Print Sermon

Estos manuscritos de sermones y videos ahora van a casi 1,500,000 computadoras en más de 215 países todos los meses en www.sermonsfortheworld.com. Otros cientos miran los videos en YouTube, pero rápidamente dejan YouTube y vienen a nuestro sitio de Internet. Los manuscritos de sermones se dan en 36 idiomas a casi 120,000 computadoras cada mes. Los manuscritos de sermones no tienen derecho de autor, así que los predicadores pueden usarlos sin nuestro permiso. Por favor, oprime aquí para aprender cómo puedes hacer una donación mensual para ayudarnos en esta gran obra de predicar el Evangelio a todo el mundo, incluyendo las naciones Musulmanas e Hindúes.

Cuando le escribas a Dr. Hymers, siempre dile en qué país vives o él no te podrá contestar. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net.




LA TREMENDA PROMESA DE JESÚS

por Dr. Kreighton L. Chan

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 2 de Febrero, 2014

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).


El Año Nuevo es un tiempo de emoción. Casi lo podemos sentir en el aire. Es un tiempo de esperanza para un nuevo comienzo. Hacemos las resoluciones de Año Nuevo. Nos comprometemos a nosotros mismos deshacernos de los malos hábitos. Y nos comprometemos a comenzar los buenos. El Año Nuevo Chino sigue un calendario lunar. Se celebra más o menos un mes después del Año Nuevo Occidental. Este Año Nuevo Chino es el “Año del Caballo”. Comenzó oficialmente hace dos días, el Viernes 31 de Enero. Pero es perfectamente adecuado celebrarlo esta noche, debido a que la celebración se extiende 15 días. La diferencia con el Año Nuevo del Occidente es más que cuándo se celebra y por cuánto tiempo. ¡El Año Nuevo Chino toma la festividad a un nivel completamente nuevo! No se limita a una celebración tarde por la noche y hacer una o dos resoluciones de Año Nuevo. No, hay mucho más que eso. ¡Los Chinos quieren que la vida de su familia sea próspera todo el año! Hay mucha tradición y ritual hecho con esto en mente. Un gran énfasis se hace en el último día del año y el primer día del nuevo año. En el último día la casa es barrida por completo utilizando escobas y recogedores. Esto es para quitar la mala suerte del año pasado. Pero estas mismas escobas y recogedores se guardan en el primer día. Esto es para que la “buena suerte” no se vaya. Las deudas se pagan al final del año. Esto es para evitar tener deuda en el Año Nuevo. Las familias se reúnen para comer, y los antepasados son recordados. El color rojo se encuentra en todas partes. El rojo es para alejar los malos espíritus y atraer la buena suerte. Letreros rojos con caracteres Chinos son colgados deseando una larga vida y riqueza. La expresión China “Gung Hay Fat Choi” se dice en repetidas ocasiones a los demás deseándoles buena suerte. Fruta dulce y mandarinas en conserva se comen. Esto es para que el nuevo año también sea “dulce”. “Dinero de la suerte” rojo, o “lai see”, se pasa. Los adultos mayores casados se los dan a los niños y a los jóvenes solteros. Hay que tener cuidado de no hablar nada negativo. Especialmente no hay que mencionar la muerte porque se cree que trae “mala suerte”.

Algunas personas se ríen de estas tradiciones, porque los Chinos son supersticiosos. Puede que sea así, pero el deseo de una vida larga, buena y feliz es un deseo universal de todos nosotros. En nuestros corazones es lo que todos realmente queremos para nosotros mismos y para nuestros seres queridos. La pregunta es cómo lograr esta buena vida. Como todos sabemos, la vida puede ser muy dura, difícil, y puede parecer sin esperanza a veces. Pero la Biblia dice que Dios nunca quiso que el hombre viva una vida difícil. Después de que Dios creó al primer hombre Adán, la Biblia dice:

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

Dios hizo al hombre original perfecto. El hombre fue creado a imagen de Dios. Fue la más alta creación de Dios. Él tenía intelecto. Él era perfectamente moral. Él era virtuoso y noble. Y Adán vivió en un mundo perfecto, y en un ambiente perfecto, en el Huerto del Edén. Adán tenía una salud perfecta, felicidad perfecta, e incluso una esposa perfecta. Él y su esposa iban a vivir de esta manera por siempre. Este era el plan original de Dios para el hombre.

