Cristiana,” Romanos 8:8.

IV.  Cuarto, antes de poder tener paz con Dios, debes de estar atribulado
tocante al malvado pecado de incredulidad en Jesús, Juan 16:8, 9.

V.   Quinto, antes de poder tener paz con Dios, debes confiar
completamente en la justicia de Jesús, Mateo 11:28.