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LA CONCIENCIA CAUTERIZADA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, Octubre 16, 2016

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (I Timoteo 4:1-2).


La Biblia enseña que la humanidad llegará a ser cada vez peor en los últimos días. Todas las señales apuntan al hecho de que estamos viviendo en los últimos días en este momento. Escucha una traducción moderna de como es. Cómo actúa la gente en estos días finales de la historia. Dice:

“Ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios… Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús, mientras que esos malvados embaucadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (II Timoteo 3:1-4, 12-13, NVI).

Esta es la horrible condición que todos enfrentamos en los últimos días. Esto es lo que enfrentas en este tiempo de apostasía y pecado. No es de extrañar que la Biblia diga que vivimos en tiempos terribles y peligrosos. No es de extrañar que vivamos en una época de perversión sexual. No es extraño que las películas sean tan horribles, llenas de lujuria, vampiros, y asesinatos sangrientos. Con razón la gente ama el Día de los Muertos y los demonios y la muerte. No es de extrañar que nuestras iglesias estén vacías, mientras que los jóvenes van a las fiestas salvajes, y consumen drogas como la marihuana y el éxtasis. No es de extrañar que se rían de ti si vas a la iglesia todos los Domingos. No es de extrañar que crean que eres raro si vives una vida limpia y oras y lees la Biblia. Y es por eso que la Biblia dice: “En los últimos días vendrán tiempos peligrosos” (II Timoteo 3:1).

Pero ¿cuál es la causa de todo este pecado, confusión y muerte? ¿Por qué nuestros políticos son tan malvados? ¿Por qué las pandillas se reúnen en nuestras calles para disparar a los policías e incendiar edificios? ¿Qué se esconde detrás de las bombas y asesinatos cometidos por terroristas Musulmanes hoy en día? ¿Y por qué tu generación ha dejado nuestras iglesias para vivir vidas egoístas y pecaminosas? La respuesta se da en nuestro texto:

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (I Timoteo 4:1-2).

El Espíritu Santo nos habla de esto “expresamente”. Esto significa que Dios habla muy claramente sobre esto. Él quiere que sepas esta importante verdad. Dios claramente quiere que sepas que en realidad hay demonios. Dios dice que son demonios que seducen [engañadores]. Demonios que te conducen a falsas enseñanzas, “doctrinas de demonios”. Estas falsas enseñanzas provienen de maestros hipócritas. Pueden ser maestros de tu escuela o universidad. Te enseñan la mentira de la evolución. Ellos te dicen que no eres más que un animal. Te enseñan que no hay Dios. Te enseñan que no hay tal cosa como el bien y el mal. Te enseñan que la Biblia está llena de errores. ¡Incluso muchos de tus padres te enseñan estas mentiras! No es de extrañar que nuestras ciudades estén llenas de crimen. No es de extrañar que no sepas qué creer.

Estas personas demoníacas hacen esto porque sus conciencias están “cauterizadas”. Eso significa que sus conciencias están quemadas y cicatrizadas. Sus conciencias han sido quemadas por los demonios hasta que son insensibles. Quemadas y cauterizadas hasta que tu conciencia ya no puede decir la diferencia entre el bien y el mal. Los demonios están ahora en completo control de muchos de ellos, de sus corazones y mentes.

Y el propósito de estos demonios es arruinar tu conciencia también. Ellos quieren controlarte. Y te controlan cauterizando tu conciencia.

Cuando Dios creó al hombre le dio una conciencia. Él puso en el hombre “el soplo de vida”. La palabra Hebrea “neshamah.” El neshamah le dio al hombre dos cosas que ningún animal tiene – primero, la capacidad de conocer a Dios, y segundo, la capacidad de saber el bien y el mal.

¿Has visto la película de Disney “Pinocho”? Pinocho era una marioneta de madera. Pero él quería ser un niño de verdad. Así como marioneta no tenía conciencia. En lugar de una conciencia, tenía un pequeño grillo que le decía lo que era bueno y lo que era malo. Él se metió en un montón de problemas cuando el grillo no estaba allí. Pero cuando se convirtió en un niño de verdad no necesitaba el grillo para guiarlo. Cuando se convirtió en un niño de verdad recibió una conciencia real para poder distinguir el bien del mal.