Pero Adán pecó en contra de Dios, y todo cambió trágicamente. La Biblia dice:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

Adam estaba ahora totalmente arruinado a causa del pecado. Su naturaleza moral se arruinó. Él perdió la mayor parte de su virtud y nobleza. Ya no tenía comunión con Dios. Ahora era un pecador en rebelión contra Dios. La vida ahora sería dura. Él ya no iba a vivir para siempre, sino que ahora sufriría dolor, tristeza y muerte. Como descendientes de Adán heredamos su naturaleza pecaminosa y su maldición. Esta gran tragedia y la pérdida de la bendición fue el resultado directo del pecado de Adán. Pero Jesús dijo:

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

I. Primero, Jesús hará un cielo nuevo y una tierra nueva.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:1-2).

Cuando Adán pecó contra Dios, él trajo una maldición sobre toda la raza humana. Y la maldición de Dios se extendió a la tierra. Dios había creado un gran paraíso para el hombre. Pero como resultado del pecado de Adán la tierra fue severamente arruinada. El hombre también ha contaminado los océanos, acabado las selvas tropicales, destruido los ecosistemas, y ha cazado animales hasta que muchas especies se han extinguido. Como resultado, nuestro medio ambiente, el aire que respiramos y los alimentos que comemos están contaminados. La tierra ha perdido mucho de su esplendor y majestad.

Sin embargo, cuando miramos a este mundo, todavía nos maravillamos ante su gran belleza. Si vemos la creación de Dios con el microscopio más fino, a simple vista o un telescopio, nos sorprende lo complejo del diseño de Dios. Y esta maravillosa belleza se mantiene incluso después de que la maldición de Dios cayó sobre ella. ¡Imagínate lo que era antes de que Adán pecara! Oh, la tierra está muy lejos de ser lo que era cuando Dios la creó originalmente para que el hombre la disfrutara. Y Dios no está satisfecho con la condición de Su creación caída. El apóstol Pedro dijo:

“Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego…” (II Pedro 3:7).

Los cielos y la tierra van a ser destruidos por fuego. Jesús Mismo dijo, “El cielo y la tierra pasarán” (Mateo 24:35). Pero Jesús también dijo”

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

Jesús restaurará los cielos y la tierra a su antigua gloria. La creación en sí tiene más sentido espiritual que un hombre perdido que no conoce a Dios. Cuando Jesús entró en Jerusalén en Su entrada triunfal, todas las multitudes lo elogiaron a excepción de los gobernantes religiosos perdidos de ese día. De hecho, estos gobernantes querían que Jesús parara la celebración de la gente. La Biblia dice que,

“El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40).

Aún esas piedras entendieron que Jesús merecía gran honor y gloria. ¡El corazón de estos hombres perdidos estaba más duros que las piedras en la tierra! Jesús dijo:

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

II. Segundo, Jesús hará una nueva vida de gozo sin dolor.

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Nos esforzamos para tener éxito. Tratamos de mantenernos positivos. Pero la vida sigue llena de mucho dolor y poca alegría. Tratamos de ser felices a través de nuestra familia y amigos, nuestros logros, nuestra salud o obteniendo riqueza. Pero pronto nos damos cuenta que éstos no satisfacen nuestras necesidades más profundas. Seguimos vacíos. Podemos trabajar duro para encontrar la paz, la felicidad y el sentido de nuestras vidas. Pero parece más bien un sueño que una realidad. Y en última instancia, somos completamente impotentes para evitar el último enemigo, la muerte. La Biblia dice:

“No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte” (Eclesiastés 8:8).

Incluso los padres que aman a sus hijos se sienten impotentes de hacer algo por ellos. Instruimos a nuestros hijos, los amamos, los cuidamos, y hacemos lo que podemos para protegerlos. Pero no podemos evitar que tengan dolor, miseria, dolor o la muerte. Pero esto no es verdad de Dios, que nos ama con un amor eterno. La Biblia dice:

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas…” (Mateo 7:11).

En el nuevo cielo y la nueva tierra Dios, nuestro Padre Celestial nos dará muchas cosas buenas. La vida se llenará de alegría sin tristeza. Todas las pruebas y tragedias de esta vida se habrán ido. No vamos a envejecer. No vamos a ser débiles o enfermos. No habrá motivo de angustia. No habrá tristeza. Ni dolor de ningún tipo. ¡Y el pueblo de Dios no va a morir! Vamos a vivir en completa alegría y felicidad para siempre. Es demasiado maravilloso para concebirlo. Y así es como Dios originalmente quiso que fuera. La gran ruina provocada por el pecado de Adán será restaurada por Jesús, quien dijo:

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

III. Tercero, Jesús hará una nueva relación entre Dios y los hombres.

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3).

La tremenda promesa de Jesús de hacer nuevas todas las cosas comienza con una nueva relación con Dios. Debemos conocer a Dios personalmente. Debemos tener Su presencia. Debemos convertirnos en Sus hijos. Y sólo Jesús puede hacer que esto suceda. Debe hacernos nuevos. Sin este cambio permanecemos en Adán. Y en Adán sólo existe el pecado, la separación de Dios, la muerte y el juicio. La Biblia dice:

“Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor” (Romanos 5:21).

¿Has visto la ruina que el pecado trae? ¿Has visto cómo el pecado ha dañado tu vida? Sabes que no eres la persona que debes ser. Sabes que no eres realmente una persona perfecta. ¿Alguna vez has lamentado algo que hayas hecho? ¿Tu conciencia te molestaba por eso? Alguna vez has pensado: “¡Cómo quisiera no haber hecho eso!” Si eso es verdad de ti, es un pecado que se queja. Intentas suprimir tu culpabilidad. Intentas pensar que no eres tan malo. Pero en el fondo sabes que tienes el pecado, y que no estás bien con Dios.

¿Sientes que hay verdaderos Cristianos aquí en la iglesia que aman a Dios y te aman a ti? Pero tú no tienes ningún amor a Dios. Y realmente no puedes devolver el amor que los Cristianos te dan. No puedes comprenderlo. Pero sientes que algo está mal con tu corazón. Tal vez has estado pensando que los Cristianos verdaderos parecen tener paz, algo real y algo genuino, que tú no tienes. ¿Está satisfecho con tu vida sin Dios? O tienes sed de ser limpio de tu pecado y tener una nueva vida en Jesús. ¿Alguna vez has deseado tener una mejor vida y ser más feliz? Jesús te puede cambiar. Él puede hacerte nuevo. La Biblia dice:

“De modo que si alguno está en Cristo, [nueva creación] es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (II Corintios 5:17).

Jesús te hace nuevo lavando tus pecados en Su Sangre. ¡También te da un corazón nuevo, una nueva vida en la iglesia, y un nuevo grupo de amigos Cristianos!

El Apóstol Pedro estaba a la espera del día en que Jesús restauraría todas las cosas. Él dijo:

“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (II Pedro 3:13).

Nuestro pastor escuchó al Dr. Charles J. Woodbridge predicar sobre ese verso hace más de 50 años. Dr. Hymers creyó en la promesa de Jesús de restaurar el mundo y traer justicia a su corazón. ¡Él fue atraído a Jesús y fue salvo! Cómo oramos que tú también sientas tu necesidad de Jesús para salvarte. ¡Y qué confíes en Jesús de todo corazón!

Jesús te ama. Él murió en la Cruz para pagar por tus pecados. Fue enterrado. Pero al tercer día resucitó físicamente, carne y hueso, de la tumba. Él ascendió al Cielo y está sentado a la diestra del trono de Dios. Él quiere lavar tus pecados en Su Sangre. Ven a Jesús. Confía en Él. Él te recibirá y te dará una nueva vida en Él. Amén y Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
tú puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com o www.rlhsermons.com.
Haz clic en “Sermones en Español”.

Puedes enviar un correo electrónico a Dr. Hymers en Inglés a
rlhymersjr@sbcglobal.net – o puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Ángeles, CA
90015, Estados Unidos.
Llámale por teléfono a (818)352-0452.

Estos manuscritos de sermones no tienen derechos de autor. Usted puede usarlos
sin el permiso Dr. Hymers. Sin embargo, todos los mensajes de video Dr. Hymers
sí tienen derechos de autor y sólo se pueden utilizar con autorización.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Apocalipsis 21:1-6.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“When Jesus Comes to Reign” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

LA TREMENDA PROMESA DE JESÚS

por Dr. Kreighton L. Chan

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

(Génesis 1:31; Romanos 5:12)

I.   Primero, Jesús hará un cielo nuevo y una tierra nueva, Apocalipsis 21:1-2; II Pedro 3:7; Apocalipsis 21:5; Mateo 24:35; Lucas 19:40.

II.  Segundo, Jesús hará una nueva vida de gozo sin dolor, Apocalipsis 21:4; Eclesiastés 8:8; Mateo 7:11.

III. Tercero, Jesús hará una nueva relación entre Dios y los hombres, Apocalipsis 21:3; Romanos 5:21; II Corintios 5:17; II Pedro 3: 13.