Todo lo contrario sucedió con el primer hombre, Adán. Cuando Adán pecó, pasó de ser un hombre de verdad a un títere de Satanás. Ahora un demonio había arruinado su conciencia y se convirtió en un títere de Satanás. Cuando Adán pecó su conciencia se cauterizó y ya no funcionaba bien. Hizo excusas cuando Dios lo confrontó por su pecado. En lugar de tener convicción de pecado, trató de esconderse de Dios. Cuando Dios lo encontró, Adam hizo excusas por su pecado en vez de confesar a Dios. Su primer hijo, Caín heredó la conciencia arruinada de su padre. Incluso cuando él mató a su hermano, no sintió convicción de pecado. En vez de confesar su pecado, hizo excusas. En vez de confesar su pecado se hizo cada vez peor. Su conciencia ahora había sido cauterizada por Satanás. “Salió, pues, Caín de delante de Jehová”, y habitó en tierra de Nod, que significa la tierra del “errante”. Él no sentía la necesidad de ser perdonado de su pecado. Él estaba enojado con Dios. Se convirtió en un vagabundo, errante por el mundo hasta que murió y fue al Infierno. Satanás lo tentó. Satanás lo llevó a asesinar a su hermano. Entonces Satanás cauterizó su conciencia – y era demasiado tarde para que él fuera salvo. Cuando Satanás cauteriza tu conciencia a ese punto ya es demasiado tarde para que seas salvo. Nunca te sentirás culpable de nuevo. Tu conciencia estará muerta. Nunca vendrás a Jesús para ser limpiado por Su Sangre. Vas a vagar por la vida hasta que finalmente mueras y vayas al Infierno por toda la eternidad. Eso sucederá a cada uno de ustedes aquí esta mañana si continúas en pecado hasta que se cauterice tu conciencia. Hasta que nunca puedas sentir convicción de pecado. Hasta que no puedas venir a Jesús y ser limpiado por la Sangre que derramó en la Cruz. La persona que no puede sentirse culpable por su pecado no puede ser salvo. Él ha sido abandonado por Dios. Él ha cometido el pecado imperdonable. Él se ha convertido en un esclavo del Diablo como Caín.

Te advierto que no dejes que tu conciencia sea cauterizada por el Diablo. Deja el pecado y ven a Jesús antes de que tu conciencia sea cauterizada para siempre.

Tú naciste con una conciencia deformada. La heredaste de Adán, como lo hizo Caín. De niño cauterizaste más tu conciencia. Cada vez que mentiste a tus padres, la cauterizaste más. Cada vez que robaste algo, la cauterizaste más. Cada vez que hiciste trampa en la escuela, la cauterizaste más. Cada vez que miraste la pornografía y tuviste pensamientos de sexo la cauterizaste más. Finalmente hiciste estas cosas intencionalmente – cauterizando tu conciencia con pecados más grandes. Pecados que nadie conoce. Pecados que harían que tu madre tuviera vergüenza de ti. Tu conciencia se cauterizo más y más, hasta que finalmente cometiste pecados que nunca pensaste llegarías a cometer. Pero ahora disfrutas hacerlos – y ellos no te molestan para nada. Tú sabes cuáles son tus pecados. Yo no tengo que mencionarlos. Tú no te preocupas por ellos más. De hecho te gusta ser un pecador ahora.

Es por eso que algunos de ustedes empiezan a odiar venir a la iglesia. Odias cuando te decimos de tu pecado. Algunos de ustedes me odian por predicar sobre tus pecados. Algunos de ustedes estaban felices cuando me enfermé y ya no podía predicar fuerte. Estabas contento cuando John Cagan y Noah Song comenzaron a predicar en mi lugar. Pensaste que ellos serían menos duros contigo. Pero ahora ves que ellos predican en contra de tus pecados aún más duro que yo. ¡Ahora algunos de ustedes piensan que sólo pueden escapar de la predicación al dejar esta iglesia! Sé quién eres. ¡Y me odias con todo tu corazón! Deseas que yo me hubiera ido. Empiezas a desear que Noah y John se hubieran ido también. Tu conciencia está tan cauterizada que ahora estás planeando irte de esta iglesia. El Diablo te tiene firmemente agarrado. Ha cauterizado tu conciencia. Hubo un momento en que es posible que hayas recurrido a Jesús para ser salvo. ¡Pero ahora algunos de ustedes incluso odian a Jesús! ¡Odias oír el nombre de Jesús!

Oh, ¿cómo puedes odiarle tanto? ¡Él te ama más de lo que nadie te amará! Jesús dejó la gloria del Cielo para venir aquí y sufrir por ti. Su pecado fue colocado en Su alma sin pecado. Él sudó grandes gotas de Sangre en Getsemaní para salvarte. Él se quedó en silencio mientras lo golpearon y le arrancaron la barba y le escupieron para salvarte. Nadie que conoces te ama lo suficiente como para sufrir de esa manera para salvarte y curarte y darte una nueva vida. Jesús te ama. Él te rescatará. Él va a calmar tus miedos y sanará tu alma. Él restaurará tu pobre conciencia quebrantada. Es por eso que Él murió en la Cruz por ti. Clavaron grandes clavos en Sus manos y pies. Él estuvo colgado en la Cruz bajo el sol caliente – hasta que Su lengua estaba tan seca que se pegó al cielo de Su boca.

Jesús no te odia. ¿Cómo podría odiarte? Él vino al mundo porque te ama. Él sufrió el horror indecible de la muerte en la Cruz porque te ama. Jesús siempre te ha amado. Y Jesús te ama ahora.

Mi testimonio es exactamente lo contrario al de John Cagan. Y sin embargo es básicamente lo mismo. John se enorgullecía de sus pecados y disfrutaba causando dolor a las personas. Yo no tenía orgullo de en mi pecado y nunca habría intentado causar dolor a las personas. John se asociaba con los que odiaban a Dios – en otras palabras, los niños de iglesia perdidos. Yo no quería a los niños de iglesia y me mantenía lejos de ellos tanto como fuera posible. John estuvo bajo convicción de pecado durante unas pocas semanas. Yo estuve bajo convicción de pecado durante casi siete años. John quería ser un muchacho malo. Yo quería ser un muchacho bueno. En esos puntos nuestros testimonios son opuestos.

Pero en dos maneras éramos exactamente lo mismo. Ambos tratamos de ser salvos pero no pudimos. John dijo: “Yo no podía llevarme a mismo a Jesús, no pude decidir hacerme Cristiano, y me hizo sentir sin esperanza”. Eso es exactamente lo que yo sentí. John estuvo bajo convicción de pecado durante varias semanas. Yo estuve bajo convicción de pecado por cerca de siete años. John dijo que Dios lo llevó a Jesús, “porque yo nunca habría llegado a Jesús por mí mismo”. Eso es exactamente lo que me pasó a mí también. John estaba tratando de ser malo. Yo estaba tratando de ser bueno. Pero los dos estábamos confiando en nosotros mismos y ninguno de los dos estaba confiando en Jesús.

Yo traté de ser bueno. Dios sabe cuánto traté de ser un buen muchacho. Deje de fumar. Iba a la iglesia cada Domingo por la mañana. Iba a la iglesia cada Domingo por la noche. Deje una vida fácil para convertirme en un pastor. Me rendí a predicar cuando tenía 17 años. Me dieron la licencia como predicador Bautista a los 19 años. Fui a ser misionero en una iglesia China unos meses más tarde. Todos pensaban que era un niño muy bueno. Pero ellos no sabían la verdad sobre mí. Ellos no sabían lo mal que estaba mi corazón. No sabían que yo era un Fariseo como el que Jesús mencionó en Lucas 18 – tratando de ser salvo por ser bueno. Yo era como un niño Chino. Pero no podía ser lo suficiente bueno para detener mi conciencia que me decía que en mi corazón yo era sólo un pecador. Sólo un sucio pecador que no amaba a Jesús. Hasta que una mañana Jesús vino a mí y yo supe que me amaba. Nunca lo supe antes. Pensé que era mejor que los niños de iglesia – pero yo realmente era peor que ellos. Tenía una forma de religión, pero no conocía a Jesús para nada. Y entonces Él vino a mí. Yo nunca habría ido a Él. Yo pensé que era lo suficientemente bueno, aun cuando mi conciencia me dijo que todo era una mentira. Entonces Jesús vino a mí. Ni siquiera le pedí que me salvara. Pero Él lo hizo de todos modos. Él vino a mí y me atrajo hacia Él. Me lavó en Su Sangre preciosa.

Alguien me preguntó: “Pastor, ¿por qué siempre habla de la Sangre de Jesús?” Es muy simple. Su Sangre hizo por mí lo que yo no podía hacer por mí mismo. Él me amó tanto que Él lavó mi alma pecadora con Su propia Sangre.

Jesús te ama también. Él vendrá a ti. Confía en Jesús y tu pecado, tu conciencia tus dudas y tentaciones serán lavados tan blancos como la nieve en Su preciosa Sangre – ¡porque Él te ama!

Nunca me sentí amado por nadie. Yo era un marginado. Mi padre se fue cuando yo tenía dos años. Ya no podría vivir con mi madre cuando yo tenía doce años. Yo vivía con gente que no me quería. Nadie me quería. Eso me convirtió en un Fariseo frío. ¡Yo sería mejor que todos ellos! ¡Yo me iba a hacerme un Cristiano!

¡Pero no pude hacerlo! ¡Traté y traté! Pero no pude hacerlo. Estaba perdido – ¡perdido en la religión! Pero Jesús me amaba. De repente supe que me amaba. Y vino a mí y salvó mi alma con Su Sangre. Si pudo salvar a un hipócrita como yo, Él puede salvar a cualquiera que está aquí esta mañana. Él te ama. El lavará todos tus pecados – los pecados de tu corazón, los pecados de tu vida. Él te ama. Él vendrá a ti. Te lavará con Su Santa Sangre. Sé que lo hará porque te ama. Amén.

Me dice el Salvador, “No tienes fuerza en ti,
   Hay que velar y orar, todo encontrarás en mí”.
Lo pagó Jesús, se lo debo yo.
   Del pecar la mancha en mí Su Sangre me lavó.

Señor, encuentro ya que solo tu poder
   La lepra sanará, y ablandará mi ser.
Lo pagó Jesús, se lo debo yo.
   Del pecar la mancha en mí Su Sangre me lavó.

Nada bueno hay en mí que gane Su favor,
   Mi manto lavaré en la Sangre del Señor.
Lo pagó Jesús, se lo debo yo.
   Del pecar la mancha en mí Su Sangre me lavó.
(Traducción libre de “Jesus Paid It All” por Elvina M. Hall, 1820-1889).


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Mr. Aaron Yancy Antes del Sermón: II Timoteo 3:1-8.
El Solo Cantado por el Sr. Noah Song Antes del Sermón:
“Jesus Paid It All” (por Elvina M. Hall, 1820-1889).